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Un nuevo amanecer, lejos de casa

Harrison Vázquez, de 24 años, vivió toda su vida en la ciudad de Maracay en Venezuela. Sin embargo, la crisis lo obligó a dejar su tierra y hoy se encuentra en Junín.

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Empezar de cero siempre es difícil. Sobre todo cuando lo único que queda son los cimientos de una crianza y un recuerdo, lleno de nostalgia, de un pasado que ya no existe y posiblemente no vuelva a existir. Un país en crisis, donde hay más guerra que alimentos, obliga a sus habitantes a buscar nuevos horizontes de una forma imprevista.
Esto le pasó a Harrison Vázquez, un joven venezolano de 24 años, que llegó hace ocho días a nuestra ciudad, luego de un paso por Colombia, dejando en Maracay, a 7.552 kilómetros de distancia, a su familia, su carrera universitaria, su pequeña empresa y su vida.
Este caminante está haciendo su camino, y su andar hoy lo sitúa en Junín gracias a la ayuda de una familia que se contactó con él a raíz de una publicación en internet donde Harrison pedía ayuda.
El venezolano estuvo en Mañana Digital por LT20 Radio Junín, donde contó que pertenece a una familia trabajadora y que él tuvo que conseguir empleo a los 17 años para pagar la universidad.
En cuanto a sus estudios, aprobó hasta el tercer año de la carrera de abogacía en su país y tuvo la oportunidad de crear su propia empresa, “pero desde hace unos siete años las cosas se fueron degradando y el dólar subió hasta el punto de que costaba más que una moto”.
“Desaparecieron la comida y los medicamentos”, razón por la cual hubo una tragedia en su familia, cuando falleció su sobrino de cuatro meses de neumonía culpa de la imposibilidad de conseguir salbutamol para el asma.
“Ahí dije que no valía la pena estar en Venezuela, y decidí irme. Vendí las cosas que tenía y me fui en Microbus a la frontera con Colombia y caminé a Santa Marta”. Sin embargo, allá no tuvo la mejor de las suertes y caminó durante 36 días hasta Bogotá. Finalmente descubrió que su futuro no estaba allá porque las condiciones tampoco son las mejores por la crisis migratoria que atraviesa el país.

Su familia, compuesta por sus padres, hermanos y sobrinos, todavía se encuentra en Venezuela, y él se comunica con ellos por WhatsApp, aunque “a veces se va la señal. Pasa muy a menudo que desaparece y pasan tres o cuatro días que no tenés. Además estuvimos ocho días seguidos sin saber de nuestra familia por el apagón”.
“En algunas ciudades llegó la energía, entonces hacemos una cadena entre los que nos queremos comunicar en la misma ciudad. A veces me escriben de madrugada. Yo siempre les digo que estoy bien, aunque esté pasando un momento difícil. Ellos la pasan mal allá y no quiero preocuparlos”, contó Harrison.
En cuanto a la situación que está atravesando Venezuela, afirma que cualquier cosa que vean en los medios “se queda corta” ante la situación real. “Te levantás un día, abrías la heladera y no ves que comer. Querés salir a la calle y no hay transporte”, recordó de los fatídicos días que le tocó vivir en su país, y agregó: “Por el apagón y murieron 80 personas en un subterráneo atrapadas. Están asesinando al pueblo venezolano. También está el faltante del agua que se intensificó”.
Para él, es difícil entender el deterioro que ocurrió en su tierra, ya que “en los ’90 era la tercera potencia de Latinoamérica”, pero “Chávez hizo un gobierno populista y empezó a regalar muchas cosas. Ahí empezó Venezuela a comer sin sembrar, además de que expropió muchas empresas, que eran entregadas a militares y a diputados del mismo partido. Había muchas que eran extranjeras que tenían grandes negocios. Hoy no queda nada, se fueron todos”.
Según cuenta, allá “todo es costoso” y “un sueldo mínimo sirve para comprar tres productos o menos”. “No sé qué truco hacen los que todavía están allá para sobrevivir. Vivíamos de intercambio”, expresó.
A su vez, en cuanto a las políticas del gobierno de Nicolás Maduro sobre los alimentos, dijo: “Existen los Precios Justos allá, cuestan mucho menos pero tenemos que hacer una fila de tres días para conseguirlos. También están los Comités Locales de Abastecimiento que dan una cajita con tres paquetes de fideos, un kilo de leche y otras cositas limitadas que son las cosas que el gobierno quiere que tengamos por mes”.

Harrison vio gente morir y le tocó presenciar varias represiones por parte de la Guardia Nacional Bolivariana y de los Frentes de Liberación, que son “gente cubaba paga por el Gobierno” a las personas que piensan distinto al oficialismo: “Cuando estaba en la universidad formé parte de un Frente de Liberación. Salen a matar a los jóvenes. Los militares de bajo rango son presos. Siempre fuimos un país inseguro, pero era delincuencia común, ahora es por necesidad”.
Desde que llegó a Argentina sólo tuvo un mal momento y fue en migraciones: “Me crucé con una mala persona. Pasé por Colombia y tengo familiares que viven en otros lugares y siendo que el argentino respeta mucho, se nota al hablar con cualquiera. Todos preguntan en qué pueden ayudar y quedan a disposición de uno.”
El joven venezolano sostuvo que Argentina tiene todo, y recomendó: “Los jóvenes tienen que aprender a valorar a tener las cosas con trabajo y a no esperar que un gobierno solucione las cosas. Hay que ser capaces de cuidar y sembrar para cosechar. Hay que trabajar para mantener lo que tenemos”.
“Yo llegué acá gracias a la ayuda de una familia juninense y me gusta mucho la ciudad, ya me lo recorrí todo. El primer día le di toda la vuelta por la ruta”, contó.
Por otro lado, a pesar de su experiencia y lo que le tocó vivir en su país natal, no se cree capaz de opinar de la política de Argentina: “Escuché algo y sé que en el gobierno de Chávez hubo mucho intercambio, recibíamos productos y enviábamos dinero y petróleo. Se habla de que hubo corrupción, pero no lo conozco a fondo”.
“Lo único que digo es que no caigan en gobiernos comunistas. El comunismo destruye, mata, te quita la libertad y eso es lo principal en los seres humanos. Nosotros decíamos que íbamos rumbo a Cuba riéndonos, y ahora estamos igual o peor. Escuché que acá decían que iban camino a Venezuela”, aconsejó.
Harrison se encuentra buscando trabajo ya que su idea es ganar plata para poder ayudar a su familia y mantenerse económicamente en nuestra ciudad: “El venezolano viene dispuesto a trabajar de cualquier cosa y lo que no sabemos hacer, lo aprendemos porque tenemos la necesidad de ayudar a nuestra familia. Estamos dispuestos a aprender, no se trata de en qué lugar quiero trabajar, sino en el que me den la oportunidad y yo lo analizaré y diré con franqueza si puedo hacerlo o no”.
Para contactarse con el joven venezolano de 24 años, su número de teléfono es (236)-4348270.

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