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Talleres Ferroviarios: la reestructuración que nunca fue

A poco más de 25 años del cierre de las instalaciones que significaron el crecimiento y desarrollo de la ciudad.

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Fue en los primeros días de marzo de 1993 cuando se empezaba a hacer fuerte el rumor del cierre de los talleres ferroviarios. Escondido detrás de una supuesta reestructuración, el 4 de este mismo mes, los empleados empezaron a recibir el pedido de retiro voluntario por parte del interventor y traspasos a diferentes delegaciones estatales.

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En esta época arrancó a gestarse la debacle de una de las principales fuentes de trabajo de varias generaciones familiares. El sábado 30 de octubre de 1886, el Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico inauguró un pequeño taller en Junín con 9 operarios. Dos meses después ya trabajan 51 obreros.
En 1906 se produce la remodelación de las instalaciones, construyéndose grandes galpones. En esa época trabajaban 1.600 operarios mientras que, a fines de 1926, los talleres contaban con todas las instalaciones necesarias para carpintería, fundición, ajustaje, usina eléctrica, herrería, caldería, tornería, pinturería y aserradero y el número de operarios había crecido a 3.500. En la década de 1930, los talleres fabricaron la carrocería del primer coche motor del Ferrocarril Pacífico.

En Junín también estaba el Departamento Mecánico, ubicado en Sarmiento y Newbery, del cual dependían los talleres de la Alianza y Mendoza. Al mismo tiempo, la ciudad contó con representaciones de almacenes en la Quinta Florida, vía y obra, tráfico, recursos humanos, contaduría, un desvío de vagones, depósito de locomotoras y los talleres. Gracias a esto, se duplicó el personal del taller llegando a tener 6500 obreros.

“Nunca creí que iba a pasar esto con un gobierno peronista”
“Las protestas de ese momento no se correspondían con la magnitud del hecho porque el mismo gremio de la Unión Ferroviaria firmó y avaló eso. Nunca creí que iba a pasar esto con un gobierno peronista. Todos los casos son individuales, yo estaba en Apdfa (Asociación del Personal de Dirección de los Ferrocarriles) por eso tenía fuero gremial. Yo estuve hasta el año 2000, que fue cuando me echaron”, declaraba Orlando Artime, quien en ese entonces ocupaba el cargo de Analista en costos de Ferrocarriles Argentinos.

Por otro lado, al recordar cómo fueron esos días para sus compañeros, comentó: “Mucha gente se convenció con la indemnización y así les fue. Algunos salieron beneficiados, otros no. En mi oficina unos pocos se jubilaron, pero la gran mayoría pasó a la Dirección General Impositiva, que decían que era como un despido encubierto. Los que tenían un oficio, por ejemplo tornero o electricista, salieron adelante porque empezaron a trabajar por su cuenta”.

“En los talleres ferroviarios se hacía desde una arandela hasta un reloj, todas las especialidades y lo que no te arreglaban no se hacía en ningún lado porque era mano de obra calificada”, afirmó Artime.

“Todos los meses
llegaban telegramas”

Norberto Mario Pesaresi, quien entró como aprendiz en el taller y luego paso a la Oficina de Material Remolcado, rememoró: “Te volvías loco, primero vino el retiro voluntario y después los despidos. Todos los meses llegaban telegramas y en una oficina de 15 personas echaban a dos, entonces uno decía ‘en la próxima me toca’.

Cuando éramos sólo un grupito nos juntaron en una oficina de abajo esperando la guillotina, ya no quedaba nadie. En un momento llegó la salvación, se comunicaron con uno de nosotros para preguntarnos si nos queríamos añadir a un listado para pasar a Ferrobaires”.

“Los mayores afectados son la gente del taller que no se podían jubilar porque tenían 50 años o poca antigüedad. Estábamos en la convertibilidad, pero no era una gran indemnización, era para cuidarte nomás. Ahí empezaron algunos con las verdulerías, los kioscos, los taxis y todo eso”, sostuvo Pesaresi.


“Para mí en particular
fue muy triste”

Aroldo Taberna, por su parte, empezó a trabar en la Oficina Técnica del taller y con el paso del tiempo pasó a la División Técnica del Departamento Mecánico. “Ese momento fue muy doloroso. Para mí en particular fue muy triste. Tenía a mi hijo que terminó en el Industrial, hizo los dos años en el Centro Universitario de acá y estaba por irse a La Plata. La pasé muy mal porque era jodida la mano, necesitaba la plata. Cuando llegó el momento charlé con él y le dije que iba a aguantar todo lo que pueda hasta que me falte poco para jubilarme. Sacaba todos los meses un poco de plata, lo guardaba en el banco y de él dependía que le alcance”, confesó.

Para finalizar, Taberna habló de lo que fueron sus últimos años en el taller ferroviario: “Yo me fui con un retiro voluntario en 1999, pero me pasó de todo, me hicieron muchos juicios para echarme pero no pudieron, acá me fallo en contra el Tribunal y en La Plata a favor, así que me reincorporaron. Aguanté todo lo que pude y me jubilé con 64 años porque fue en la transición del cambio en la edad que proponía Cavallo”.

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