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Una agente penitenciaria denunció que fue violada en la cárcel de Coronda

La supuesta víctima dijo que en ese momento fue amenazada con hacerle «algo» a su familia, cuando les dijo a los agresores que los iba a denunciar.

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Una agente penitenciaria denunció que fue golpeada y violada por dos superiores en la Cárcel de Coronda, en la provincia de Santa Fe, donde finalmente fue despedida.

La mujer, de 39 años, afirmó que el ultraje se produjo en 2017 en una precaria garita a la que había sido asignada en aparente represalia por haber pedido licencia psiquiátrica.

Los dos oficiales que la violaron, siempre según la presentación cuyos detalles fueron publicados por Rosario 12, eran quienes dirigían ese momento el establecimiento.

La supuesta víctima dijo que en ese momento fue amenazada con hacerle «algo» a su familia, cuando les dijo a los agresores que los iba a denunciar.

El caso se remonta a junio de 2017, cuando según la mujer, llamada Florencia, tras una licencia por problemas psiquiátricos derivados de su actividad de 14 años en el servicio penitenciario fue remitida a un puesto de vigilancia en situación precaria, sin energía eléctrica, ni sanitarios.

Por esa situación realizó varias quejas, hasta que le remitieron un foco y un enchufe, en el que pudo conectar una estufa que llevó de su domicilio.

«Un día vinieron de recorrida, los vi pasar por la ventana.

Me pareció raro que no lo hicieran con una empleada mujer, como dice el reglamento, pero intenté tranquilizarme y pensar que eran compañeros. Abrieron la puerta de un empujón. Como eran mis superiores me puse de pie. Ellos empezaron a hablar y M. me preguntó si esa estufa era mía. Y desde atrás me tiró del cuello de la campera y me la bajó hasta los brazos, me paralizó», relató.

Al continuar con el momento del ataque sexual, sostuvo que uno de los agresores le arrancó el botón del pantalón y le rompió el cierre.

«Y ahí me hicieron… lo que le conté a mi abogado. Intentaba gritar pero no me salía la voz. Forcejeé para tirarme al piso.

No tuve escapatoria, me agarraron del cuello, las piernas. Me dejaron tirada. M. (inicial de uno de los agresores) me pateó la espalda, los tobillos y se fueron riéndose. Luego escuché que estaban afuera. Me acomodé la ropa y salí. Les dije que los iba a denunciar. M. me dijo que si denunciaba me iban a hacer desaparecer a mí y a mi familia», contó.

Aseveró que en la amenaza le recordaron que su esposo trabaja en el sector de la cocina «con presos y cuchillos».
La agente siguió con su trabajo en el mismo puesto precario y sólo se animó a contarle a una secretaria del penal, que le dijo: «Las cosas acá son así».

Hace pocos meses contrajo infección urinaria, faltó a su trabajo y presentó certificado médico, a pesar de lo cual le abrieron un sumario administrativo, la suspendieron y finalmente la cesantearon.

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