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Panorama político: Vidal cambia de pantalla y negocia el ajuste a dos bandas

La máxima dirigente provincial abrió una negociación simultánea con dos vertientes peronistas en busca del último objetivo importante del año, la aprobación del presupuesto bonaerense, una tarea política compleja porque el proyecto contiene un ajuste generalizado y un abultado endeudamiento.

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La Plata (Por Andrés Lavaselli, de Agencia DIB) María Eugenia Vidal obtuvo finalmente la garantía pública de que las arcas provinciales serán parcialmente resarcidas del impacto del ajuste que les impuso el presidente Mauricio Macri, aunque recién hacia fin de año se definirá el aspecto crucial de esa negociación: el formato en que llegará la asistencia de $19 mil millones. Mientras tanto, la Gobernadora abrió una negociación simultánea con dos vertientes peronistas en busca del último objetivo importante del año, la aprobación del presupuesto bonaerense, una tarea política compleja porque el proyecto contiene un ajuste generalizado y un abultado endeudamiento.

Luego de semanas de tensión, Macri y Vidal ensayaron una ampulosa puesta en escena para comunicar el fin de las hostilidades. Hicieron viajar a casi 20 ministros y secretarios de Estado de ambas administraciones a Trenque Lauquen (en el interior profundo de la provincia, una locación con contenido simbólico en este caso), con el exclusivo propósito de dar espesor político a un doble gesto: Macri aseguró que habrá compensación financiera y Vidal negó –otra vez- las versiones sobre la posibilidad de que el año próximo pueda presentarse como candidata a sucederlo.

Pero ambas son certezas a medias. O, en todo caso, todo lo precisas que poden serlo en este momento del calendario político. Respecto de las candidaturas, eso es así porque si la recesión sigue mellando la imagen del presidente, las especulaciones no podrán ser eliminadas del todo hasta el momento en que se cierren las listas. Y en lo tocante al financiamiento, debido a que lo que se alcanzó hasta ahora es un primer acuerdo por el cual Macri garantizó que la provincia recibirá los $19 mil millones suplementarios que reclamaba para 2019, pero que no incluyó todavía certezas sobre el modo en que se efectivizará esa ayuda.

Ese mecanismo dista de ser un detalle, porque en parte define su impacto electoral. Hasta ahora, se hizo trascender que habrá obras y condonación de acreencias, pero lo cierto es no habrá certezas definitivas hasta tanto no se concrete una reunión de equipos técnicos de ambas administraciones, en la que los bonaerenses intentarán que haya una parte –la mayor posible- del rescate que llegue en efectivo. Es que no es lo mismo tener partidas para obras, que en el mejor de los casos se licitarán el año que viene y ejecutarán el siguiente, que contar con fondos frescos en la previa de los comicios.

Es cierto que el hecho de que ya se haya acordado que esa reunión no sucederá antes de que se aprueben ambos presupuestos, el nacional y el bonaerense, vuelve a sembrar dudas respecto de hasta qué punto la tensión fue genuina o un montaje para favorecer el acompañamiento de los gobernadores opositores al ajuste. Pero también lo es que la tensión por momentos escaló más allá de los límites esperables, aunque en una estrategia previamente acordada. Lo cierto es que ese capítulo por ahora está cerrado con un impacto nacional de 28 mil millones amortiguado por el resarcimiento de $19 mil.

Con ambos
Sobre esas certezas, Vidal comenzó a negociar el presupuesto propio, que el lunes ingresará a Senadores y exigirá “muñeca” política porque, al igual que el nacional, contendrá un ajuste. En principio, caerá la inversión en todas las áreas con excepción seguridad, obras públicas y desarrollo social. También pedirá un endeudamiento récord del orden de los $100 mil millones, una suba de impuestos patrimoniales apenas inferior al 40%, la creación de un tributo del 3% sobre las utilidades de las tragamonedas y una baja, simbólica, de Ingresos Brutos. También transferiría a las comunas el costo de quitar subsidios al transporte local.

El gobierno mantiene hace semanas conversaciones tanto con el massismo –y con el bloque satélite de diputados de José Ottavis- como con los intendentes “dialoguistas” del conurbano, los dos sectores peronistas con los que aspira a lograr un acuerdo imposible con el kirchnerismo y la izquierda. Las prendas generales de negociación que ofrece se conocen: el endeudamiento que realmente busca es del orden de los $70 mil millones por lo que aceptará planteos a la baja, los subsidios al transporte podrían ser absorbidos por administración central y están los cargos en el Tribunal de Cuentas y el directorio del Banco Provincia.

En un encuentro a solas con la Gobernadora –que él mismo se encargó de hacer trascender- Massa ratificó que exige una ley para que aquellos intendentes que opten por eso puedan adelantar las elecciones locales. Y dejó claro que pretende que sea aprobada y promulgada antes de que se apruebe el presupuesto, cuya letra chica terminarán de negociar tres diputados, dos intendentes y un senador del Frente Renovador. Esa comisión fue presentada como “dura”, pero existe allí la convicción de dar el OK al endeudamiento y la suba de impuestos si Vidal acepta la demanda electoral.
Desde el gobierno hicieron trascender que hay impedimentos constitucionales para cumplir con esa solicitud. Pero al mismo tiempo, evalúan que sería bastante inocua en términos políticos porque habría cierta certeza de que ningún alcalde de Cambiemos se plegaría y, tampoco, ninguno o muy pocos peronistas, para quienes la posibilidad de que si eso ocurre Cristina Kirchner impulsa candidatos locales propios que les compitan funcionaría como un disuasivo. Esa es la ventaba de oportunidad de Massa, que con la movida busca sobre todo salvar Tigre, su base territorial amenazada por el cristinismo.

El otro expediente para dislocar la relación de CFK con los alcaldes es la eliminación de las PASO, pero como en el gobierno provincial (igual que en Nación) prima la idea de no avanzar por esa vía, la conversación con el peronismo dialoguista parece ir por carriles previsibles. Hace unos días, el ministro de Economía, Hernán Lacunza, repasó números con un enviado de Martín Insaurralde, el intendente Juan De Jesús, del Partido de la Costa. Las obras para el año electoral serán allí, seguramente, una de las claves. De todos modos, aún al interior de ese espacio acuerdista, el presupuesto promoverá tensiones.

Una expresión de eso se dará el martes, cuando quede conformada una suerte de comisión integrada por un consejero del PJ bonaerense de cada sección electoral, a la que asistirá la exministra de Economía de Daniel Scioli, Silvina Batakis, para aportar argumentos técnicos que sostengan su objetivo político: presionar para endurecer la postura peronista en la negociación. Lo significativo es que la impulsa el intendente de Merlo, Gustavo Menéndez, que no es un ultra K. Su acercamiento a las posiciones K expresa, en todo caso, el corrimiento hacia esas posturas que viene protagonizando la mayor parte de los alcaldes moderados.

En el massismo, que también siempre dio su consentimiento a Vidal en este tema, hacen una cuenta adicional, que ya fue consignada aquí: con el oficialismo, más el bloque de FR, el de Ottavis –que es en los hechos un aliado- más Fabio Brittos, Cambiemos alcanza los críticos dos tercios en Diputados. A la inversa, al peronismo de los intendentes aún le faltarían cinco votos, que solo podría aportar Massa. Siente por eso que se fortalece su posición en la negociación por la ley de adelantamiento electoral. Para el gobierno, sería una manera de esterilizar una intransigencia final de los alcaldes, más allá de que en principio trabaja para acordar con ambos sectores.

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