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Qué hacer con el tiempo libre: ¿Por qué “no hacer nada” nunca es un buen plan?

En épocas en las que el ocio tiene mala prensa, los fines de semana suelen convertirse en una especie de maratón de salidas y eventos.

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Un buen plan es no tener plan, no asumir compromisos demasiado exigentes, en lo posible evitar horarios rígidos y, por sobre todo, descansar. Sin embargo, es frecuente que los fines de semana se conviertan en una especie de maratón de reuniones, salidas, eventos, que, al final, se convierten en una carga y llevan a comenzar la semana con más cansancio del que se la terminó.

“¿Todo lo que decidimos hacer responde a nuestras necesidades o a las de otros? ¿Por qué hacemos lo que hacemos?”, se preguntó la consultora psicológica Claudia Quiroga Daldi, para quien “reflexionar sobre la verdadera motivación que nos impulsa nos puede ayudar a elegir aquello que realmente nos gratifica, impulsados por nuestros deseos”.

En esta época en la que “no hacer nada” tiene mala prensa, no es fácil decidir olvidar la agenda durante un fin de semana, y luego enfrentar la pregunta social -y obligada- de los lunes: ¿qué hiciste en el fin de semana? ¿Qué pasaría si la respuesta es “nada”?

VENTAJAS
Para la especialista de la Asociación Argentina de Counselors, “aprovechar el tiempo de ocio ofrece ventajas tanto para la salud como para el desarrollo social y afectivo”. Y enumeró:
– Saca de la rutina de la vida cotidiana.
– Ayuda a neutralizar desequilibrios, inseguridades o carencias.
– Permite establecer relaciones estrechas y desarrollar aspectos afectivos.
– Permite recobrar fuerza y energías, tanto en lo físico como en lo mental.
– Permite concretar la realización personal e incrementa la autoestima.

“Sin embargo, hay que tener en cuenta que aún las actividades que se eligen pueden resultar estresantes, entonces para qué las afrontamos o para qué las asumimos ahondó Quiroga Daldi-. Quizá es consecuencia de dejarnos llevar casi sin pensar por tendencias, modas o costumbres, que hoy pueden resultarnos poco atractivas y que perpetuamos por hábito”.

Para ella, “es probable que aquello que en realidad no se desea hacer produzca incomodidad o tensión, y, aunque la persona no se detenga a pensar en ello, esa tensión subyace y en muchos casos hasta es percibida por quienes la rodean”. Y en esa línea, agregó: “Por lo cual, pierde el sentido obligarnos a hacer algo en función de la necesidad ajena, aunque no explícitamente, y sin darnos cuenta en mayor o menor medida se pone de manifiesto”.

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