Seguinos en
Expo Junin 2019
Expo Junin 2019

Locales

Sola, con sus propias necesidades a cuestas, le da de comer a 40 pibes

Cada sábado, sin un menú fijo porque la comida depende de la colaboración de la gente, Marta García abre las puertas de su casa para mitigar el hambre de los más chiquitos del barrio.

Publicado

el

Marta García vive en Los Almendros y arrastra una historia de necesidades y durísimos problemas de salud personales y familiares, pero cada día se levanta pensando en las necesidades de los más chiquitos que la rodean en el barrio.
Por eso, si consigue yogur durante la semana, lo reparte con sus vecinos, lo mismo que una estufa o cualquier donación que caiga en sus manos. Además, se tomó el compromiso de darles de comer a alrededor de 40 chicos cada sábado al mediodía, ofreciendo tal vez la única comida que tendrán el fin de semana.
Durante años, luchó por su hijo Javier, quien sufrió fuertes secuelas de un choque con un caballo, cuando viajaba en la moto con su tío. Operaciones en Capital, colectas, silla de ruedas… hizo de todo para sacarlo adelante, sin olvidar de sus otras tres hijas y su esposo. Pero no terminaba allí la historia: luego sería ella la protagonista de otro grave accidente.
Vive en una casa precaria, ubicada en Avellaneda 1888, pero abre las puertas con alegría para cobijar a todos esos chicos que la reconocen por el barrio y le gritan “Tía Marta”. Las dificultades que tuvo que atravesar no la hicieron dudar, y sigue cada día con su trabajo solidario, a pesar de todo.

Sin ayuda

“En los comienzos el comedor se llamaba Tía Mona, porque estaba apoyada por la Fundación Milagros de Junín. Pero en diciembre de 2017, la responsable Marina Montaiuti se retiró y me dejó sola. Nosotros llevábamos a su merendero a todos los nenes, así que surgió la idea de hacer un comedor. Creo que vino cinco sábados, me hizo rellenar planillas con los datos de los nenes que concurrían y después salió con que no podía ayudar más”, señala a LA VERDAD, agregando que “se llevó todo lo que había para los nenes, hasta los útiles escolares”.
“Ese día me descompuse, porque no teníamos para darles de comer ese día. Así que salimos a pedir y les servimos hamburguesas, con cubiertos y platos de vecinos”, rememora Marta.
Así fue como arrancó el comedor Tía Marta. “Desde entonces, como funcionamos a partir de la colaboración de la gente, no tenemos un menú establecido sino que hacemos lo que va surgiendo, con lo que tenemos”, explica.
Al respecto, menciona que “nosotros les damos ahora de comer todos los sábados al mediodía, viene gente a cocinarles… todo lo que hacemos es a pulmón. Viene un promedio de 40 chicos, y son muchos más cuando hay algún evento especial como Reyes, Papá Noel…”.
“Ahora, en vez de festejar cumpleaños, como está todo muy complicado estamos en campaña para la recolección de útiles escolares”, dice.
Marta no se queja, pero puntualiza: “Además, hay veces que nos traen yogures y los repartimos sin esperar el sábado; entregamos estufas que necesiten a las familias… pero ya no nos dan ni siquiera una garrafa como para poder sostener esto”.
Por ejemplo, esta misma semana “estuvimos pidiendo para cocinar hoy, así que los gastos fueron de nuestro bolsillo. Compramos ocho paquetes de fideos tallarines y cinco kilos de pollo, así que hicimos fideos con tuco. Además les dimos arroz con leche que nos había quedado, que nos aportó la señora Gabriela Fioriti, que siempre se acuerda de nosotros”.
“Muchos nos cuestionan que le demos de comer a los nenes cuando sus familias cobran asignaciones. Nosotros separamos esta cuestión, no podemos andar preguntando y viendo qué hacen con la plata. Lo que nos interesa es darle de comer a estos chicos, que muchos fines de semana es lo único que tienen”, dice Marta.

El comedor

Con la ayuda de muchos, se construyó un techo fuera de la casa, donde pueden estar los chicos cuando llueve o hace frío. Allí, mientras esperan la comida, juegan al pool y al metegol. “Nosotros hacemos lo que podemos, sin intereses, no tenemos papeles porque no sabemos, que los hagan los que entienden. No creo que haga nada ilegal, porque no es nada malo”, se excusa.
Siempre son manos solidarias las que acercan fideos, leche o cualquier cosa que sirva para mitigar el hambre. “Las veces que fui a hablar a la Municipalidad, la señora Ferrari formar una comisión y hacer papeles que no entiendo, para darme unas leches para repartir entre los chicos en invierno. El Intendente nunca tuvo tiempo para darme una entrevista, aunque yo no quiero nada para mí”, se queja, aunque casi resignada.
A pesar del camino difícil, tiene claro su destino: “Sé que tengo que seguir por estos nenes, con la alegría que brinda que estas criaturas me reconozcan por la calle como la tía Marta”.

Una historia difícil

Hace unos años, a Marta le tocó enfrentar un duro momento con su hijo, que se trasladaba en moto con el tío y fueron embestidos por un caballo.
A partir de allí, comenzó una interminable seguidilla de operaciones, médicos, viajes al Garrahan, que no finalizaron con Javier: unos meses después ella misma protagonizó un terrible accidente.
No obstante, siempre se las ingenió para salir adelante. Con apenas 34 años, ella misma asegura que no sabe cuántos años lleva vividos, porque las emociones y las experiencias difíciles hicieron que parecieran muchos más que los almanaques reales.
Su familia está compuesta por su esposo Javier y sus hijos Javier (16 años), quien protagonizó el terrible accidente hace seis años atrás; y sus nenas de 13, 11 y 7 años.
“Mi hijo tiene una pancita de un nene de 3 años, porque cuando lo chocó el caballo le explotó el hígado, le lastimó el bazo, le pinchó uno de los pulmones, tuvo más de once operaciones y además el caballo le quebró el fémur y le arrancó la piernita. Estuvo mucho en silla de ruedas”, explica.
Desde esa época, Marta viene repitiendo el pedido de ayuda para que su casa no se llueva. “Vinieron de la Municipalidad y nos bajaron el techo, pero ahora el agua cae como cortina. Pero estamos tan cansados de renegar, que ya no reclamamos”, señala.

MÁS NOTICIAS

Más Leidas