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Sarmiento de Junín y la Selección, ejemplos para todos

El club de nuestra ciudad, al igual que la selección argentina de Messi, perdió 3 finales de manera consecutiva y luego se pudo consagrar. Ambas entidades dejaron un legado que reivindica la constancia, el esfuerzo, la rebeldía en momentos complicados y que los sueños se pueden cumplir.

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Los futbolistas de Sarmiento de Junín festejando el último título.

La selección argentina con Messi como abanderado pudo consagrase recientemente en la Copa América y en el último encuentro por Eliminatorias Sudamericanas ante Bolivia, la alegría, la calma y la reivindicación al astro aparecieron a flor de piel. Como nunca antes.

Tal es así que el número “10” de la “Albiceleste” tras el partido donde convirtió tres goles, soltó una emoción que visibilizaba un descargo emocional por la presión sentida y la mochila que dejó de lado tras conseguir un objetivo deportivo. “Es algo que esperé mucho”, confesó luego del 3-0 en el “Monumental”.

El resultado es importante, seguramente lo más importante para todos los hinchas, tal como dijo Carlos Salvador Bilardo hace década atrás. Sin embargo, una cosa no quita la otra cuando hay un camino que es muchísimo más exitoso que pobre y no viceversa. Precisamente en cuanto a resultados y también por lo hecho para llegar a los mismos.

Es para destacar que la selección logró disputar una final de un Mundial ante una potencia como lo es Alemania y seguidamente a ese suceso, que puso en alto la bandera de nuestro país ni más ni menos que en Brasil, llegaron las dos finales de manera consecutiva ante Chile donde cayó derrotada.

Destaco que para llegar a una instancia decisiva en cualquier certamen es sumamente importante porque hay un camino recorrido y porque tantos equipo anhelan estar allí. En realidad todos, y solo llegan dos. Es por ello que Argentina puso al fútbol doméstico en los primeros planos, pese a los tantísimos inconvenientes que suceden en esta tierra.

Las lágrimas de Messi del pasado jueves eran de alegría pero también podemos reflexionar de porqué los argentinos, el futbolero promedio y la sociedad en general, no valora lo hecho antes por el mejor jugador del mundo y por aquellos planteles que lo acompañaron. ¿Acaso tener un club en ruinas es igual a perder una final? Creería que no.

Un resultado deportivo puede estar supeditado a un nivel colectivo e individual en un equipo, pero también a lo que haga el rival, el aspecto psicológico y esa cuota que muchos llaman “azar” que hace que la pelota quizás pegue en el palo y entre o rebote y salga; o simplemente que los aciertos y errores inclinen la balanza para un lado o el otro. El fútbol muchas veces es impredecible.

En Sarmiento de Junín podemos encontrar una situación similar en relación a las finales perdidas. El “Verde” estuvo en contexto para ascender en tres ocasiones (1 para salir campeón) y no pudo imponerse. En la primera no pudo hacer pie en Tucumán pero en las restantes el destino parecía jugarle una mala pasada con la situaciones desperdiciadas debajo de los arcos. Es fútbol, por eso es tan lindo.

Y en la cuarta chance, Sarmiento de Junín repitió la fórmula de la constancia, el esfuerzo, el enfoque en el objetivo. Formando grandes grupos humanos que al fin y al cabo habitualmente son los que logran cosas. Es que se defienden uno con el otro tanto dentro como fuera de la cancha.

Quizás el exitismo produjo un cierto bloque para valorar lo logrado por Sarmiento –pese a caer en la finales- porque de ser un equipo de mitad de tabla en la “B” Metropolitana en años anteriores, pasó a que el país hable de la institución por el crecimiento y porque llegar a una final también implica televisación, repercusión mediática, ingreso económico, etc.

Un claro ejemplo para la sociedad fue lo de Sarmiento de Junín. Muchos periodistas aluden a que cuando se gesta algo semejante a que es un mensaje para “los más chicos”. Me parece que es sectorizar demasiado a una generación un legado que puede ser aplicado por niños, jóvenes y adultos. Puede ser para el ámbito deportivo o para una facultad, el trabajo y hasta en las relaciones humanas.

La vorágine con la que se vive hoy, los medios de comunicación, las redes sociales, el maldito exitismo, le han quitado ese romanticismo al fútbol y la lealtad de los hinchas de cualquier club para con la camiseta, los colores, su idiosincrasia, la historia. De hecho a veces se convierte en amor-odio de un instante para otro como la reconocida marca de cerveza «Quilmes» lo supo visibilizar en una vieja publicidad.

No deberíamos olvidar nunca que es un deporte en el cual hay intereses diversos con mucha magnitud y se hace complicado competir con clubes gigantes o gerenciados, más aún para un club como Sarmiento que todo cuesta un Perú y si las cuatro patas de la mesas no tiran para adelante, en pos de progresar, se hace muy difícil.

Por suerte existen equipos como Sarmiento de Junín y la selección argentina, podemos sumar a Quilmes a esta lista (perdió 5 finales consecutivas), que le dan una lección a todos a la hora de cumplir sueños.

En el caso de los verdolagas podemos encontrar aún más mérito. Sin ser de Capital Federal y estar inmerso en una ciudad de 100.000 habitantes del interior de la provincia de Buenos Aires, donde la idiosincrasia es muy particular hasta para dar una vuelta a la manzana por Roque Sáenz Peña, haber alcanzado lo que logró parece una utopía aunque fue y es realidad.

Dos de los mejores cantautores argentinos como lo son el Indio Solari y Gustavo Cerati con fases como “merecemos bellos milagros y ocurrirán” y “tarda en llegar y al final hay recompensa”, también describen a la perfección lo que vivieron Sarmiento y la selección argentina en el fútbol.

No es un dato menor que ambos equipo gritaron campeón con una pandemia latente que nos dejó muchas muertes y un sinfín de personas que padecieron la enfermedad y la cuarentena para poder combatir al coronavirus. Sin público en las tribunas, con protocolos sanitarios y nuevas normas de convivencia tanto a nivel profesional como personal.

Se dio cuando se tenía que dar. Algún escritor como Eduardo Sacheri podría decir que Sarmiento de Junín y la selección no pudieron festejar con anterioridad porque les esperaba algo mucho mayor tiempo después. Salir campeón en pandemia no es sopa. Le brindaron alegría a gente que no pudo ir a la cancha y principalmente que luchó y la pasó tan mal contra el virus que azota al mundo.

Tal vez cuando menos lo imaginaban el “Verde” y la “Albiceleste” sumaron una copa más a sus vitrinas. En tiempos de miedo, incertidumbre y pánico a nivel sanitario y también deportivo. La Primera Nacional por mucho tiempo ni siquiera tuvo formato definido y la Copa América iba a realizarse en Argentina y no en el país vecino. No importó. Finalmente consiguieron lo que se propusieron y terminaron mereciendo.

Por: Mario Nicolás Uhalt.

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