Por Redacción Grupo La Verdad
El vicepresidente de la Federación de Almaceneros de la provincia de Buenos Aires, Fernando Savore, analizó el actual escenario económico y marcó un contraste fuerte respecto del 2023: por primera vez en mucho tiempo, el comercio minorista observa niveles de estabilidad en los precios, lo que permite trabajar con mayor previsibilidad y sin los sobresaltos que caracterizaron al último año de alta inflación.
Dueño de un almacén de barrio desde hace décadas en el conurbano, sostuvo que hoy el rubro vive un clima completamente distinto al de hace un año, cuando la incertidumbre era tal que los comerciantes no sabían si al día siguiente podrían reponer la mercadería o a qué valor. “No hay nada más importante para un comerciante que tener un marco de estabilidad —explicó—. Comprar a 10, vender a 13, reponer la mercadería a 10 y volver a venderla a 13. Eso debería ser lo normal”.
El contraste con 2023: inflación diaria, aumentos descontrolados y faltantes
En ese sentido el comerciante recordó que en 2023 el sector llegó a momentos críticos en los que ni siquiera existían precios de referencia. “Hemos pasado momentos del país donde no sabíamos los valores y los costos de reposición. La gente trataba de comprar lo más posible para llenar la heladera y la alacena porque era probable que al otro día la mercadería aumentara”, señaló.
Esa dinámica, explicó, generó efectos en cadena: comerciantes sin capacidad de reponer, consumidores desesperados por anticiparse a los aumentos y un mercado mayorista que aprovechaba la volatilidad. “Cuando hay estabilidad de precios uno puede trabajar. Cuando no, todo se descoloca”, expresó.
Incluso marcó episodios de desabastecimiento, particularmente en productos básicos como aceite y azúcar, que atribuyó de manera directa a maniobras especulativas. “En algún momento hasta desabastecimiento en algunos productos hemos tenido. Eso es especulación”, apuntó.
Para graficar lo ocurrido, Savore citó dos ejemplos contundentes: “En 2023 llegamos a pagar el arroz más conocido 4.000 pesos de costo y hoy está 2.200. Un kilo de azúcar lo pagamos 1.400 y hoy está 890. ¿Quién se quedó con esa diferencia?”.
Sin rodeos, afirmó: “A algunos empresarios les gusta el carnaval. Alguien se quedó con la diferencia de precios. Es dinero del trabajador. El comerciante se agarra la cabeza, al trabajador le destruyen el bolsillo y alguien gana en todo eso”.
Un escenario más estable, pero con cautela
Aunque valoró la estabilidad actual, Savore destacó que tanto comerciantes como mayoristas se muestran cautos. Nadie quiere sobrestockear productos que quizás no se vendan, especialmente en rubros estacionales.
“Todos están muy cautos, y hasta en los mayoristas veo esa cautela. Este año nadie quiere arriesgar porque después la mercadería no se vende y nadie quiere arriesgar”, explicó.
Aun así, reconoció que la estabilidad en los precios mayoristas permite planificar, marcar precios con cierta lógica y evitar los incrementos semanales que desfiguraron por completo la referencia del consumidor. “Por lo que se ve, hay precios que no están cambiando. Tenemos valores que siguen de hace un mes atrás”, puntualizó.
Empresas que aumentan sin lógica y el rol de las pymes
Pese a esta estabilidad general, el vicepresidente de la Federación de Almaceneros, advirtió que todavía hay casos puntuales de empresas que aplican aumentos que calificó como “descabellados”. Citó como ejemplo reciente una marca de café que envió listado con actualizaciones del 5% al 10% aun en plena temporada baja del consumo.
“Ocurre que a veces las empresas arman un cuadro de confusión con los precios, con aumentos descolocados”, señaló. Y relató un caso extremo: “Un queso crema de la marca más conocida que vendíamos a 3.800 pesos le quitaron la bonificación y deberíamos venderlo a 5.600. Una locura, porque sabemos que ese producto queda en la góndola y no lo vamos a vender”.
Muchas veces —continuó—, las empresas retroceden en estas maniobras y vuelven a aplicar bonificaciones luego de unos días. “Quizás pasa una semana, recapacitan, y te envían de nuevo la bonificación. Estas jugadas lo único que hacen es dilatar la continuidad de ventas”, afirmó.
Frente a ese comportamiento, destacó el avance constante de marcas pymes, que ganan espacio gracias a precios mucho más competitivos y calidad aceptable. “Un jabón líquido de primera marca hay que venderlo a 8.000 o 9.000 pesos los 3 litros. Con una empresa pyme lo tenemos por 3.500. Un pan lactal de primera marca a 6.700 pesos y un pyme a 2.000 o 2.500”, detalló.
Según dijo, este fenómeno responde a una realidad clara: el consumidor busca precio, y el comerciante se adapta. “La marca pyme ocupa cada vez más lugar en la góndola porque uno compra en función de lo que la gente demanda”.
La canasta navideña
Aunque Savore mencionó la canasta navideña que cada año prepara el sector, dejó claro que en este contexto el foco pasa por la estabilidad y no por la estacionalidad. En 2023 había sido casi imposible trabajar por los aumentos semanales y el riesgo de quedar con mercadería sin vender.
Hoy el panorama es distinto, aunque aclaró que todavía resta definir el valor de la sidra y que tanto comerciantes como mayoristas están evitando sobrecargar inventarios. “No hay todavía espíritu navideño y todos están muy cautos”, dijo.






