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Junín

Un vecino común, un animal político

Los 56 años de Mario Meoni: lo que logró, lo que dejó y lo que sembró.

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No era juninense de nacimiento, pero con el tiempo, la historia demostrará que apenas significó un error geográfico. Porque si bien el 22 de enero de 1965 abrió los ojos al mundo en Ascensión, un humilde pueblo del partido de General Arenales, su vida fue juninense.

En sus 56 años amó como nadie la ciudad, siempre tratando de hacer realidad esos sueños que parecían inalcanzables, como cuando allá por sus 18 años se secaba las manos, trabajando como lavacopas en Yellow. Esa visión más allá de las realidades y su vocación por el trabajo incansable, se conjugaron para hacer de Mario Meoni un animal político de raza, un sembrador de futuro, un dirigente capaz de crear cuadros y plantar esperanza.

Cuando apenas tenía 22 años, tras la marea alfonsinista que lo arrolló en su juventud, Mario arrancó una larguísima carrera política, cuando fue nombrado empleado del Plan Alimentario Nacional (PAN), que tenía como misión mitigar las necesidades de los sectores más humildes. Tal vez fue ese inicio el que marcó a fuego su trayectoria posterior: nunca olvidó un pedido.

Entre 1991 y 1995 fue concejal por la Unión Cívica Radical (UCR) en el partido de Junín y desde 1995 a 1999 fue prosecretario del bloque de diputados nacionales de la UCR.

Después le tocó a él ocupar una banca como diputado provincial, y lo hizo entre 1999 y 2003, ejerciendo durante ese tiempo la vicepresidencia segunda de su bloque.

Como legislador, fue adquiriendo conocimiento mientras se preparaba para afrontar un desafío que se le venía negando. En una ciudad miguelista desde el retorno de la democracia, y con Meoni plantado siempre como dándole pelea, al fin pudo dejar la oposición y ser el candidato a ocupar ese sillón que ansió durante tantos años.

DESDE EL MUNICIPIO

El 14 de septiembre de 2003 fue electo intendente de Junín con 16.836 votos (el 38,34% del total). La vida y el electorado premiaban su gran esfuerzo, porque su rol principal siempre fue el de ser militante. Y fue leal a eso, hasta el último día.

Ya casado con Laura Oliva, el destino lo premiaba casi en paralelo con el nacimiento de sus mellizos: Felipe y Robertino.
La ciudad consideró que debía darle otra oportunidad en octubre de 2007, y volvió a ganar las elecciones con 21.399 votos (el 42,60%).

Para entonces, ya había iniciado el camino de desprendimiento de un radicalismo que nunca encontró un camino de retorno, e integró la Concertación Plural a la que había llamado el entonces presidente Néstor Kirchner. Formaba parte de los denominados «Radicales K» que incluían, entre otros, al exgobernador de Mendoza, Julio Cobos; y al actual gobernador de Santiago del Estero, Gerardo Zamora.

Luego, en las elecciones de 2011, Meoni volvió a ganar la intendencia de Junín, con 22.651 votos, lo que representó el 41,27%.

OTROS RUMBOS

Con la llegada del macrismo y aguantando desde el Frente Renovador, en el 2015 perdió la pulseada para un cuarto período al frente del municipio. Por eso, hasta 2019 ocupó un cargo como director del Banco de la Provincia de Buenos Aires.

Pero las vueltas políticas le tendrían reservada una gran sorpresa y oportunidad. Cuando su referente Sergio Massa decidió unirse al Frente de Todos, Mario debió imponerse ante varios sectores del peronismo local en las PASO y volvió por la revancha frente al municipio: otra vez la suerte de las urnas le fue esquiva. Y ahí había anunciado que ya no volvería a pelear por ese cargo.

Pero había algo mejor para Meoni, que significó sorpresa para muchos pero despertó la esperanza de infinidad de sectores en Junín. El electo presidente Alberto Fernández lo designó al frente del Ministerio de Transporte de la Nación, y desde allí, juninenses podían soñar con ver realidad muchos pedidos.

De hecho, y a pesar de la inactividad de la pandemia, puso en marcha una deuda pendiente que tenía (sobre todo consigo mismo), como el paso bajo nivel sobre calle Rivadavia, que ya fue licitado. No logró verlo hecho realidad, pero se fue sabiendo que lo será. Y se ocupó de la nueva terminal que él mismo había iniciado, prometió un aeropuerto, se interesó por la vida ferroviaria de la ciudad y le dio una mano salvadora a la Cooperativa de Trabajo, y sobre todo, atendió a cuanto juninense hizo sonar su teléfono. No se olvidó de Junín sino todo lo contrario: desde su cargo nacional, estaba tratando de hacer crecer su ciudad.

LA RUTA

Otra de sus preocupaciones siempre fue la Ruta 7, “la ruta de la muerte” como le habían llegado a decir. Ya casi transformada en autovía, fue su trampa final, como una gran paradoja.

Había estado en Rosario en un acto con el presidente Fernández, había regresado a Capital y volvía, como cada viernes, a juntarse con su familia y amigos después de una semana ajetreada y de trabajo full time. Muchos tenían la posibilidad de verlo llevar un changuito de supermercado, haciendo las compras como un vecino más y saludando a todos como aquel chico que lavaba copas. Porque, en toda esta tremenda carrera, jamás perdió su esencia y así será recordado: como un animal político que nunca olvidó ser un vecino común.

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