Semana Social bajo el lema “Nadie se salva solo”
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Semana Social bajo el lema “Nadie se salva solo”

La última jornada de esta semana social puso el acento en “El día después: Pensando la reactivación económica”, a fin de reflexionar sobre los modos de la economía y el trabajo, el rol del Estado, en una Nación que integre a todos.

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Los Obispos de la Comisión Episcopal de Pastoral Social (CEPAS), bajo el lema “Nadie se salva solo”, invitaron a reflexionar en la semana social sobre la importancia de la unidad, el diálogo y una economía con rostro humano. Se llevó a cabo este año de manera virtual, y el tema central fue el análisis de la pandemia y el escenario que se nos presenta para superarla. Participaron destacados pensadores de la Iglesia, el mundo de la política y la Sociedad Civil.

La última jornada de esta semana social puso el acento en “El día después: Pensando la reactivación económica”, a fin de reflexionar sobre los modos de la economía y el trabajo, el rol del Estado, en una Nación que integre a todos.

Inicialmente hizo uso de la palabra Jose Oscari, dirigente de Barrios de Pie, quien afirmó que la pandemia afectó severamente a los sectores populares, y que les resulta muy difícil imaginar cómo salir solos de esta situación.

En tanto, Martín Lousteau, senador nacional de la Ciudad de Buenos Aires por Juntos por el Cambio, trazó un panorama crítico respecto a la cantidad de crisis económicas de todo tipo que viene padeciendo sistemáticamente nuestro país: hiperinflación, recesión, default, devaluación, deuda y, a todo esto, ahora se suma la pandemia que, por cierto, deja muchas consecuencias negativas fundamentalmente, aumentando la pobreza y la desigualdad.

A continuación, habló Miguel Acevedo, presidente de la Unión Industrial Argentina, quien abogó por un diálogo integral y consideró que se necesita «un plan económico».
Luego habló María Fernanda Raverta, directora ejecutiva de la ANSES, quien señaló que la pospandemia debe discutirse durante la pandemia y tiene que tener al trabajo como eje y gran ordenador de la vida social.

Finalmente, monseñor Jorge Eduardo Scheinig, Arzobispo de Mercedes-Luján e integrante de la Cepas, agradeció la participación de los disertantes a lo largo de estos cinco días, parafraseando al papa Francisco: «Es necesario preparar el futuro, entendiendo para ello que ahora más que nunca son las comunidades las que deben tener un rol protagónico, especialmente la comunidad política que tiene la responsabilidad de reestructurar el bien común. El Arzobispo reflexionó sobre el ejercicio del diálogo de esta semana, sosteniendo que hay que generar una estructura de diálogo en el que todos puedan trabajar para el bien común.

Comunicado final de la Comisión Episcopal de Pastoral Social
Al terminar la Semana Social los Obispos de la CEPAS emitieron un comunicado en el que, tras analizar la situación de crisis generada por la pandemia, afirman que «Tierra, Techo y Trabajo deben ser derechos sagrados y organizadores de la economía y la sociedad», demandan un «gran acuerdo social y político» y piden trabajar por la esperanza, porque «si no hay esperanza para los pobres no la hay para nadie».

El texto advierte sobre la gravedad de la situación social y demanda la tarea conjunta de todos los actores de la sociedad para encontrar soluciones a la coyuntura. El documento lleva por título «Nadie se salva solo», el lema que encabezó todos los paneles celebrados a lo largo de la semana. La declaración describe la pandemia como «una suerte de noche, de tinieblas» y que por tratarse de una tragedia y estando «todos en la misma barca» debe ser «una oportunidad de transformación para el interés de la comunidad». Por ello, dicen los Obispos, «pensamos que es necesaria una profunda conversión humanística y ecológica para construir una sociedad más igualitaria, avanzando hacia una ‘economía con rostro humano’ que ponga el centro de la atención en las personas, en la dignidad del trabajo, en el diálogo, para una economía de la producción y el consumo antes que de la especulación». La «economía con rostro humano» es una propuesta que el papa Francisco viene retomando en su magisterio para todo el mundo.

En la misma línea de pensamiento se inscribe el pedido, también señalado en el documento, de «apostar a una profunda transformación de nuestra patria» como forma de superar el difícil momento, y para lo cual se retoma la propuesta, también enunciada por Francisco, de «la tres T»: techo, tierra y trabajo. Esta fórmula, inaugurada por el Papa en su mensaje a los movimientos sociales reunidos con él en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) en 2015, es planteada ahora por los obispos de Pastoral Social como «derechos sagrados y organizadores de la economía y de la sociedad».

Respecto de la consecuencia social de la pandemia los obispos reconocen que el impacto se ha sentido en todos los sectores sociales, pero advierten que las mayores secuelas y las más graves se dan en los barrios populares. Y tras admitir que «el país no estaba preparado» para afrontar tamaña contingencia reconocen que pese a ello «se pudieron optimizar los recursos destinados a salud y valorizar el rol del hospital público como elemento fundamental, sobre todo para los sectores más carenciados».

Al referirse a las consecuencias de la pandemia en la educación y la ciudadanía, el documento episcopal señala el «aumento de la brecha social» haciendo alusión a un punto hasta ahora poco mencionado en los textos del episcopado católico: «la falta de inclusión digital y conectividad, circunstancia que revaloriza el acceso a Internet como ‘un derecho humano’”.

Mirando hacia la salida pospandemia y tras reconocer que se trata de un sendero con muchas dificultades, los Obispos sostienen que se «necesita abrir nuevos caminos que superen el odio y los internismos, por ello es que también lo vemos como una oportunidad». Porque, agregan, es una «oportunidad en la cual el encuentro y el diálogo aparecen como imprescindibles para arribar a un gran acuerdo social y político, acuerdo que englobe el sistema educativo, judicial, energético, la matriz productiva, poniendo eje tanto en los mercados internos como externos».

En el mismo sentido entienden los Obispos de Pastoral Social que es necesario establecer modos que hagan crecer la economía «pero protegiendo el cuidado de la persona humana y el equilibrio ambiental, en el marco de un desarrollo sustentable» siguiendo la orientación expuesta por el papa Francisco en su Encíclica Laudato Si. Y agregan que para ello es necesario «recuperar el federalismo, salir de los esquemas de concentración capitalinos y volver a poner en valor la diversidad productiva y las potencialidades de las distintas regiones del país».

El documento se cierra con un llamado trabajar por la esperanza apoyado en la idea de que «si no hay esperanza para los pobres no la hay para nadie».

Texto completo del comunicado
Una vez más nos reunimos en esta Semana Social, esta vez de modo virtual, en el contexto de la pandemia del COVID 19. El entorno digital permitió la participación de muchas personas de distintos lugares de nuestro país, a través de estas jornadas donde nuestro eje central fue discernir que “NADIE SE SALVA SOLO”.

Nos encontramos frente a esta pandemia, una suerte de noche, de tinieblas, todos en la misma barca, entendemos que estamos ante una tragedia, pero ésta debe ser una oportunidad de transformación por el interés de la comunidad.

Por ello pensamos que es necesaria una profunda conversión humanística y ecológica para construir una sociedad más igualitaria, avanzando hacia una “economía con rostro humano” que ponga el centro de la atención en las personas, en la dignidad del trabajo, en el diálogo, para una economía de la producción y el consumo antes que de la especulación.

Nos conmovieron los relatos sobre el comportamiento heroico que está teniendo nuestro pueblo a través de los comedores, escuelas, docentes, empresarios, dirigentes sindicales, políticos, jóvenes y el Ejército. Se trata de un momento de elección, un tiempo de prueba, donde tenemos que apostar a una profunda transformación de nuestra patria, teniendo presente que Tierra, Techo y Trabajo deben ser derechos sagrados y organizadores de la economía y la sociedad.

Escuchamos a los expertos en salud destacando que la pandemia ha impactado en todos los sectores sociales pero, especialmente, en los barrios populares, para los cuales además serán más graves las consecuencias. Que el país no estaba preparado, como otros tampoco, para afrontar una contingencia de esa magnitud, pero se pudieron optimizar los recursos destinados a salud y valorizar el rol del hospital público como elemento fundamental, sobre todo para los sectores más carenciados.

Escuchamos también la gravedad de las consecuencias de la pandemia en la educación y la ciudadanía, al verificarse un aumento en la brecha social a consecuencia de la falta de inclusión digital y conectividad, circunstancia que revaloriza el acceso a Internet como “un derecho humano”.

Como escenario de salida pospandemia tenemos claro encontrarnos en un país con muchas dificultades, pero que necesita abrir nuevos caminos que superen el odio y los internismos, por ello es que también lo vemos como una oportunidad. Oportunidad en la cual el encuentro y el diálogo aparecen como imprescindibles para arribar a un gran acuerdo social y político, acuerdo que englobe el sistema educativo, judicial, energético, la matriz productiva, poniendo eje tanto en los mercados internos como externos. Que permita establecer modos de crecer la economía pero protegiendo el cuidado de la persona humana y el equilibrio ambiental, en el marco de un desarrollo sustentable como lo inspira Laudato Si. En este sentido es que también aparece la oportunidad de recuperar el federalismo, salir de los esquemas de concentración capitalinos y volver a poner en valor la diversidad productiva y las potencialidades de las distintas regiones del país.

Ante este escenario inédito a escala global, como pastores a los que se nos confió esta tarea de iluminar la labor de la pastoral social del episcopado, abogamos para que trabajemos por la esperanza, teniendo siempre presente que si no hay esperanza para los pobres no la hay para nadie.

Nos confiamos a nuestra Madre que, más que nunca desde Luján hoy nos dice: ¡Argentina! ¡Canta y camina!
Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos.

Más información en Facebook y demás redes sociales de la Comisión Episcopal de Pastoral Social.

Fuente: Aica
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