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Nuestros mayores necesitan, de manera inmediata, mayor comprensión y empatía

Por Cecilia Herón (*)

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Hoy es uno de esos días en los que me pregunto quién le proporciona soluciones a los Adultos Mayores; obviamente que estoy en conocimiento de que existen organismos públicos para tales fines, que tienen diferentes misiones y objetivos según la problemática, pero tengo la sensación de que en lo cotidiano las personas mayores no encuentran quién «efectivamente» le porporcione herramientas resolutivas a sus problemas y/o necesidades. Estas y otras cuestiones que los jubilados me trasladan, me hace pensar si acaso no podemos desear que la gestión de trámites cotidianos sea para ellos más sencilla de modo que cada vez estemos más próximos a procurarles bienestar.

Probablemente podamos instrumentar entre todos (ámbito público, privado, organizaciones de base, ONGs, sociedad civil) acciones para cuidar a las personas de edad, como por ejemplo facilitarles los trámites y las diligencias, reducir los tiempos de espera, sintetizar las gestiones de cualquier orden, en definitiva hacer un poco más sencillas sus vidas.

Muchos de ellos ya no están en condiciones de luchar, reivindicar, de movilizarse o de solventar un traslado a tales fines. Claro, ustedes dirán, están sus hijos o nietos; la mayoria ciertamente cuenta con un entorno familiar, que quizá pueda ocuparse personalmente de muchas de esas tareas, pero he aprendido, en el contacto casi a diario que tengo con ellos, que la gran mayoría no quiere parecer ni ser una carga, ellos entienden que sus hijos o nietos trabajan y que tiene sus propias preocuaciones, otros adultos que quieren realizar ellos mismos estas diligencias, cosa que también es respetable porque, como sostengo siempre, son sujetos de derechos y son capaces. Importa decir que hay familias, e incluso profesionales, que disciernen de modo contrario y en la práctica no les dan el lugar que les corresponde, entendiendo que son sujetos mayores, pero en uso de sus facultades y derechos.

Sabemos que los Estados han ampliado los derechos de las personas mayores, cosa que supone que debe incidir favorablemente en sus vidas, pero tengo la impresión de que estos derechos no se han consolidado, baste con referir lo que le pasó a Rosa, de 78 años, quien tuvo que abonar $200 por el acto bioquímico en concepto de bono más $994 por prácticas de laboratorio, siendo que es afiliada de IOMA, organismo que le exige para gestionar el reintegro por análisis : 1) orden médica original y copia, 2) Resumen de Historia Clínica, 3) Planilla FABA, fotocopia del resultado de los análisis no autorizados, 4) factura del pago original B o C, 5) Constancia de AFIP del prestador, 6) Constancia de CBU del afiliado , 7) fotocopia el carnet de IOMA, 8) fotocopia del DNI, 9) fotocopia del último recibo de cobro, 10) fotocopia Cuil o CUIL del titular de la cuenta. Puedo decir que por algo similar pasó también Orlando, de 69, quien está recuperándose de un ACV, quien no pudo hacerse la práctica correspondiente dado que la propia obra social había autorizado de manera incorrecta, por lo que si deseaba hacerse la extracción sin dilatar el asunto debía efectuar un depósito de $700, cosa que no pudo realizar por no disponer de esa cifra en ese momento…y quizá en ningún otro. Les recuerdo que estamos hablando de salud, y los tiempos generalmente urgen. Este tipo de situaciones son las que hacen que muchos jubilados desistan de reclamar, y creo no encontrar otra explicación más que el hecho de que los organismos, sean públicos o privados, los cansan y los agobian antes de empezar.

Por lógica debieran ser beneficiarios de una política que entienda que muchos de ellos, por su avanzada edad, por su situación bio-psico-social, atraviesan situaciones de indefensión. Los invito a que pensemos entre todos, en cómo hacerles la vida más agradable, para que el esfuerzo personal de años anteriores y los del presente, les sean reconocidos por el Estado y la Sociedad.

Es de conocimiento público lo exiguo que resulta el haber jubilatorio, Juan Carlos de 79 años, quien percibe del Sistema Previsional de la Provincia una jubilación de $9600 (sí, leyó bien, pesos nueve mil seiscientos) , de manera tal que me parece una injusticia que deban afrontar tamaños gastos en prestaciones médicas, prácticas de laboratorio, consulta con especialistas, montos que difieren según la obra social, pero prestaciones a las que no pueden eludir o suprimir, cosa que ya vienen haciendo respecto a otro tipo de gastos los cuales ya no se pueden permitir.

Mejorar el haber jubilatorio de manera sustantiva no parece alcanzable al menos en el corto y mediano plazo. Si bien es un derecho, que emplean mucho en el lenguaje político partidario, no caben dudas que siga sin reconocerse, y que así como hay una brecha de género también no es menos cierto que existe una brecha entre las generaciones. Necesitamos una Sociedad y un Estado cuyas conductas y acciones sean acordes a los derechos. Alguna vez escuché a alguien decir, con bastante sencillez, «… si no se trabaja en conjunto, los caminos son más largos…».

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