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Panorama político: Entre el dólar calmo y el «abuenamiento» de CFK

Escribe: Andrés Lavaselli

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La irrupción en la escena pública que, con la presentación de su libro Sinceramente como salvoconducto, protagonizó el jueves pasado la expresidenta Cristina Fernández, no solo dejó entre la dirigencia que la sigue la fuerte impresión de que su candidatura presidencial es un hecho ya irreversible: también comenzó a descongelar el escenario político para la porción hegemónica de la oposición bonaerense.

Con un discurso sin rispideces, del mismo tono moderado que siempre elige en los comienzos de sus campañas (aunque aún no haya confirmado que ya esté en esa carrera) CFK aprovechó para hacer un movimiento político tal vez definitorio de su estrategia en este momento: entronizó al multifacético Alberto Fernández, con quien estuvo enfrentada por años, como el nuevo hombre fuerte de su entorno.

Con ese respaldo, Fernández se encargó de establecer el nuevo libreto público del cristinismo. Dijo que quienes cantan “vamos a volver” se equivocan porque lo que se necesita es algo superador, admitió que no se puede negar que hubo corrupción en el gobierno de CFK y hasta se disculpó con la periodista de Clarín hostigada en La Rural.

Esas definiciones, impensables sin la anuencia de Cristina y pronunciadas horas después del lanzamiento de la propuesta de acuerdo social de raíces gelbardianas, puede ser el anticipo de un corrimiento al centro de CFK o una mera impostación electoral. Pero lo indudable es que definirán su estilo inmediato. Felipe Solá, tras bambalinas en La Rural, lo resumió así: “está menos extrema que sus militantes”.

Esa misma noche, en la Feria, ocurrió algo más: entre los intendentes del peronismo bonaerense comenzó a blanquearse el convencimiento de que, tal como están las cosas, será difícil arrebatarle a Axel Kicillof la candidatura a gobernador. Fernando Gray, el presidente del PJ, lo dijo, crípticamente, al señalar que ya no encuentra grandes diferencias entre la candidatura del exministro y la de un alcalde.

Aunque nadie lo confirmará en público (Martín Insaurralde, incluso, hará una actividad en una universidad sobre propuestas para gobernar PBA), los intendentes parecen ahora más preocupados por negociar un armado de listas locales sin sobresaltos y en tener injerencia en la conformación de un eventual gabinete que en disputar la gobernación. Tal vez la excepción sea Verónica Magario, que mira la vice.

Mientras, en la otra orilla del peronismo, la ausencia de propuesta para Buenos Aires comienza a transformarse en un déficit tanto como una incógnita. Y en ese vacío, se producen movimientos impensados tiempo atrás. Roberto Lavagna, por caso, se reunió ya dos veces con Florencio Randazzo, aunque sin novedades por ahora. Hasta Eduardo Duhalde fue medido como eventual candidato.

Con Sergio Massa firme en su resistencia a ocupar el casillero provincial –y algunas ambigüedades respecto de su relación con el orbe K- en el peronismo no K se esperanzan con que el seguro triunfo de Juan Schiaretti hoy en Córdoba sea un principio ordenador para ese espacio, ya que el gobernador mediterráneo, uno de sus socios fundadores, no parece tener ambiciones nacionales.

Un respiro
La calma del dólar –principal variable electoral para Cambiemos-, coincidieó con una mejora, relativa, de la perfomance de Mauricio Macri en las encuestas. De modo correlativo, casi automático, aflojó la presión del “círculo rojo” para que decline su candidatura, lo que a su vez le permitió a la gobernadora María Eugenia Vidal enfocarse en el rol que diseñó para este tramo del calendario.

Ese es el marco de la seguidilla de apariciones de Vidal junto a Macri de los últimos días: la gobernadora busca “transferir” su buena imagen al presidente desde hace semanas, pero recuién ahora puede intentarlo. El discurso es previsible: las realizaciones de gestión, combinadas con referencias a la “corrupción K. Una combinación que perdurará para contraponer a la Cristina “abuenada” de estos días.

De modo menos visible, Vidal trabaja para que su provincia sea el territorio por el que comience el ordenamiento de Cambiemos. Esta semana almorzó con su vice, Daniel Salvador, que salió muy conforme de la tenida ¿Se viene un anuncio sobre una reedición de la fórmula de 2015?

Muchos miran a la convención del radicalismo bonaerense del sábado, en la que habrá debate, pero también un respaldo claro, en votos, a la continuidad de Cambiemos. Otros dicen que podría ser en otro momento. Pero todos tienen expectativa que se produzca antes de la reunión nacional de fin de mes. Hay una lógica detrás de esa expectativa: una confirmación de fórmula antes de que se resuelvan las tensiones nacionales con la UCR sería un aporte de Vidal a la estabilidad del oficialismo.

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