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Segar la vida, nunca es una forma de amor

La muerte de Ana Carina Simeón y posterior suicidio de su ex pareja, generó profunda conmoción no solo en el ámbito familiar y de allegados sino en toda la comunidad y despertó la memoria de muchos que recordaron hechos de características similares, registrados en las últimas décadas en Junín.

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Los más memoriosos se remontaron a principios de la década del ´90 cuando en medio de una disputa laboral, el propietario de una empresa de transportes urbano, Manuel Vidal, utilizando un arma de fuego puso fin al enfrentamiento disparando sobre su empleado con una Smith & Wesson. No pasaron más que algunos segundos cuando las empleadas de la oficina donde se produjo el hecho, escucharon un segundo disparo. El empresario había optado por suicidarse.
También viejos vecinos de la Torre III del Barrio FONAVI no pueden aún olvidar el impacto que les produjo la muerte de dos de los ocupantes de departamentos del mismo edificio.
Aquella mañana del 30 de julio de 1994, aún con su uniforme de Infantería de la Policía, ingresaba a su departamento Ricardo Rossatto.
El hombre entró en su departamento, se cambió la ropa, tomó su arma reglamentaria, se acercó a un pasillo, llamó a la vecina del cuarto piso, Olga Bonina de Sueldo, y le disparó en la cabeza.
Silenciosamente volvió a su hogar, se encerró en el baño, apoyó el caño del arma en el paladar y se suicidó.
Algunos años después, ya a principios de siglo, Florentina Ronchi se aprestaba para preparar una torta dispuesta a festejar su cumpleaños, apenas 17.
Estaba en la calle, caminaba rumbo a su casa en Barrio Villa Ortega cuando a poco de llegar, la sorprendió Emiliano Chirino.
En segundos, la nada, el joven de 22 años le disparó a quemarropa.
Y así como llegó desapareció. Se trasladó apenas unos cientos de metros, ingresó a su casa y puso fin a su vida con el arma que había utilizado para asesinar a una joven que apenas conocía.
Claudia Abampini era una joven maestra de artes plásticas que vivía en el Barrio Prado Español. Mantenía una relación afectiva con Víctor Brugnoli.
Para ella todo terminó el 31 de octubre de 2001. La encontraron asesinada en su casa de calle Posadas. El autor había sido su novio, quien también puso fin a su vida en el mismo lugar. Había utilizado un arma de fuego.

MÁS QUE UNA ESTADÍSTICA

El homicidio seguido se suicidio es uno de los crímenes más impactante para una sociedad que trata de encontrar explicación a lo inexplicable.
Y si bien no existe un mismo patrón para intentar al menos entender, se repiten características particulares y muy pocas escapan a las generales.
Aunque los homicidios seguidos de suicidios no son un tema de estudio frecuente, existen trabajos que avanzan sobre ciertas características que a la hora de compararlas con las sucedidas en nuestra ciudad, guardan ciertas similitudes.
Por lo general, entre el asesinato y el suicidio, no transcurren más de 24 horas. Así se dio en los cinco casos registrados en nuestra ciudad en los últimos treinta años.

Estudios científicos detallan que los homicidios seguidos de suicidios ocurren entre personas relacionadas íntimamente, dentro de sus propias casas y suelen precipitarse por cuestiones familiares. De los hechos locales, solo uno se produjo en el ámbito laboral. Los cuatro restantes se ajustan a la norma.
También coinciden cuando definen a las víctimas, por lo general mujeres con edad inferior a la del agresor, ya que de cinco situaciones, solo una víctima fue hombre.
Tampoco difieren los estudios con la experiencia local al determinar que el instrumento más empleado es el arma de fuego. Solo Ana Carina Simeone fue ultimada con un arma blanca.
La mayoría de veces el homicida es el marido, ex marido, novio o ex novio de la víctima. En Junín, en dos de las circunstancias hay coincidencia ya que en las tres restantes fueron por cuestiones laborales, conflicto vecinal y puntualmente el de Emiliano Chirino que nunca mantuvo una relación con su víctima.
Otra característica que no se ha dado en nuestro medio es cuando el asesino también ultima a niños con quienes conviven, si bien no está ausente de hechos registrados sobre todo en Lincoln o Chacabuco, en los últimos treinta años.
En los cinco casos registrados en Junín, los agresores fueron hombres que se suicidaron antes de transcurridas las primeras 24 horas posteriores a los homicidios, eran adultos y tenían entre 22 y 59 años.
Sus víctimas, cuatro mujeres y un hombre, de entre 17 y 53 años
Y finalmente, el elemento más utilizado fue el arma de fuego. Sólo uno de los suicidas, Leonardo Pugliese, eligió el ahorcamiento como forma.
Finalmente, vale destacar que los datos observados pueden ser considerados relativamente pocos en Junín (5.2%) en comparación con el suicidio y el homicidio separadamente, pero no por ello perder de vista que se debe estar atentos a determinadas conductas, sobre todo en aquellas personas para quienes el sentimiento propiedad, pérdida o posibilidad de perder una relación adquieren especial envergadura.

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