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Problemas de salud : sesenta cirugías y ninguna respuesta

Años de lucha son los que viene soportando Petrona Machado desde aquel 2003 cuando en Ciudad Autónoma una camioneta la atropelló. Sesenta cirugías, terapia para un dolor que no la abandona ni siquiera con morfina, rigidez en su cuerpo de la cintura hacia abajo y trámites que a pesar de sus antecedentes no le permitan acceder a una jubilación por discapacidad. Muchos quirófanos, intervención de profesionales, incapacidad y un Estado que no le da respuestas

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A Petrona Machado la vida le cambió para siempre en el año 2003 cuando en Ciudad Autónoma, una camioneta la atropelló y el conductor la dejó tirada y escapó. El impacto “me elevó, pegué en el parabrisas y caí sentada en el pavimento. Eso me dañó las cuarta y quinta vértebras y el hueso sacro”, todas lesiones que le dejaron secuelas.
Las consecuencias por el golpe y lo que llegaría después, le cambiaron la vida para siempre. Pasó por 60 intervenciones quirúrgicas de las cuales 14 fueron en columna y 11 para reconstruirle el abdomen.

UN CALVARIO

Petrona recuerda que seis meses después de la primera cirugía de columna “me tuvieron que re operar porque el primer médico me había intervenido como para una hernia de disco pero lo que yo tenía era fractura de columna”.
Las consecuencias la marcaron definitivamente. “El dolor continuaba. Empecé a perder movilidad. Y encima estaban las cirugías en el abdomen que me había estallado en el accidente y me tuvieron que poner una malla plástica”.
A pesar de todo, Petrona pudo continuar “con mi vida normal aunque con ciertos cuidados. Pude trabajar hasta el 2013. Fue cuando me caigo, pego con la espalda en un ladrillo y con el golpe se desplazan los implantes, tornillos y barras de titanio que me habían colocado en la espalda”.

COMPLICACIONES

Así llegaría una nueva cirugía que se complicó “con una hemorragia interna. Me colocaron dispositivos que terminan estallando en mi cuerpo y dañan desde la cuarta vértebra hasta el sacro. El día que “estallan caí al piso gritando de dolor”.
“Desde entonces –aclara- no sé qué es pasar un día sin dolor. Daño en dura madre, meningitis, escaras, me pasaban de clínica en clínica. Estaba depresiva y los médicos me decían que no volvería a caminar. Tenía 42 años”.
Y aquella lucha que se había iniciado en el 2003 se fue complicando a partir de 2013. Desde entonces “no sé lo que es tener un día, una noche sin dolor. Todo duele…duele…duele. Tomo mucha medicación –atendida por la Dra. Daniela San Juan- he visto a muchos especialistas pero ya nadie me quiere operar porque no se puede hacer nada más. Me dicen que no tengo solución y solo me queda aprender a vivir con dolor”.
Y lo que “más daño me causa es que me tuvieron que hacer trasplante óseo –con míos y cadavéricos-. La columna se selló, hizo callo y quedó fija. No tengo movilidad. Estoy rígida. No puedo agacharme. El callo presiona los nervios y eso me produce el dolor”.
Así, Petrona fue incorporando el uso de “primero, derivados de la morfina” entre otros calmantes. La Doctora mide de 1 a 10 el nivel de dolor y cuando llega lo peor quiero morirme. Todos los días, cuando me levanto me pregunto qué día tendré hoy. Me supera saber que esto ni tiene fin y sé que en cinco o diez años termino en silla de ruedas porque me dijeron ya que las callosidades me van a cortar los nervios de la piernas”.
El tiempo que cualquier ser humano le destina al descanso no es lo mismo para Petrona. “Algunas noches duermo arrodillada en el piso con la mitad del cuerpo en la cama y me vence el cansancio. O de lo contrario me pongo seis almohadas, duermo una hora hasta que me despierta el dolor y tengo que reacomodarme, cambiar de posición”.
Es posible que quien se cruza con Petrona Machado en la calle, la verá acompañada por una persona que le permite reafirmarse en cada paso y con un aspecto cuidado

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CERTIFICADO DE DISCAPACIDAD

En Ciudad Autónoma a Petrona Machado las autoridades pertinentes habían establecido que Petrona Maldonado tenía un 70.51 % de discapacidad, pero cuando “me mudo acá –aclara-, me quitan todo derecho al sostener que por ser nacional, mi certificado no servía”.
Trámites mediante comenzó a gestionar un nuevo certificado pero me dicen en enero de 2018 que me corresponde una pensión de 700 pesos y que si lo aceptaba perdía los aportes que he hecho. Pagué por adelantado para llegar a la jubilación y me dijeron que tenía que ir a Anses. Me mandan a la Superintendencia de Riesgos de Trabajo. Presenté los estudios y me piden un resumen de historia clínica. Lo hizo mi médica, la Dra. San Juan” y con el correr de los meses- junta médica mediante- me llega el certificado de discapacidad no apta para jubilación, que llega a un 23 %, que voy a mejorar. Pero la realidad es que no hay profesional que me quiera operar. Llevo 15 años tratando de mejorar. Y me dejaron sin palabras”.
Hay una realidad, “tomo morfina cada cuatro horas junto con otra batería de medicamentos, además de aceite de cannabis que se termina muy rápido y es carísimo, no puedo trabajar, no puedo estar mucho tiempo parada, me caigo cuando no aguanto el dolor, me manejo con un almohadón de siliconas para poder estar sentada por un rato”.
Mi presente es que “no tengo derecho a una jubilación, tampoco a una pensión, perdí mis derechos como ser humano. Ya no sé qué hacer. No aprendí a agraviar, insultar, hacer un piquete o quemar algo para que me escuchen. Hice cada cosa que me pidieron y lo único que puedo decir es que me cortaron las manos. Mi cuerpo no me da para trabajar pero tampoco me toman. Me rechazan, no tengo nivel educativo. Nunca le pedí nada al Estado y la única vez que voy por lo que me corresponde, pierdo mis derechos como ser humano y paso a ser un mueble”.
Calidad de vida me va a dar estar jubilada. Lloro por cómo me trata el Estado cuando solo busco lo que me corresponde. La jubilación me permitiría acceder a los medicamentos que necesito para tener una mejor calidad de vida porque sé que el fin del dolor será cuando se termine mi vida. Si no hubiera sido por mi familia ya hubiera tirado la toalla”.
Y a pesar de todo, esta mujer de 48 años que no puede hacer las cosas que los demás como caminar, hacer ejercicio, trabajar, tiene “mucha fuerza de voluntad. Todos los días me levantó y me pregunto cómo será el día que me espera. Y a pesar de todo, me baño, me maquillo y lo hago para verme bien”.

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