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Sarobe expone “A rajatabla”

La muestra quedará inaugurada esta noche a las 21.

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Encontramos diferentes líneas de trabajo en las esculturas presentadas por Daniel Sarobe en 847 Estación de Arte, aunque todas se unifican en la elección del material: la madera.

En una de ellas las obras están realizadas por talla directa, muy lijadas y enceradas, lo que da como resultado una textura muy suave y lisa, atractiva al tacto. En la serie “El otro”, el artista incorpora la técnica japonesa Shou Sugi Ban, que consiste en quemar la superficie de las piezas, generándose una tonalidad de una negra iridiscencia.

Otra línea de trabajo está centrada en la técnica del ensamblado. En algunas hay módulos triangulares que se repiten en rotación, generando diferentes secuencias armónicas espiraladas.

En esta ocasión, la madera se presenta también en forma de instalación: raíces o viejos durmientes trabajados por el tiempo, casi sin otra intervención del artista que el señalamiento de una belleza que no necesita más que ser apreciada.

Tal vez su obra más característica sea aquella en que las piezas se van construyendo en capas, de pequeñas porciones de madera de diferentes tipos, que sobraban en el taller. Cada tablita encolada y clavada hasta llegar a una aproximación de la forma y el tamaño deseados. La unión de todos esos fragmentos, que solos no son casi nada, logran conformar un volumen tal, que es difícil de obtener en madera de una sola pieza. Posteriormente se talla, lija y pule hasta concretar la idea proyectada. En el resultado final se observa un diálogo entre la rápida fluidez de las curvas y el ritmo pautado generado por la alternancia de colores y texturas. Esta serie presenta también una tensión entre la simplicidad de la forma y la evidencia de su complejidad constructiva, entre lo geométrico de los fragmentos y lo orgánico de la totalidad. Pretenden ser un elogio del descarte, del retazo, del residuo. Para construir un mueble, se cortan las maderas de acuerdo a las medidas necesarias. ¿Por qué a algunos pedazos les toca la suerte de perdurar y a otros, por capricho de los cortes y las longitudes, tienen un destino de fuego? Estas obras nacen, justamente, de la resistencia a desechar lo que en su insignificancia ya no sirve, lo que el pragmatismo indica que tenemos que tirar. Una metáfora posible de la solidaridad, del poder del trabajo cooperativo o del valor de lo humilde y olvidado.

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