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Panorama político bonaerense: Vidal y Massa, una comisión en sociedad

Razones y funciones de la Bicameral para analizar el esquema electoral. La jugada CFK de los intendentes y el expediente Lavagna.

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Por Andrés Lavaselli, de la redacción de DIB

El año político, como viene ocurriendo hace unos años, arrancó temprano esta temporada, aunque esta vez existe un motivo muy concreto para la celeridad: los tiempos que impone el plan para adelantar las elecciones en la Provincia, que comenzó con una puesta en escena marplatense de los dos sectores que tienen interés en que avance, el vidalismo y el massismo, socios en el intento de convencer a Marcos Peña de su factibilidad. Mientras, una jugada de un sector de los intendentes peronistas desnudó entresijos de la interna opositora.
Aunque su nombre es altisonante y en su sesión inaugural oficialistas y opositores apelaron a la pirotecnia verbal para figurar, la Comisión Especial (porque no fue votada sino creada por resolución) Bicameral sobre Reforma Electoral que comenzó a funcionar el martes en la Villa Ocampo, no decidirá gran cosa. Su rol es instrumental y operativo: una herramienta para dar volumen al debate público sobre la necesidad del desdoblamiento y, en el mejor de los casos, facilitar el hilado del acuerdo parlamentario imprescindible para aplicarlo.
El primero de esos objetivos tiene que ver con la interna oficialista: María Eugenia Vidal terminó de comprender que para que su idea camine es esencial convencer de su necesidad Marcos Peña a quien el presidente Mauricio Macri (que laudará en última instancia) sigue escuchando de modo preferencial. El problema para la Gobernadora es que el jefe de Gabinete sigue lejos de dar su OK, según señales reservadas que emitió en las últimas horas. Por eso, Vidal espera que la Bicameral dote de espesor público a su propuesta y ayude a aflojarlo.
El segundo propósito tal vez es más realista. Una parte del equipo bonaerense está seguro de que solo la evidencia “científica” de la productividad electoral de desdoblamiento para Macri convencerá a Peña de dar la venia, que en esa evaluación trabaja en sintonía con Jaime Durán Barba. Pero al mismo tiempo saben que si finalmente esa habilitación llegase, habrá que negociar la aprobación de las leyes imprescindibles para llevarlo a la práctica. Justamente, eso es lo que comenzó a trabajarse en la Bicameral.
Y como en todas las pujas parlamentarias, la cámara de Diputados es el filtro a superar para Vidal. Por eso el interlocutor es Sergio Massa: su bloque, junto con el que comanda José Ottavis, convertido en satélite de Alternativa Federal, tiene la llave para aprobar el paquete de leyes que requiere el adelantamiento. De ahí que la Bicameral haya incluido a la boleta única como segundo punto central de debate: es lo que pide el tigrense a cambio de dar su apoyo. Es un toma y daca que, como se informó aquí, comenzó a delinearse hace un mes.
En ese plano ya surgen algunas hipótesis fuertes: aunque el punto está abierto, en el oficialismo casi descartan la aplicación de la boleta única a modo de prueba piloto, solo en algunos municipios, obviamente todos los massistas incluidos. En cambio comenzaron a analizarse variantes llamativas, entre ellas un esquema de boleta única electrónica para el Conurbano y papel para el interior. Existen a la vez tres decisiones ya tomadas: modo de voto y adelantamiento salen juntos o no salen y, en caso afirmativo, las PASO se suspenden en PBA, no se adelantan. Además, no habrá desdoblamiento a nivel municipal.
La carta mayor
No casualmente, 24 horas antes de la sesión inaugural de la Bicameral, el sector de intendentes peronistas que comanda Martín Insaurralde, con el presidente del PJ, Fernando Gray, como aliado, hizo trascender una “propuesta” para que Cristina Fernández sea la candidata bonaerense que enfrente a Vidal. El argumento es que así se esterilizaría el efecto de una victoria anticipada de la Gobernadora. Pero la movida, al parecer, no tuvo en cuenta un detalle: la voluntad de la Expresidenta, que dio señales internas de no aceptar.
Interlocutores bonaerenses de Cristina dicen que, a diferencia de lo que ocurrió en Brasil con Lula Da Silva, tienen estudios que demuestran que ella traslada al candidato que públicamente apoye buena parte de su intención de voto, sobre todo si, contra lo que hizo en 2015 se involucra en la campaña. Sea Berni, Durañona, Kicillof, Insaurralde o Magario/Espinosa. Por lo que “bajar” a provincia no tendría mayor sentido. Agregan que si hay boleta única, no habría efecto arrastre, algo que lo intendentes que lanzaron la idea parecen no haber sopesado.
El razonamiento desnuda en parte una carencia evidente de la oposición K: con elecciones simultáneas, la caída en la valoración con Macri era potencialmente dañina para Vidal al punto que florecieron los candidatos para enfrentarla, que escaseaban hasta fines de 2017. Con el desdoblamiento el impacto de esa caída tiende a minimizarse, por lo que algunos de los postulantes parecen haber comenzado a evaluar alternativas. Ese es el trasfondo de la “sugerencia” peronista a CFK, que el kirchnerismo no convalida hasta ahora.
Esa dificultad es en cierto sentido simétrica e inversa de la que padece Cambiemos, que tiene, hoy, en Vidal una fortaleza y en Macri una debilidad. Por eso, en La Plata entusiasma el desdoblamiento con boleta única: la combinación tiende a eliminar el arrastre entre categorías en la misma medida en que facilita el voto cruzado entre ellas. Eso perjudica al PJ, que tiene en las comunas una base territorial que tracciona “hacia arriba” y permite a la Gobernadora ilusionarse con sumar en distritos peronistas, aunque allí no voten a sus candidatos locales.
¿Nuevas roscas?
Al menos una parte del kirchnerismo bonaerense alienta en este contexto otra sospecha: creen que quien asumirá un doble rol electoral es Vidal: la ven candidata bonaerense y, luego, presidencial, en una jugada acordada con Macri. Buscan, para dar verosimilitud a la intuición, datos bajo el agua. Y detectan en la indefinición de la Gobernadora respecto de su eventual compañero de fórmula provincial, combinada con los rumores de correr al radical Daniel Salvador en favor de los PRO Cristian Ritondo o Carolina Stantey, indicios de un recaudo para dejar en manos “propias” el manejo de un distrito clave ante una mudanza a la Casa Rosada.
Es probable que se trate de un exceso de suspicacia. Pero el kirchnerismo no es el único sector donde florece la inquietud. En Cambiemos también ocurre, pero referida a otro escenario: una posible postulación presidencial de Roberto Lavagna por el peronismo. Temen, en esencia, su capacidad de aglutinar sectores disímiles y su perfil moderado, que podría sumar incluso a votantes desencantados del oficialismo. Y anotan que la negativa a presentarse de hace un mes se trasformó en una escucha abierta e interesada ante interlocutores que fueron a verlo en los últimos días.
Hay una razón bonaerense suplementaria para esa preocupación de Cambiemos. Atisban detrás del expediente Lavagna a Massa. Aunque por ahora son solo elucubraciones, temen que el tigrense encuentre allí un rol de armador nacional y, a la vez, la excusa perfecta para bajarse de una precandidatura que no termina de arrancar y lo expone a una nueva derrota, que sería letal para su sueño presidencial. Visto desde La Plata, eso abre la chance de que el tigrense encuentre un esquema de unidad que justifique una postulación a gobernador, porque además el adelantamiento con boleta única hace más factible ese entendimiento.

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