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Traductor canino: las claves para entender a tu perro

Aunque forjen vínculos muy cercanos, perros y humanos no hablan el mismo idioma. Aprendé a interpretar sus gestos.

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Cuando un bebé se incorpora a la familia, se sabe que tardará entre dos y tres años enseñarle a hablar español. Cuando el que llega al hogar es un perro, en cambio, se pretende muchas veces que la comunicación sea fluida desde el minuto uno, desconociendo no solo que se necesita tiempo, sino también que estos animales hablan un idioma distinto al de los humanos, con gestos y señales muy diferentes, incluso en algunos casos diametralmente opuestos.

Para evitar frustraciones y episodios indeseados, existen claves de comportamiento a las que es bueno prestar especial atención. Es que si bien una postura o un ademán pueden no decir siempre lo mismo porque su significado depende tanto del contexto como del perro, sí hay ciertos lineamientos que engloban determinadas características. Y esto resulta muy útil al momento de establecer un vínculo.

Roberto D. Bastianelli es conductista canino. En criollo, un psicólogo de perros. Preocupado por la cantidad de ataques que terminan siendo endilgados sin demasiado análisis a los animales -generalmente juzgados por su raza- y no a la tenencia responsable, se encarga de divulgar constantemente información para prevenir escenas de este tipo y propiciar relaciones sanas y estables entre los canes y sus compañeros humanos.

LOS LENGUAJES

A partir de sus explicaciones, INFOCIELO elaboró un traductor canino para acercar desde el lenguaje gestual y corporal a humanos y perros:

El gesto más popular entre los perros es el de mover la cola y su significado es más que conocido: está contento. Aunque también puede tener otra acepción: una muestra de curiosidad mientras olfatea un nuevo territorio. Cuando sienten curiosidad, también suelen mover la cabeza de un lado al otro, demostrando que no entienden algo.

Entre las acciones más conocidas también está la lamida. Si bien es correcto que es su forma de besar (para esto no se necesita un traductor), también puede significar que está reconociendo olfativa y químicamente a una persona o manifestándole su consuelo. Lo mismo hace con sus cachorros. Es que entre ellos también tienen sus rituales, por supuesto. Dos de los más comunes son el de presentación, al olerse las colas, y el de cortejo, al olfatearse las trompas.

Los canes bostezan cuando se sienten aburridos o incómodos. También pueden relamerse cuando perciben esta última sensación, por ejemplo, cuando se acerca alguien que no conocen. A su vez, si se acurrucan con las orejas hacia atrás seguramente tengan miedo, al igual que si ponen la cola entre las patas. «No entiende, no conoce, está incómodo», describe el «psicólogo perruno», y advierte: «Cuando está asustado no hay que tocarlo porque puede reaccionar a la defensiva».

Si un perro baja el cuarto delantero y mantiene elevado el trasero no hay dudas: quiere jugar. Si se acuesta panza arriba, en tanto, lejos del mito urbano que lo asocia con la pronta llegada de la lluvia, quiere decir que está en un estado total de sumisión y confía tanto en el otro que es capaz de exponer sus partes más sensibles. Asimismo, que mantenga la cola hacia arriba se lo asocia a que dio con un olor que le llamó la atención. «Está en alerta, puede haber encontrado la marca de otro macho o la feromona de una perra en celo, está tomando información», detalla el conductista.

Otra imagen típica que podrán reconocer quienes conviven con un perro es la del animal mirando por la ventana. Esto, según Bastianelli, significa que se siente abandonado. «Entre ellos no se abandonan, son gregarios, andan en manada, entonces no entienden por qué nos vamos», explica el especialista. En los casos más extremos, además, puede existir ansiedad por separación. «Es consecuencia de criarlo como un niño», aclara.

Quien tuvo alguna vez un cachorro y se encontró con destrozos al volver a su hogar reconocerá la postura de un perro con las orejas hacia atrás, la cabeza gacha y la mirada hacia arriba: el clásico «Yo no fui» con el que pretenden desentenderse de una acción que saben equivocada. Por otro lado, cuando apoyan la cabeza sobre la pierna de su compañero quieren consolarlo o reclamar su atención.

También tienen posturas específicas para mostrarse altaneros o buscar pelea, entre ellos, las de levantar las orejas y la cola y caminar con el pecho hacia adelante. Cuando quieren intimidar y dominar, además, pueden erizar el pelo del lomo. «Así se ven más grandes», subraya Bastianelli.

Que los perros aúllen cada vez que escuchan una ambulancia también tiene una explicación. Este modo de expresión es usado por los lobos para marcar su zona y advertir cuántos individuos integran la manada. El «aullido» de la ambulancia, entonces, es percibido como una invasión de su territorio, aunque también emiten este sonido cuando están solos y buscan a una pareja en época de celo.

Los ladridos, por su parte, pueden tener diversos significados según por qué estén acompañados: funcionan como una advertencia, un pedido para ser seguido, una señal de auxilio o un reclamo de mayor atención.

Otra actitud común en algunos perros, pero que debe ser motivo de consulta médica, es la de morderse la cola: esto es síntoma de psicodermatosis, un trastorno psicológico que tiene cura, pero debe ser tratado de forma urgente.

DISTINTAS ACTITUDES

Por último, además de consultar el traductor, resulta útil enumerar algunas de las actitudes diametralmente opuestas entre humanos y perros:

Ir de frente: para un humano es ser franco y directo; para un perro buscar pelea: cuando quieren conocer a alguien, los canes se acercan por detrás.
Mirar a los ojos: para un humano es un gesto de sinceridad y franqueza; para un perro significa desafiar.
Sonreír: para un humano es un gesto de amabilidad y gentileza; los perros se muestran los dientes al agredirse.
«Normalmente, las personas se acercan de frente, los miran a los ojos y les sonríen, hacen todo al revés», explica el conductista canino sobre los encuentros entre perros y humanos, y ejemplifica de esta forma la importancia que tiene el «traductor» para conocer su lenguaje. «Muchos de los ataques surgen de estas equivocaciones de interpretación», argumenta.

Además, aconseja qué es lo mejor que uno puede hacer al llegar a una casa ajena en la que vive un perro. «No hay que mirarlo ni tocarlo. Tampoco hablarle. Solo ignorarlo. Luego, saludar al dueño sin gestos violentos, tranquilo. El perro te va a olfatear para conocerte, después va a ver la actitud de su dueño y si su alfa dice que no sos agresivo, todo va a estar bien».

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