Un colectivo con pasajeros fue arrollado por un tren frutero
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Un colectivo con pasajeros fue arrollado por un tren frutero

Las víctimas son, en su mayoría mujeres, todas ellas con heridas de consideración.

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Por Redacción Grupo La Verdad

Durante muchos años, los juninenses recordaron uno de los siniestros más graves de los registrados en la década del 50, en pleno corazón de la ciudad.
Fue el de aquella mañana del 12 de enero de 1953 cuando una formación ferroviaria chocó contra un colectivo de la empresa “El Obrero”.

Una mañana lluviosa, escasa visibilidad y un guarda barreras que se distrajo para comprar pan para su desayuno resultó una combinación que si bien no produjo víctimas fatales, sí, puso a prueba al sistema de seguridad de toda una comunidad.
Tal como lo reflejaba La Verdad el 13 de enero, es lo que se podrá leer, respetando la redacción propia de la época con una estructura no tan “periodística” pero no por ello ausente de información completa.

PERCANCE FERROVIARIO
Cuando recién la ciudad se aprestaba a reanudar la jornada luego del paréntesis que obligó el domingo, alrededor de las 7:30 horas, cundió ayer por distintos sectores una de esas ingratas noticias que tras de sorprender, sumen en dolor solidario con quienes son víctimas del tránsito común. Sin confirmación, primero, luego con abundancia de detalles que aun así no reflejaban con exactitud la tremenda realidad, se supo que un colectivo con cerca de 15 pasajeros había sido embestido por un tren y el saldo era lamentable.

En el mismo resultaron víctimas laboriosas mujeres y un facultativo que iba a ocupar su puesto.
Eran aproximadamente las 7:30. Por la Avenida Larrory avanzaba a lenta velocidad el colectivo número 3, integrante de la línea concedida a la empresa “El Obrero”. No iba completo, cosa extraña a esa hora, debido a la copiosa lluvia; los asientos ocupados y pocos pasajeros más de pie.

Todo transcurría dentro de la rutina de estos viajes. De pronto, cuando el coche se aprestaba a cruzar el paso a nivel del F.C. Gral. San Martín, cercano al Parque San Martín, fue arrollado por el tren “frutero” número 114 que procedía de Mendoza, a cargo del maquinista Luis Negruzzi, foguista Guillermo Rebelo y Guardia Santiago Bonino.
Todo fue cosa de segundos. El coche dio lo que se define un “trompo” y se tumbó junto a la zanja del desagüe después de haber destrozado el esquinero de alambre que circunda las vías. Movidos por el instinto de conservación, algunos pasajeros, entre ellos dos mujeres y un hombre joven, sin que ellos mismos atinasen a explicárselo, lograron escapar del accidente.

LOS PRIMEROS AUXILIOS
El personal ferroviario, ni bien se detuvo el convoy, procuró prestar auxilio a las víctimas y de inmediato se agregaron al salvamento vecinos de esas inmediaciones.
Como en el colectivo viajaba el Dr. Domingo Sabino, que, felizmente sufrió contusiones de escasa consideración en la cabeza y parte posterior de la cadera, con toda serenidad y sobreponiéndose al accidente, tomó las primeras providencias, siendo después secundado por la policía representada por el subcomisario Adolfo Lavandeira y el sub ayudante Luis Bernard, además de varios agentes.

Al tenerse conocimiento de lo ocurrido, en el Hospital Regional Senador Nacional Mayor Alfredo J. Arrieta”, se dispuso una rápida movilización, lo que permitió atender a las víctimas sin ninguna dificultad. El director del nosocomio, Dr. Domingo Pugliese, con la empeñosa cooperación de su personal idóneo, tomó personalmente la tarea de practicar las primeras curaciones.

UNA MANIOBRA PROVIDENCIAL
El colectivo, que era conducido por Miguel Rodríguez, se dirigía a Villa Belgrano y efectuaba la segunda vuelta de la mañana, ya que había salido del garaje a las 7. La lluvia que desde la madrugada caía sin interrupción, fue un factor que contribuyó para que el coche no estuviera repleto de pasajeros.

Las barreras estaban en alto –cosa inexplicable- de manera que nada indicaba a Rodríguez un peligro inmediato. Instintivamente, el conductor, presintiendo el desastre, desvió la dirección y entonces el colectivo al quedar sesgado, fue embestido por la locomotora, arrancándole toda la parte izquierda de la carrocería. Los daños del mismo se calculan en 20.000 pesos y no existen seguros.

LAS VICTIMAS
Este accidente ferroviario que tanto ha dejado impresionada a nuestra población, dejó este saldo de víctimas: Josefa Rodríguez de Aldao; Aurelia Giménez de Mirante; Alicia Bargas; Josefina Bertullo; María Aresca y Elsa Mosca. Como ya se indica más arriba, también, resultó lesionado el Dr. Domingo Sabino, quien se retiró a su domicilio.

SITUACIÓN DELICADA
Es censurada severamente la conducta que ha observado en esta emergencia el guardabarreras Eduardo Bosio, argentino, soltero, de 24 años, afincado en Edison y Ameghino, es decir, a escasa distancia de su labor, ya que resulta evidente su negligencia y absoluta falta de responsabilidad.
Por lo general todos los ferroviarios que tienen obligaciones con el movimiento de trenes, saben a qué hora hacen su paso.

¿Cómo se explica entonces que Bosio haya abandonado su puesto- como él mismo lo admite-, dejando las barreras sin bajar?
Había iniciado su trabajo a las 4 de la madrugada y en el instante del accidente –según su propia declaración-, se había encaminado hacia un repartidor de pan que estaba en las adyacencias para adquirir dicho producto y tomar el desayuno.

Tanto Bosio como el chofer Rodríguez que tiene una leve lesión en la boca, quedaron detenidos.
Lo que sigue es epígrafe de una foto enviada en la que un hombre besa a su hijo,

SE SALVÓ MILAGROSAMENTE

El St. Julio César Etchichury, que viajaba en el colectivo y salvó providencialmente su vida, besa a su hijito de 5 años, a quien pensaba llevar con él y afortunadamente no lo hizo.

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