Panorama político bonaerense: Claves de una foto en la Costa - La Verdad Online de Junín, Buenos Aires, Argentina
Seguinos en
Radio Junin
Radio Junin

Noticias

Panorama político bonaerense: Claves de una foto en la Costa

Publicado

el

ESCRIBE ANDRES LAVASELLI
AGENCIA DIB

Sonrientes todos, como estudiantes en un viaje de egresados, Axel Kicillof aparece rodeado de Martín Insaurralde, Juan Zabaleta, Mariano Cascallares y Martín Katopodis. La imagen, extraña y poco difundida, fue tomada en el interior de un micro, el jueves pasado algún punto del Partido de la Costa. Y es todo menos casual: encierra algunas de las claves de la política que se viene en la provincia.

¿Qué hacían esos poderosos alcaldes del Conurbano en ese lugar, un día de la agitada semana en la que la corrida bancaria hacia contener la respiración al país? Obvio, no estaban sólo para reforzar una campaña que no necesita aditivos. Una primera respuesta involucra a otro de los retratados, Juan De Jesús, el alcalde anfitrión cuya postulación para presidir Diputados parecieran haber ido a respaldar sus colegas.

Pero de modo más general, los cuatro alcaldes fueron a hacer lo que por estas horas hacen todos los sectores del peronismo provincial: convencidos de que la victoria está asegurada, intentan negociar espacios en el esquema de poder post 10 de diciembre. Aunque menos visibles, el massismo y el Movimiento Evita, también le están haciendo llegar sus pretensiones a Kicillof.

Cerca del candidato le restan importancia a la cuestión, que no desvela al candidato, según afirman. Pero van dejando trascender algunos criterios. El primero: si gana, no seguirá el «modelo Scioli», es decir, no habrá loteo de áreas de la administración entre las diversas tribus del Frente de Todos para que cada una maneje esa parcela con relativa autonomía.

En cambio, Kicillof planea jugar el «poder del gobernador» para definir rumbos inflexibles, aunque negocie espacios. Claro, ya circulan nombres para el gabinete, donde se plasmará esa lógica. Carlos Bianco y Augusto Costa, íntimos, parecen fijas. El massismo habla de Mirta Tundis. También se susurran funcionaries de la anterior administración, una ligada a un diputado provincial de confianza del Exministro.

Nadie puede decir Kicillof aliente los rumores. En su entorno son monolíticos: «ni a nosotros nos cuenta», dicen. Enumeran en cambio otras preocupaciones: la obsesión por la austeridad como marca de inicio de su administración y el seguimiento obsesivo de las variables económicas del último tramo del gobierno de María Eugenia Vidal (la deuda es lo que más lo inquieta), aunque aún no haya un equipo de transición trabajando.

Quienes elaboran la estrategia junto al candidato creen que la Gobernadora, si tiene que irse, buscará dejar las cuentas ordenadas, aunque más no sea porque es una dirigente con futuro político. Pero, a la vez, saben que contexto de inicio podría ser de todas formas muy complejo, sobre todo los primeros 60-90 días, donde se agolpará el habitual combo de medio aguinaldo, operativo sol y negociación docente. Solo que ahora, agudizado por la crisis.

Pero según esa mirada, paradójicamente, la profundidad de la debacle económica podría encerrar una ventaja: facilitar el respaldo opositor a medidas «profundas», que requieran la intervención del parlamento para aprobar un paquete de leyes «estructurales». Una reforma del Estado para hacerlo más flexible sin que pierda prestaciones, por caso.

La posibilidad de sumar dos senadores a la cosecha de agosto facilitaría ese trámite, teniendo en cuenta que en Diputado no se prevén inconvenientes. La cuenta no es ociosa: está basada en los 166 mil votos netos de ventaja adicional para el Frente de Todos que surgieron de la corrección que el escrutinio definitivo impuso a los números del provisorio.

Todo lo posible

La actualidad de Vidal se deja resumir en otra imagen, surgida un día después de la de Kicillof y los intendentes. Es un video que muestras a la Gobernadora en Junín, charlando con un comerciante. «Más no puedo hacer», le dice al hombre, que le retrata las penurias a las que lo somete la economía, en un mensaje destinado tanto a su interlocutor como a la Casa Rosada.

Algo parecido escucharon un grupo de dirigentes gremiales de boca de funcionario con los que negocian un bono salarial para agentes públicos. Ellos pedían $ 5 mil, pero les ofrecieron 3.500 y en dos cuotas. «Nos obligan a hacer paro», dijeron. «Hagan lo que tengan que hacer, nosotros hasta acá llegamos», fue la respuesta. (DIB)

Más Leidas