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Junín

Una lucha titánica: el ejemplo de Silvio Carassai

Hace poco más de un año pesaba 370 kilos: la cabeza le hizo el “click” necesario, como él mismo cuenta, y ahora está en 138, en plena recuperación en la clínica Cormillot, tras un paso importantísimo por el HIGA Junín.

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Silvio Carassai tiene 36 años y fue atendido en el Hospital Interzonal “Abraham Piñeyro” desde agosto del año pasado, por presentar un cuadro de obesidad mórbida. Ingresó con 370 kilos y ahora fue derivado a la Clínica Cormillot con 138: allí será sometido a un by pass gástrico para completar el tratamiento y la recuperación.

Su testimonio muestra un camino de enfermedad pero también de fortaleza, esa que pudo mantener tras el “click” que le hizo su cabeza tras entender que se estaba conduciendo a sí mismo a la muerte.

“Siempre sufrí de obesidad, pero nunca la entendí como enfermedad. Era un loco, porque me ponían insulina al ser diabético, y esa noche del 6 de agosto, me puse una corrección porque había comido. A las 3 de la mañana me caí de la cama, sentí que me iba y no pude hacer nada, sentí que me iba sin poder hacer nada, tenía muy baja la glucemia. Hacía dos pasos y me agitaba, pero entre mi enfermedad y mi negación no entraba en razones”, contó.

En ese momento pasó cuatro días internados, y a pesar de todos los profesionales que se acercaron para hablarle, insistió en irse a su casa y ese shock que necesitaba para cambiar de hábitos no llegaba. “Podía apenas caminar, pero podía todavía… pedí un taxi y no pude entrar al auto, así que tuve que volver tirado en la ambulancia”.

UN DÍA CLAVE

“Hasta el 17 de agosto fue un calvario, no quería entender lo que pasaba. Mi familia ahora me recuerdan cosas, pero en ese momento estaba negado a que me debían hasta higienizar porque no podía hacer nada”.

Ese día a la madrugada, Silvio fue al baño, una actividad para la cual siempre tenía ayuda, “pero ese día me levanté y fui solo. Y desde ahí no caminé más, me quedé sentado en el inodoro. Mi hermana pudo entrar porque es muy flaquita, me quería levantar pero pesa 50 kilos y yo estaba en 370. No pudimos porque no me funcionaban las piernas, así que los bomberos debieron sacar la puerta y sacarme entre dos o tres, consiguiendo un arnés para caballos”.
“Ese día tampoco me quise internar, seguía negando, así que me tiraron en mi cama porque saturaba bien. Pero esa noche empecé a entender muchas cosas, así que el martes 18 entré otra vez al Hospital. Cuando veo la historia clínica me doy cuenta que estaba a punto de morirme”, reconoció.

UN LARGO CAMINO
Recién en ese momento empezó el tratamiento que lo llevó hoy a llegar en menos de 140 kilos, trece meses después. “Lo primero que entendí es que sufro una enfermedad crónica y que no tiene cura, porque hay que luchar contra la cabeza y mis ganas de picotear comida. Mi adicción es la comida”, explicó.

Sobre lo que sigue, Silvio resaltó que “ahora estoy en la clínica Cormillot, donde me van a hacer los estudios necesarios ya que me consiguieron poner a cargo de mi mamá en PAMI. Después del papeleo me hacen el by pass gástrico”.

“Mi consejo a los demás es que escuchen, porque todos nos quieren ayudar aunque realmente uno llega al click cuando está al límite. Mis doctores me hablaban, me advertían que llegaría a diálisis porque tenía una fisura en el riñón… así que ojalá piensen y no pasen como yo, que no podía hacer diez pasos. De 18 pastillas, hoy tomo apenas 3”, dijo con orgullo.

UN CAMBIO

Silvio siempre tuvo sobrepeso, “pero más normal”, califica. Por ejemplo “en el 2010 hice un tratamiento, con un peso de 245 kilos, y no me pudieron operar. Pero después no paré más de subir”.

“No hacía nada, no trabajaba, sí algunos amigos de la ARJ de pájaros, siempre salía con mis amigos de la escuela y Martín que es como un hermano, pero por más que había reuniones y me venían a buscar, en los últimos tres años estaba encerrado en casa y no quería salir”, remarcó.

En cuanto al hoy, Silvio dijo que “ahora el cuerpo me responde. Puedo hacer más de cien cuadras, sin sentarme ni agitarme, no lo podía creer porque es algo que no podía hacer desde los 15 años”.

Una historia con final feliz, de esos que hacen tanta falta. El día a día y su inmensa fuerza de voluntad acompañan a Silvio en este proceso que le salvó la vida.

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