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Un Sol que no debe apagarse

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El 3 de marzo se cumplieron dos años sin Sol. La joven Sol Medialdea, de 19 años, falleció en un terrible choque frontal sobre la Ruta 7, cuando bolivianos indocumentados, sin carnet de conducir y en estado de ebriedad, se cruzaron por su camino y el de Miguel Colombo, la otra víctima fatal.

La pesadilla de perder un hijo continúa latente para la familia Medialdea: Silvia Santillán de Medialdea y su esposo Norberto todavía siguen con un duelo permanente en búsqueda de justicia, porque los “asesinos al volante” continúan en libertad y la causa judicial se mueve con total lentitud.

María Sol tenía apenas 19 años y era una estudiante avanzada de la carrera de Odontología.

Aquella mañana del 3 de marzo de 2016 había rendido el final de microbiología. Sabía que le había ido bien pero el destino le tenía jugada una mala pasada. Nunca se iba a enterar que dejaba en el camino con un 9 una de las materias más complicadas de la carrera. Tampoco que aquella mañana sería la última de su vida.

Aunque atribuirle al destino un incidente vial es no entender que el único responsable de la muerte de la joven juninense es el conductor imprudente que a pesar de haber ingerido bebidas alcohólicas decidió subirse a una Peugeot Partner y recorrer la Ruta Nacional 7.

Silvia, su mamá con una mezcla de orgullo y dolor recuerda que “el proyecto de su vida era recibirse a más tardar en 2019, ejercer su profesión, hacer algún pos grado e irse al norte. Le gustaba mucho ayudar a la gente”.
Sol tenía una hermana, Milagros, que inseparable, “había viajado a hacerle el aguante” mientras preparaba exámenes de la carrera que cursaba en la Universidad del Salvador.

VIDAS QUE SE ENTRECRUZAN
Y así como las vidas se entrecruzan, también en Buenos Aires pero con un objetivo diferente, estaba la familia Colombo.
Miguel Ángel hacía frente a una enfermedad delicada y en plena evolución se encontraba junto a su mujer Alejandra Orrico y Delfina, su hija.
Salían del Hospital Italiano y pensaban regresar a Junín esa misma tarde. En el Volkswagen Bora había dos espacios libres y como suele suceder con frecuencia, amigas comunes Y familias conocidas serían sinónimo de un mismo viaje.
El futuro era promisorio. Miguel recibiría su alta médica. Sol aprobaba una materia más.
Pero no pudo ser.

EL VIAJE
Mientras a las 18 horas emprendían el regreso a Junín, acá “las esperábamos a cierta hora. Como no llegaban me comunico con Sol, que venía despierta. Ya estaban cerca de Luján. A las 20:40, Tres Sargentos”.

Tanto Silvia como Norberto estaban tranquilos. “Miguel Colombo era precavido, meticuloso. Un ser humano excepcional”.
Y llegó lo peor. “El accidente fue a los 20 minutos”.

El destino de los juninenses preveía que se cruzaran en el camino con dos hombres de nacionalidad boliviana, David Quispe y Freddy Quispe.

Como lo ha establecido la investigación que dirige el Dr. Nicolai, “venían desde Rufino en una Peugeot Partner –recuerda Silvia-, habían tomado cuatro botellas de cerveza y comprado otras dos en Saforcada”. Para ese entonces, hay testigos “que cuentan que venían haciendo zigzag. Un camión Scania se tuvo que tirar a la banquina”, otros relataron que “en la cabina de peaje le preguntaron al empleado qué pasaba con esa gente. La respuesta fue que se quedaran tranquilos, que en la Caminera de Junín lo iban a parar. Nadie lo hizo”.

“Fue como si todo se estuviera encaminando” a la tragedia.

Hay entre los innumerables testimonios volcados en el expediente, el de un chico de 14 años que desde Chacabuco viajaba a Junín junto a su mamá “a buscar al hijo mayor que jugaba en las inferiores de Sarmiento y que a la altura de la estación de servicio de La Agraria ve las maniobras peligrosas del utilitario. No estaban como para seguir”, reflexiona la mamá de Sol y Milagros.

LAS PERICIAS
A la gravedad del siniestro que se cobró dos vidas, destrozó a dos familias y tuvo durante un año a una de las jóvenes intentando recuperarse de las complejas lesiones físicas, han debido sumar una lucha que ya lleva dos años.

Con el correr de los meses, Silvia no bajó los brazos. Sigue la causa minuto a minuto. Sabe que “el conductor no tenía carnet y el otro no sabía manejar. Lo único que había en el vehículo era una tarjeta verde a nombre de Ovidio Quispe. Y cuando se mandó a analizar la sangre, se pudo comprobar que era de una persona que no estaba en el auto”.

Gracias al trabajo de “Nicolai, a través de un ADN que se le hizo a David Quispe se pudo comprobar que la sangre no le pertenecía. Y así salta quién manejaba” y además, con las huellas tomadas en el volante de la Partner que “tampoco se corresponden con quien quisieron hacer creer que manejaba”. Después de 18 meses reconocieron el cambio de sangre y que venían en estado de ebriedad”.

“Tenés que lidiar con la mugre y estar atenta porque te cambian las pericias” por eso no tiene más que palabras de reconocimiento para con el funcionario a cargo de la ayudantía fiscal de Chacabuco, el Dr. Nicolai. “Es palabra mayor. Un ser espectacular. Todo lo iba indagando, buscando. Y yo nunca me quedé de brazos cruzados. Llegué hasta la gobernadora” y por eso cuenta con la asistencia de un “equipo de Los Toldos donde hay hasta una psicóloga. Pero no lo hago sólo por mi hija sino por todos los casos. Los de Gramajo, Vitar, Demian Herman, Alexandro Puma, Morena. Con la pequeña, no puede ser que la persona que la atropelló siga conduciendo”.

MILAGROS
“A Mili lo menos que le puede faltar son cinco años – estudia Farmacia en Rosario-, y quiero estar cerca de ella. Me cuesta convencerlo a mi marido pero yo me quiero ir. Él es carpintero y se despeja con su trabajo. Yo ya estoy jubilada”.
Milagros Medialdea después de un año de lucha por su recuperación física, numerosas intervenciones quirúrgicas mediante pudo comenzar a retomar lentamente su vida gracias a los “médicos grosos de La Pequeña Familia. “Y ahora me prometió que este año va a hacer terapia”.
No hay que dejar de lado que la joven viajaba en el Bora sentada junto a su hermana. “Ella no podía abrir los ojos y pedía que la sacaran de ahí”. No vio que su hermana estaba fallecida y le queda eso de querer agarrarla, abrazarla, tenerla”
“A Sol no me la va a devolver nadie. No va a volver y lo que me mantiene en pie es pedir justicia, llegar al juicio oral porque no quiero abreviado. Una condena sería un poquito de alivio al dolor. Tarde o temprano se tiene que hacer justicia, es lo único que pido y no voy a parar”.

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