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República y Ciudadanía

Por: Soledad Vignolo (*)

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En esta época de crisis sistémica, con un gobierno puesto en el punto de mira, un sistema electoral quebrado que beneficia el turnismo de las dos grandes hegemonías, un sistema que desmantela progresivamente el Estado de Bienestar y retrocede varios siglos recortando derechos fundamentales conseguidos a base de miles de luchas de nuestros abuelos y nuestros padres, llega el momento de plantear una alternativa ciudadana que mantenga todo aquello que defiende una sanidad y educación pública de calidad, una alternativa que garantice el derecho al trabajo y a un salario digno y genuino, una alternativa que rompa una institución corrupta como es la casta política eternizada en el poder y construya una nueva sociedad sustentada en valores cívicos, en la que se planteen derechos y también deberes. Esa alternativa se llama República

No existe una forma de gobierno ideal, pero es importante que dentro de las posibilidades sistemáticas a nuestra disposición optemos por una que contemple los derechos de los ciudadanos. Para que un país consiga ordenarse y establecer un gobierno que no fluctúe y que preserve la paz y el normal funcionamiento de los diversos organismos del territorio, debe pasar antes por innumerables desajustes y dificultades. En Argentina se necesitaron muchos años para conseguir un régimen democrático de esta índole; padecimos muchos golpes de estado. Hasta que finalmente se estableció esta democracia republicana que debemos defender y que hoy se mantiene, pese a los muchos problemas que tengamos. Llevamos 37 años de sistema democrático, la mayoría de ellos entre gobiernos peronistas y radicales, a veces atravesados por alianzas, pero con los mismos actores políticos una y otra vez.

Es hora de cambiar como ciudadanos. El ciudadano es la persona que, por su condición natural o civil de vecino, establece relaciones sociales de tipo privado y público como titular de derechos y obligaciones personalísimos e inalienables reconocidos, al resto de los ciudadanos, bajo el principio formal de igualdad. Algunos intelectuales sostenían que ser ciudadano tenía una vinculación política, tal vez estén en lo cierto. Pero ser ciudadano es más que el simple hecho de cumplir 18 años y tener mayoría de edad, de haber nacido en este país y poder votar en las elecciones para elegir a nuestros representantes en el gobierno, o poder ejercer plenamente lo que conocemos como derechos y deberes ciudadanos tales como obtener el DNI, contraer matrimonio civil, poder trasladarnos libremente por el territorio nacional, por ejemplo. Ser ciudadano es sentirse parte de una estructura social y política, y, sobre todo, asumir responsabilidades y obligaciones en la construcción de la sociedad.

La ciudadanía es poder, tenemos la facultad de realizar actividades con plena autonomía, tomando decisiones responsables en el contexto social actual. Todos somos titulares de poder por lo tanto podemos influir e intervenir en la toma de decisiones en diversos espacios de nuestra vida. Pero solo ejercemos la ciudadanía si participamos en los diferentes espacios en los que nos desenvolvemos, en la familia, en el colegio, en el trabajo, en el barrio, opinando sobre temas que referentes al entorno en el que vivimos, tomando decisiones en beneficio de la sociedad o que impliquen una mejora de la calidad humana, la pregunta es cuantos de nosotros estamos realmente comprometidos.

Ser ciudadano es un derecho que conlleva un deber: el civismo; es decir las normas y el comportamiento sociales que nos permiten convivir en colectividad, sustentado en valores como el respeto hacia el prójimo, el entorno natural y los objetos públicos; la buena educación, la urbanidad y la amabilidad. La ciudadanía ejerce su poder en una república.

Necesitamos la república porque es el sistema que nos puede ofrecer una vida digna a los millones de trabajadores que están desocupados, a los miles de ciudadanos que son desahuciados por los mismos bancos que han sido rescatados con miles de millones de pesos procedentes de fondos públicos, a los jóvenes que trabajan con sueldos basura o que se ven obligados a emigrar para poder vivir, a los jubilados que sobreviven con pensiones miserables. Porque los derechos sociales de la Constitución se vienen vulnerando en este momento donde dejó de importar la división de poderes. La defensa de la República traerá consigo una verdadera ruptura con el populismo que viene arreciando con nuestro país y con la vida lograda por los argentinos con mucho esfuerzo, esa en la que la movilidad de clases es posible.

El estado debe ser un defensor insobornable del poder civil, y lo logra si tiene espíritu republicano, no con un alocado ideario populista. Cuando contemplamos día a día el deterioro creciente de lo público en beneficio de una casta privilegiada, hay que afirmar con toda claridad que únicamente la vuelta a la República podrá garantizar un futuro con una educación y una sanidad públicas y de calidad. La misma que tuvimos y que hoy es un fracaso estrepitoso, producto de muchos gobiernos.

Miles de republicanos manifiestan sus ideas democráticas denostados por otros ciudadanos que parecen descreer de esos ideales, los únicos posibles para asegurar igualdad a la civilidad. Hoy muchos de nuestros derechos inalienables están vulnerados. La justicia no está dando respuesta. Los poderes del estado son tres, deben respetarse y no avasallarse, un gobierno es sólo el administrador momentáneo de los bienes públicos, el verdadero estado es el conjunto de los ciudadanos que elegimos un sistema republicano de vida. No temamos luchar por la salud de la República, es necesario salvarla.

(*) Escritora. Miembro de AAGeCu

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