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Reclusión perpetua para Varela por la muerte de Camila Borda

El Tribunal Criminal Oral 1 lo consideró “autor penalmente responsable de la comisión de los delitos de abuso sexual calificado por haber sido cometido mediante acceso carnal en concurso real con homicidio doblemente calificado por su comisión mediante alevosía y críminis causae”, por el hecho ocurrido el 25 de febrero pasado.

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En fallo unánime, el Tribunal Criminal Oral 1 condenó a la pena de reclusión perpetua a José Carlos Varela por considerarlo “autor penalmente responsable de la comisión de los delitos de abuso sexual calificado por haber sido cometido mediante acceso carnal en concurso real con homicidio doblemente calificado por su comisión mediante alevosía y críminis causae, estas dos últimas calificantes en concurso ideal”.

El hecho que lo lleva en primera instancia a recibir la condena de reclusión perpetua fue el cometido el 25 de febrero del corriente año del que resultara víctima Camila Borda.

Tal como había anunciado el Tribunal Criminal Oral 1, la lectura de veredicto y sentencia se llevó a cabo en la sala de audiencias del sexto piso del edificio de justicia.

Una hora antes del inicio de la audiencia, fue ingresando una importante cantidad de público entre los que se destacaba la presencia de los padres de la víctima y sus abuelos.

Así como durante el debate oral, se destacó la corrección de los presentes que aun cuando escoltado por personal del servicio penitenciario ingresaron esposado en la sala a Varela, se mantuvo en silencio.

Cuando ocuparon el estrado los magistrados Miguel Ángel Vilaseca, Karina Piegari y Esteban Melilli y la secretaria del TOC, Dra. Mónica Basilio, ya estaban presentes el Dr. Sergio Terrón, funcionario que instruyó la causa y defendió la posición del Ministerio Público Fiscal, el Dr. Federico Mastropierro, representante del particular damnificado y el defensor oficial, Dr. Gerardo Doyle.

Tras acordar las partes que no se daría lectura completa al veredicto y la sentencia, fue la Dra. Karina Piegari quien leyó un resumen con los aspectos salientes del fallo.

Atentamente siguió la audiencia cada uno de los puntos resaltados que en principio, fueron dando respuesta a los planteos de las partes.
Luego de destacar que existía coincidencia “plena de las partes integrantes de este proceso, respecto de la materialidad ilícita endilgada´” a José Carlos Varela, el fallo recordó los testimonios volcados en el debate oral.

Inimputabilidad
El Dr. Gerardo Doyle había solicitado que su representado fuera declarado inimputable. En forma unánime los magistrados no hicieron lugar al planteo al considerar que “el imputado poseía plena capacidad de comprensión de la criminalidad de los actos que realizaba y libremente dirigía sus acciones. Configurándose de tal modo, un sólido entramado probatorio que niega certeramente que Varela haya transitado un episodio psicótico al tiempo de comisión del funesto suceso, aun siendo poseedor de un trastorno de personalidad esquizoide con una abstracta propensión a los mismos; en tanto ello, se encuentra negado de manera tajante y categórica por las pruebas objetivas y fiables analizadas que indican la plena capacidad de imputabilidad y culpabilidad de Varela”.

La alevosía
Una de las figuras solicitada por el Dr. Sergio Terrón a la hora de referirse a la imputación de Varela, fue la de la alevosía.
Y así lo entendió el Tribunal al hablar de la “significativa indefensión de la víctima, caracterizada por su edad (11 años), su contextura física, su inmadurez física-psíquica y emocional propia de su tierna infancia, con más las particularidades del lugar donde se concretara el suceso que anularon las posibilidades de la niña de requerir y recibir auxilio.

En tal contexto, se instaló el obrar certero del autor, direccionado hacia un fin concreto (terminar con la vida de la víctima), cobrando protagonismo el elemento constrictor con el cual estranguló a la niña hasta asfixiarla luego de haberla abusado sexualmente de manera violenta, en un accionar brutal que ha quedado cristalizado en la severidad de las lesiones constatadas”, y “donde claramente se advierte que aquellas maniobras defensivas intentadas por la víctima, más allá de responder a impulsos instintivos propios de cualquier ser humano, en nada han modificado el dominio del accionar del autor en la consecución del resultado sin contar siquiera con mínimas posibilidades de riesgo para sí. En consecuencia, no puedo menos que proclamar que en este caso encuadra perfectamente la calificante” de la alevosía”.

Un hecho aberrante
En distintos tramos del fallo, los magistrados hicieron referencia al calvario que vivió Camila al ser atacada por José Carlos Varela, destacándose por ejemplo el tramo en el que se refieren “a las escasas horas que la niña desapareció, cuando quedó sometida a los abominables designios del autor, fue accedida carnalmente por vía vaginal y anal, habiendo sido hallado en su cuerpo lesiones intraabdominales, anales y vaginales que dan cuenta del despliegue extremadamente violento con el cual se produjo el ultraje sexual. Es indudable, que un sometimiento de esas características necesariamente debe haber causado dolor, sufrimiento y una consecuente, pérdida de fuerza y resistencia en Camila. Y, ante una víctima físicamente abatida, en Varela eclosionó un obrar tan despiadado como el primero y con un diáfano componente subjetivo decidió ir por la muerte de su víctima, comenzó a estrangularla con un lazo y si bien la niña intentó con sus manos liberar la presión del lazo que estrangulaba su cuello, ello fue sin éxito. Y, reafirmando su designio criminal, Varela continuó con fuerza en el despliegue de tal maniobra, hasta alcanzar el triste desenlace de la vida de Camila Borda”.

El después
No pasaron más de 15 segundos para que, finalizada la lectura de veredicto y sentencia, un grupo de agentes del servicio penitenciario esposaran y retiraran a Varela de la sala de audiencias.

Varela, al igual que durante la primera jornada de debate, se mantuvo inmutable. Sólo una diferencia marcada, no bajó la vista. La mantuvo casi fija en la Dra. Piegari durante la lectura del veredicto.

En la sala alcanzaba a escucharse el eco de las palabras “reclusión perpetua”. A Varela no se le movió un músculo de la cara.
Dos hechos salientes. La única voz que se escuchó del lado del público fue la de la abuela de Camila, al tiempo que retiraban al condenado mientras lo increpaba por lo que le había hecho a su nieta.

Y un instante después, al preguntarle al Dr. Sergio Terrón, si estaba conforme con el veredicto del Tribunal que dio respuesta a las calificaciones que había pedido para el detenido, apenas pudo responder, con la voz quebrada, “muy duro. Jamás voy a olvidar la carita de Camila”.
Lentamente, se acercó a Alejandra, la mamá de la niña, que apenas podía contener el llanto.

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