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Tras los pasos del Libertador

Sólo dos personas de la provincia de Buenos Aires formaron parte de la expedición: la juninense Bárbara Stoessel y un profesor de Historia de Ciudad de Buenos Aires.

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Bárbara Stoessel es una docente juninense que trabaja como maestra de primaria en una escuela rural. Desde hace ya un largo tiempo tenía un sueño inmenso por cumplir: desandar la ruta del Libertador José de San Martín a través de los Andes, en su camino a Chile.

Después de intentarlo varias veces, el gobierno de la Provincia de San Juan, que es el mentor de esta travesía, le confirmó que tenía un lugar y su sueño se hizo realidad: el pasado viernes 16 de febrero estaba regresando de la Cordillera habiendo compartido una vivencia, junto a otros 50 expedicionarios, que no se olvidará mientras viva.  Sólo dos personas de la provincia de Buenos Aires formaron parte de la expedición: Bárbara Stoessel y un profesor de Historia de Ciudad de Buenos Aires.

Esta cabalgata está cargada de historia, no sólo por su trascendencia en el tiempo sino por las bellezas naturales y las altitudes que se alcanzan. Para hacerla se requiere decisión, fuerza de voluntad y anhelo por estar en contacto con la naturaleza.

En diálogo con La Verdad, Bárbara relató que “hace años que quería hacer el cruce y pude tener un lugar en esta expedición, que fue la décimo tercera y se inició en la provincia de San Juan, bajo el gobierno de José Luis Gioja y se sigue llevando a cabo. Me hubiera encantando poder hacerlo el año pasado, que fue el año del bicentenario, pero no conseguí lugar. Este año, la logística cambió y fuimos sólo 50 expedicionarios, acompañados por los baqueanos, y lo hicimos con una empresa de Barreal, que contrató la provincia de San Juan”. 

 

La travesía. Uno de los anhelos más preciados por los amantes de la naturaleza y la aventura es poder atravesar, de alguna manera, la imponente Cordillera de los Andes. Poder hacerlo arriba de un caballo, rememorando la heroica expedición del General San Martin y sus ejércitos, es algo inolvidable.

“La verdad es que esto es una experiencia inolvidable en mi vida porque, más allá de lo que haya podido imaginar, ver o leer, nada se compara con haberlo podido vivir. Nosotros hicimos un tramo de toda esta epopeya y recorrimos, a lomo de caballo, 150 kilómetros, hasta el límite fronterizo con Chile. El viaje dura una semana, más un día de ambientación en Barreal, que nos sirvió para conocernos. El 9 iniciamos la travesía, que se llevó a cabo por el Paso de Los Patos”, relató.

Este nombre obedece a la ruta tomada el 19 de enero de 1817,  por la Columna De Los Patos, columna principal del Ejército de Los Andes, dirigida por el general don José de San Martín, quien haría la campaña libertadora de Chile.  

Las inclemencias del tiempo se hicieron sentir, no olvidemos que,  aunque acá estamos en pleno verano, en la cordillera la temperatura desciende por las noches a bajo cero.

La docente contó que “a mí me alcanzó la ropa que llevé pero, si volvería a hacerlo, cambiaría la indumentaria. Llevé ropa tipo primera piel, el gobierno nos obsequió un pocho sanjuanino, una remera térmica, alforjas, polainas y una campera. No tengo idea la temperatura que hizo pero sí puedo decir que el agua estaba congelada, aunque pudimos bañarnos tres días en los arroyos, con agua de manantial. Por pedido del gobernador, se trató de que la expedición fuera lo más natural posible y lo más parecido a la época. Usamos pocas linternas, hacíamos fogón y comíamos antes de que anocheciera. Lo que hicimos diferente es que llevamos carpas y bolsas abrigadas para dormir.  La comida fuerte era el desayuno y luego se comía poco para no consumir oxígeno, nos obligaban también a tomar dos litros de agua o más por día para no apunarnos y por la oxigenación”.

 

Seguir aprendiendo. La travesía fue completa y no sólo se trató de un recorrido a caballo y mula, hubo mucho más.

Sobre esto, dijo que “la cabalgata fue muy emocionante. Durante la expedición tuvimos charlas: de historia, de geología y de astronomía, para comprender mejor lo que estábamos viviendo. Hace doscientos años se movilizaron junto al General San Martín alrededor de 6000 hombre y no hubo demasiadas bajas por la travesía, aunque sí algunas por las batallas. El cruce de aquel momento se hizo en 21 días y nosotros tardamos siete, pero éramos 50 personas. Imaginemos que, según cuentan las crónicas históricas, en aquel momento entre el primer y el último hombre había una diferencia de seis días, porque llevaban muchísima carga, se usaban cinco mulas por cada cañón. Ahora las mulas sólo transportaban nuestro equipaje y el servicio sanitario. Lo nuestro fue un homenaje a aquella epopeya. Nosotros fuimos desde Barreal hasta el límite con Chile, donde nos encontramos con hermanos chilenos que hicieron lo mismo, pero desde Chile”.

“Haber vivido esa experiencia fue hermoso, una cosa es cuando te lo cuentan y otra es hacerlo. Ir transitando por ese mismo camino que una vez hizo el ejército, es muy emocionante. El paisaje, los colores son impresionantes, quedé encantada. La cordillera es algo indescriptible”, finalizó contando.

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