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Observaciones dominicales: El Nuevo Presidente

El día que Alberto Fernández asumió la Presidencia, la ciudadanía escuchó completo su discurso quedando gratamente ilusionada, pero no se pudo dejar de recordar la infinidad de veces que sucedió lo mismo con muchos Políticos que lo precedieron

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Escribe Adolfo De Gracia

El día que Alberto Fernández asumió la Presidencia, la ciudadanía escuchó completo su discurso quedando gratamente ilusionada, pero no se pudo dejar de recordar la infinidad de veces que sucedió lo mismo con muchos Políticos que lo precedieron a lo largo de tantísimos años. A los argentinos nos han endulzado los oídos antes de las eleciones y luego, trepados al poder, si te he visto no me acuerdo. Ahí está la última feroz promesa, tambien ferozmente incumplida: PROBREZA CERO, del Presidente que se va y que los Argentinos esperamos que no vuelva.

No se puede negar que Don Alberto F. ha mostrado una sinceridad más creíble que todos los anteriores, sólo que cabe esperar que tanto sus propios militantes como los componentes de los diversos sectores de la oposición estén dispuestos a cerrar la grieta colaborando, cueste lo que cueste y por qué no decirlo, el pueblo obligando Constitucionalmente a que se cumpla con lo prometido.

Lástima que hay algunos miembros de la misma ideología que el Presidente, que parecen no haber entendido su buen discurso. Ahí lo tienen a Kicilof, que a pesar de la buena noticia que decretó impidiendo la suba de algunas tarifas, está procediento en las antípodas del Presidente al criticar tan acerbamente a la Gobernadora saliente. Supongamos que tenga razón, pero la grieta no se cierra con ese proceder. Hay que ser más cauto y el pueblo todo quiere que sus representantes dejen atrás al pasado y que miren hacia el futuro, que por haberlo descuidado y tantas veces prometido y otras tantas desechado, fijense que nos han llevado casi al borde del abismo, porque en este país es totalmente inaceptable e inconcebible que haya ciudadanos que viven en condiciones deplorables y con escasez de comida en sus platos.

El Presidente parece haber tomado conciencia de que ha llegado la hora de ponernos serios y empezar a trabajar unidos para que este País se convierta en la Cornucopia (Símbolo de la abundancia y de la prosperidad) de América, como alguna vez lo fue.

No va ser fácil y eso la ciudadanía tiene que entenderlo para estar dispuesta, también ella, a poner su granito de arena para la concreción de una calidad de vida que se parezca lo más posible al primer mundo.
Tampoco va a ser tan difícil. Este País bien dirigido no es el desierto de Sahara. Sólo se debe poner manos a la obra y cumplir religiosamente las promesas expuestas por la Clase Dirigente de todas las ideologías. En estos difíciles momentos basta de poner palos en la rueda.

En su discurso inaugural. el Presidente hizo un llamado a la unidad.

Tengamos fe, que eso también ayuda.

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