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“Sólo le doy de comer a pibes que tienen hambre”

El comedor Tía Marta, en el barrio Las Marías, les provee el almuerzo a unos 45 niños los días sábados

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Marta García vive en el barrio Las Marías y hace ya un tiempo que, con esfuerzo y tenacidad, logra darle de comer a un grupo de niños del barrio, los días sábados. Ella abre su casa, donde los lujos no le sobran, pero que cobija a los más pequeños que allí encuentran un sabroso plato de comida y también un lugar para poder pasar, muchas veces, la tarde entera del sábado.

Universidad Siglo 21

Marta dialogó con La Verdad y contó cómo trabaja junto a su ayudante incondicional, María Belén Martiarena, y su  esposo, Javier Eusebio Martiarena.

“El comedor está ubicado en calle Avellaneda 1888, que es mi casa. En los comienzos el comedor se llamaba Tía Mona, porque estaba apoyada por la Fundación Milagros de Junín. Pero hace cosa de un mes, sin ningún motivo, se quiso retirar y me dejó sola. Mis nenes iban al merendero de la Fundación Milagros y yo le comentaba a Marina Montaiuti, que necesitaba hacer algo por los más chicos del barrio. Lo que ocurre es que, de lunes a viernes, en época de clase, los chicos comen en la escuela y, los sábados también merendaban en otro lugar del barrio. Pero cuando se terminaron las clases, se acabó todo”, comenzó contando.

“Los chicos meriendan, dos o tres veces por semana, en un merendero que se llama Rayito de Sol, que queda acá cerquita y los sábados les doy la comida. A veces, me donan pan y facturas, y, cuando también me dan la leche, les puedo preparar una merienda para la tarde. Son muchos los chicos que vienen a comer, unos 45. Son chicos que no tienen para comer, por eso van a mi casa. En mi casa no es que comen y se van. Después de almorzar se quedan jugando y ahora, que hace calor me donaron una pileta así que se van casi de noche, pasan todo el día conmigo”, explicó.

 

Empezar de nuevo

Marta está muy conmovida por la realidad que se vive en su barrio y dijo a La Verdad “muchos me preguntan, por el domingo, si también les voy a dar de comer o el lunes. Yo lo que trato de hacer es ir juntando todo lo que pueda en la semana de las donaciones y guardarlo. Yo tengo cocina, ollas, platos, todo, porque cuando la gente de la Fundación Milagros dejó de ayudarme, se llevó todo. Por suerte ya nos estamos acomodando. A mí, la desesperación me agarra los días jueves, cuando aúno no tengo nada para cocinar el sábado. Mi marido trabaja de albañil y cuidando autos, yo estaba cuidando a una señora y, muchas veces, no llego con la plata para poner de mi bolsillo, y eso me angustia. Yo hago de comer lo que sale, pollo, tuco, fideos y arroz, y estoy reservando leche y chocolate para el invierno. Ahora, los sábados, a las 9 de la mañana, ya los tengo a todos en mi casa, esperando. Tengo que agradecer profundamente a todos los que colaboran con la comida, con la fruta, los chicos más que agradecidos”. 

Sobre esta nueva etapa, en la que se puso a dar de comer sola, contó que “yo no sé porque se abrieron desde la Fundación, no me dieron ninguna explicación. Nunca habló conmigo, vino un día y se llevó las cosas. El día que inauguramos subió fotos, parecía que todo era una fiesta y ahora, me dejan en banda. Fuimos usados, esa es la sensación. Yo no quiero plata porque esto no es para mí, es para los chicos, siento que se aprovechan de la buena voluntad que tenemos. La Fundación me pidió los datos de todos los nenes que comen en mi casa y se llevó una lista y, esto lo siento no lo sé a ciencia cierta, pero para mí debe estar cobrando algún tipo de subsidio o beca y se lo quedan. Para mí deben cobrar alguna especie de seguro, no sé, a lo mejor me equivoco. Para Reyes, me enteré en un negocio que le habían dado a la Fundación plata para comprar insumos para el comedor, y a nosotros nunca nos llegó, es decir nos dejaron de ayudar pero siguen recibiendo lo que es para nosotros”.

 

Impotencia

Ante esta situación, Marta García manifestó que “me puse a llorar en el negocio, no llego con la plata para darles de comer y otros van y cobran una ayuda que era para nosotros. Lo que quiero dejar en claro es que el comedor Tía Marta ya no tiene nada que ver con la Fundación Milagros, a nosotros no me dan nada. No quiero hacer lío, pero no quiero que me usen. Creo que la responsable de esto lo hace, porque tiene la ventaja de haber constituido una fundación y yo no soy nadie, sólo alguien que ayuda a los chicos sin pedir nada a cambio. Fui a la municipalidad para pedir ayuda para el comedor, hablé con Marisa Ferrari y me dijo que no me puede ayudar porque no tengo una fundación que me ampare y yo no tengo ningún papel en donde costa que sólo le doy de comer a pibes que tienen hambre”.

 

 

Haciendo Obras 2

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