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Rosana Guardia: Jubilan a la directora, pero jamás a la artista

Se despidió del cargo jerárquico en la Escuela de Arte Xul Solar: a los 53 años, consideró que es hora de emprender nuevos proyectos.

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El miércoles, a las 15, ingresó al establecimiento de Saavedra y Chacabuco por última vez como directora. Minutos después, recibió a LA VERDAD en su despacho, ese que la cobijó durante los últimos 16 años.

Universidad Siglo 21

Entre lágrimas, con la voz apretada por el llanto y repleta de palabras de agradecimiento, Rosana Guardia contó cómo fueron estos 32 años de docencia y cómo seguirá la vida personal de la artista plástica más reconocida de Junín.

Transitó esos pasillos y aulas como alumna, arrancando allá lejos cuando tenía apenas 15 años. Y después las vieron como profesora, como secretaria y como directora: cumplió todas las funciones, siempre priorizando el trabajo en equipo y soñando alternativas para que la Escuela de Arte “Xul Solar” creciera con esplendor.

Se despide como responsable máxima, pero Rosana tiene su destino entreligado con la Escuela, donde queda parte de su corazón.

– ¿Dónde fueron tus estudios?
– Hice el primario en la Escuela 16, el secundario en la Escuela Normal y mi primera carrera terciaria fue Magisterio en Artes Visuales, que hice en la Escuela de Arte, a partir de la cual obtuve mi fuente laboral.
Empecé a venir a los cursos de difusión libre para niños alrededor del ’76, cuando la Escuela apenas tenía dos años de existencia, así que llevo toda la vida acá.

– ¿Y la vocación artística existió desde siempre?

Me gustaba mucho dibujar y pintar desde muy chicas, aunque decía que iba a ser partera y también me agradaban mucho las matemáticas. Cuando iba a tercer año del secundario, la profesora Berta Ratto fue a promocionar las carreras que se brindaban en la Escuela, y se podía ingresar con tercer año del secundario aprobado. Así que yo hice mis dos primeros años simultáneamente con cuarto y quinto del nivel medio, y después hice otros dos.

Tenía apenas 18 años cuando me recibí de maestra de Artes Visuales.

Mi primer trabajo fue en diciembre en la escuela de verano del Hogar Feliz: ahí arranqué mi vida feliz como docente.
Después continué trabajando en Morse, otro secundario maravilloso y que me dio a mis grandes amigas. También estuve en muchas otras, en distintos lugares, y en la Escuela de Arte empecé a trabajar en los cursos de niños y después entré a dar clases, en paralelo con la Escuela de Estética donde estuve desde 1991 al 2000, hasta que rendí para ser secretaria acá y luego, desde el 2002, ejercer como directora.

Esto significa una larga trayectoria, una larga recorrida, una vida dedicada a trabajar, disfrutar, crear, ir modificando a la Escuela. No se puede estancar sino moverse siempre, pero viví una etapa larguísima de gestión.

–¿Esta vena artística viene de familia?
–Mi mamá no era artista plástica, pero fabricaba ropa de bebé, tejía y bordaba. Por eso, yo a los 4 años sabía enhebrar la aguja y hacer la rosita rococó. Así que viene de ella la motricidad fina y la manualidad.

– Sabemos que le diste mucho a la Escuela, pero vos ¿qué te llevas?
– De todo. Mucho aprendizaje de cada persona con la que fui trabajando: aprendí de lo que no quería hacer, de lo que no quería repetir. Cuando empecé a ser secretaria estaba Marta Bosques como directora y Marita Berro como secretaria, de toda la vida, así que yo me sentaba con ellas para aprender porque el aprendizaje de cada cargo es día a día, ya que todo se va modificando y representa un aprendizaje diario y continuo.
Me llevo mucho afecto de los alumnos, colegas, amigos extrañables como Horacio Alonso con quienes trabajamos y aprendimos juntos.
Además, cuando me convertí en directora, muchos de los que habían sido mis formadores pasaron a ser guiados por mí. Fue una situación bastante extraña pasar a ser su directora, y significó un aprendizaje conjunto trabajar en equipo. Acá durante 16 años hicimos la escuela junto a todos, mi vicedirectora que quedará a cargo, los jefes de área, los profesores, encargados de medios, bibliotecarios, preceptores, auxiliares, todos, y eso hizo que la Escuela creciera tanto.

-¿Cómo sentís que dejás la Escuela después de 16 años?
-Con muchos cambios, porque nosotros tuvimos la demolición de la mitad del edificio, el traslado a distintos anexos, la vuelta a nuestro lugar y pudimos equiparla mucho con distintos convenios a través de la presentación de muchos proyectos que llevaron mucho trabajo.
Además, se dio una tarea conjunta con la cooperadora para que los alumnos paguen una cuota, pero que a la vez estos fondos vuelvan a la Escuela y que continuamente esté mejorando.

-¿Quedó algo en el camino que te hubiese gustado lograr?
-Siempre quedan cosas. Pero rescato que siempre tuvimos un trabajo abierto a la comunidad, trayendo profesionales que brindan charlas y talleres. Siempre queda algo, pero seguramente el equipo lo continuará.

– Más allá de la existencia de una Universidad y otros institutos terciarios en la ciudad, la Escuela siempre tiene una oferta y una demanda importante…
-Sí, la Escuela siempre tiene una presencia importante en la comunidad. Siempre tratamos de hacer hincapié de mantener la calidad educativa, que se formen profesionales lo mejor posible, así que trabajamos mucho con los jefes de área y profesores para mantener la calidad.

– ¿Cómo sigue la vida de Rosana Guardia?
– Concluye para mí una etapa fascinante, es un momento muy emocionante, porque pasé mi vida entre estas paredes. Pero llegó el momento de seguir con otros proyectos, como por ejemplo concluir el trabajo que estamos haciendo en el frente de la Biblioteca Florentino Ameghino, que hacemos con un grupo de alumnos denominado “Después de clases”, con quienes tenían ganas de participar después de la Escuela.

También sigo trabajando en mi casa particular, con muestras y actividad plástica que irán llegando. En la Escuela, seguiré vinculada a través del dictado de una cátedra, y siempre a disposición para cualquiera que necesite ayuda, en el traspaso de información.

Gobierno Local Bigsale

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