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Provinciales

Una denuncia con múltiples consecuencias políticas

Aunque los hechos presuntamente involucrados son muy diferentes entre sí, la Gobernadora se manejó de modo asimilable como lo hizo con María Alejandra Inza, la contadora general de la provincia a la que le pidió la renuncia.

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Escribe Andrés Lavaselli
Agencia DIB

La denuncia por presunto acoso sexual contra el presidente de la cámara de Diputados, Manuel Mosca, que de modo inesperado sacudió el mundillo político bonaerense, tiene consecuencias que van bastante más allá de su –delicada- situación personal: abre un escenario de incertidumbre institucional con potencial para afectar la dinámica de la estratégica disputa electoral en el distrito con mayor cantidad de votantes del país.

Mosca no es un dirigente más: es la mano derecha de María Eugenia Vidal en la Legislatura. Por eso la presentación en su contra, que habría realizado una militante que trabaja en el bloque de Cambiemos del Concejo Deliberante de una ciudad de la costa, tiene consecuencias aún antes de que la Justicia se expida sobre si es culpable de abuso o víctima de un chantaje, como denunció primero uno de sus colaboradores y, luego, él mismo. O sobre si ocurrieron ambas cosas.

La primera de esas derivaciones tiene que ver con el modo en que Cambiemos, tanto a nivel nacional como provincial, procesó internamente la cuestión. Vidal, que fue alertada del caso poco antes de que tomara estado público, buscó alejar cualquier sospecha de protección: se reunió con Mosca y lo indujo a pedir una licencia y su desafuero, algo que, aseguran cerca suyo, el legislador ya tenía decidido hacer.

Aunque los hechos presuntamente involucrados son muy diferentes entre sí, la Gobernadora se manejó de modo asimilable como lo hizo con María Alejandra Inza, la contadora general de la provincia a la que le pidió la renuncia cuando quedó involucrada en el affaire de los aportantes truchos de Cambiemos. Igual que Mosca, Inza era muy cercana a Vidal y en ambos casos, ella conminó a resolver su situación en los tribunales.

El hecho de que la víctima sea una militante de PRO que fue acompañada en su presentación ante la Corte (la denuncia aún no está en la justicia penal) por Laura Alonso, dio pie a otra elucubración que agita la interna oficialista. Esa especulación puede resumirse en una pregunta insidiosa en el marco de las tensiones por el armado electoral de las últimas semanas: ¿hubo, en alguna medida, un mensaje interno cuyo destinatario final es la propia Gobernadora?

La rosca que viene
En Cambiemos confían en que, no sin debate y si llegan a buen puerto febriles negociaciones ya abiertas, la cámara de Diputados aprobará el jueves pedido de licencia que presentó Mosca y, también, su desafuero. La primera medida, a la que se opone el massismo aunque con una postura negociable, se logra con mayoría simple. La segunda es rechazada por el kirchnerismo porque no media aún pedido de un juez y no quiere crear un precedente que afecte a su jefa en el Congreso.

Si aún con esas objeciones el oficialismo consigue, como supone, el número para licenciar a Mosca, dará inicio a un período políticamente complejo. Como está tomada la decisión de no renegociar el curioso acuerdo por el cual se designaron las autoridades de la Cámara a fines de 2017 para no alentar exigencias del massismo, que en aquellos días fue relegado al igual que el kirchnerismo, en los próximos 60 días la presidencia del cuerpo será ejercida por Marisol Merquel.

Se trata de una diputada que sentó allí el intendente de Saavedra, Hugo Corvatta, pero responde en este juego a otro alcalde, Martín Insaurralde, de Lomas de Zamora. Aunque Insaurralde ya le pidió a Merquel un manejo «institucional» de la Cámara, en Cambiemos temen que la cercanía del lomense con Cristina Fernández termine siendo una forma indirecta de darle a ella el control del día a día de un resorte de poder tan importante como ese.

Sin embargo, existe otra posibilidad: la ausencia de algunos intendentes al acto que coronó el paro del moyanismo y las CTA fue leído como una muestra de fastidio por la demora de Cristina en confirmar su candidatura, ejercido por los mismos actores que resisten sordamente la candidatura de Axel Kicillof a la gobernación. En ese contexto, Insaurralde tendría un incentivo suplementario para acordar con Vidal el manejo de la Cámara.

Con Massa, que tenía buen diálogo con Mosca, excluido en principio de ese juego (lo que lo perjudica en la carrera por liderar el peronismo bonaerense) el temor en el oficialismo es que aparezcan más denuncias. Es que en ese caso, la ausencia del presidente de la Cámara podría prolongarse incluso más allá momento de presentación de las listas. Esas dos eventualidades combinadas serían un insumo de campaña para la oposición. Sobre todo para el kirchnerismo, que hasta ahora mantiene bajo perfil acaso inducido por la mala conciencia que provoca el caso del senador Jorge Romero, jefe camporista bonaerense, acusado como Mosca de acoso, pero aún en su cargo.

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