Observaciones dominicales: el viaje de un amigo - La Verdad Online de Junín, Buenos Aires, Argentina
Seguinos en
Radio Junín
Radio Junín

Opinión

Observaciones dominicales: el viaje de un amigo

Publicado

el

Escribe Adolfo De Gracia
.
Era una de esas tardes sumamente placenteras, en que estar sentado con amigos en una mesa de café, ni les cuento lo bien que uno la puede pasar si la conversación es como la que sigue:

Consideraciones previas a la charla:
Uno de los amigos les comentaba a los componentes de la mesa, que había regresado de unas vacaciones por Europa y les relataba la diferencia que encontró entre un viaje que hizo en 1987 con el que hizo en el 2010. En aquel año de 1987 no tuvo las dificultades para elegir comida, movilizarse en auto u hospedarse, como las que tuvo que superar en el 2010. Resulta que en 23 años el avance de Europa en cuestión tecnología y automatismo ha sido casi sorprendente y es de tener en cuenta por aquellos que tengan en sus planes hacer un paseo en auto por el viejo continente. En aquel año de 1987 el relator se fue a “las Europas” a la buena de Dios sin reservar hoteles, sin contratar el auto y sin un itinerario establecido previamente.. Alquiló el auto allá sin tantas complicaciones ni exigencias como hoy. Recorrió España y un día decidió cruzar la frontera y se encaminó rumbo a Paris. No tuvo ni el más mínimo inconveniente para entrar, recorrer y salir de la ciudad Luz y regresar a España. Tan fácil le resultó todo como si hoy quisiera salir de Bs.As. para volver a Junín.

A continuación la charla entre esos dos ciudadanos:

¿Y ahora, cómo es? Le preguntó el que no había viajado. Mirá hermano, si no hubiera sido por un amigo que está viviendo allá desde hace unos años, que sabe inglés casi a la perfección y que está canchero con todos los recovecos del automatismo con los que tiene que luchar un analfabeto en esos aspectos como yo, me hubiera vuelto al otro día de llegar. En mi cabeza estaba que la Argentina y yo seguíamos en el ’87, y yo supuse que allá las cosas serían lo mismo que hace 23 años.¡Craso error!
Para que tengas una idea de mi desubicación, (continuó el viajero), te paso algunos datos: Para dejar el auto en un estacionamiento, a la entrada tenés que apretar un botón, te aparece un tiquet, se levanta la barrera, te metés, dejás el autito y salís a recorrer la Ciudad. Hasta ahí todo como acá. Cuando decidís volver , más vale que no hayas perdido el tiquet porque nunca más, por el resto de tus días, podrás sacar el auto ya que no hay un solo ser humano en ese ultra necesario momento, que te dé una mano para salir de esa gayola en que se convirtió el maldito estacionamiento.
Ni hablar del tránsito, si estás acostumbrado a moverte en auto por esta ciudad, ni se te ocurra manejar allá porque en la primera rotonda, si no giraste como se debe, los otros automovilistas te atormentan a bocinazos y con alguna que otra palabreja. Ni se te pase por la cabeza no ceder el paso a los peatones porque una jauría humana lo menos que hace es acordarse de tu mamá. Y no va a aparecer ni un solo policía que te defienda. En un baño, si no fuera por una chica que apareció milagrosamenbte en el momento oportuno, me hubiera hecho encima porque yo no sabía el código que tenés que poner en un tablerito numérico que está al costado de la puerta para poder abrirla.
En los primeros días del paseo en el 2010, continuó el turista, lo único que recuerdo haber visto es la espalda de mi amigo, que caminaba delante de mío, porque se entendía en inglés con todo el mundo, hasta con una señora mayor que iba en bicicleta, porque yo tenía un miedo feroz a perderlo de vista y a quedar en un siniestro abandono, en medio de un mundo desconocido, ordenado , limpio y, a nuestros ojos de viajeros de este lado del Atlántico, fascinante..
Entonces viejo, dijo el que escuchaba al amigo viajero, acostumbrado como estoy a patotear a los peatones, por no decir algo más grave, a pasar el semáforo en rojo cuando los inspectores brillan por su ausencia, algo que sucede a menudo a pesar de las cámaras, a meterme en contramano una sola cuadrita para no dar toda la vuelta, y a viajar a velocidades mayores que las permitidas, me quedo acá y sigo haciendo la mía, porque no estoy dispuesto a someterme a la esclavitud de la ley, al respeto al prójimo y a la solidaridad.

Nota final aclaratoria: El que transcribe la charla entre esos dos amigos, no está para nada de acuerdo con ese comportamiento patoteril del viajero, pero transcribe sus palabras para que se tome nota de la tumultuosa irresponsabilidad de ese ciudadano.

¡¡¡Cómo para que el tránsito sea una pinturita con cachafaces como ese!!!

Todo Chevrolet
Librería Rucci

Más Leidas