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Mundo freelance: beneficios y angustias de trabajar en soledad

La plataforma Freelancer.com, que concentra la mayor cantidad de ofertas, cuenta con más de 35 millones de usuarios. Para la firma, tres razones explican la «moda» freelance: la alta conectividad que permite trabajar de forma remota; los cambios de paradigma en las empresas y en las formas de atraer el talento; y la manera de concebir el empleo de las nuevas generaciones.

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La Plata, ago 24 (Por Daniela Gian, de la redacción de DIB).- De 8 a 12 Facundo Arroyo es freelancer. Sentado frente a la computadora de su dúplex platense y junto a su gata Fela, escribe notas periodísticas sobre música y arte emergente para las revistas y diarios más importantes del país. A la tarde, cambia el chip para aportar ideas al equipo que diseña campañas de prevención en el Ministerio de Salud bonaerense. «Ser freelancer me da la chance de seguir escribiendo, que es lo que más me gusta. Pero vivir del freelancismo hoy en Argentina es casi imposible. Conozco a pocas personas que lo hacen y trabajan 16 horas por día. No es saludable», cuenta a DIB.

Periodistas, fotógrafos y diseñadores gráficos coinciden en que «convertirte en tu propio jefe» encierra varias trampas. La primera es salarial. Luego aparecen otras menos atendidas, como conseguir el mobiliario adecuado, entender de trámites contables y hasta controlar la ansiedad generada por la inestabilidad laboral.

En las disciplinas en auge, como el marketing digital y el desarrollo web y de aplicaciones, los sueldos mejoran, pero en todos los casos, la forma de trabajo de moda requiere de una organización individual. Lo mismo les ocurría a los mercenarios medievales ingleses que dieron origen al término: free (independiente) lance (lanza). Es decir, guerreros que no servían a ningún señor en particular.

«Lo mejor es no tener que cumplir horarios, poder trabajar desde donde quieras, tomar vacaciones sin coordinar y elegir proyectos. Lo peor es perder derechos laborales: aguinaldo, vacaciones pagas, ART, indemnización», explica Francisco, de 29 años, analista en marketing digital. Francisco (pide reservar su identidad) trabaja en su casa de noche o a la mañana muy temprano porque durante el resto del día tiene un trabajo en relación de dependencia.

Sus clientes están en Argentina, varios países de Latinoamérica, Miami, Hong Kong, Australia e India, y le demandan unas diez horas por semana. Aunque si los pedidos aumentan, puede hasta duplicar la carga horaria y ocupar los fines de semana con reuniones virtuales en cualquier lugar del mundo.

Camila, comunity manager de 32 años, disfruta de viajar con las obligaciones laborales a cuestas. «Ahora estoy en España y desde la computadora puedo seguir atendiendo las cuentas que manejo en Buenos Aires», explica. Su trabajo consiste en crear piezas para las redes sociales de políticos y profesionales independientes. Mientras tanto, visita a familiares y pasea.

Mario De Fina es fotógrafo freelancer y para que sus imágenes recorran las agencias de noticias y portales del mundo, tiene que estar atento las 24 horas del día a la realidad. Ese trabajo fulltime lo hace desde su departamento en pleno corazón porteño, al que convirtió en un estudio. «Tengo el living preparado para trabajar y también viene gente a hacer coworking. Ser independiente te da libertad creativa, pero la contracara es el bajo costo del trabajo que uno realiza», remata mientras sube a un avión con su cámara y pide el día para faltar a su trabajo fijo en una empresa familiar.

Cambios de hábitos
La plataforma Freelancer.com, que concentra la mayor cantidad de ofertas, cuenta con más de 35 millones de usuarios. Para la firma, tres razones explican la «moda» freelance: la alta conectividad que permite trabajar de forma remota; los cambios de paradigma en las empresas y en las formas de atraer el talento; y la manera de concebir el empleo de las nuevas generaciones.

Mientras que los Baby Boomers (nacidos entre 1946 y 1960) pasaban de 20 a 30 años en un mismo trabajo, hoy los milenials (1981-1994) sólo permanecen 5. Y según datos de la consultora Deloitte, se espera que los centenials (de 1995 al presente) cambien de empleo cada seis u ocho meses.

De la mano de los freelancers, los espacios de coworking también están en auge para abaratar costos y generar comunidad. «Entre los coworkers hay programadores, traductores, animadores, diseñadores web, abogados, empresas de turismo, financieras y arquitectos», cuenta Sebastián Nill, creador de Weiaut, un espacio de coworking de La Plata. Reservar un lugar en esa oficina gigante de varios pisos, que brinda conexión a Internet, cocinas con insumos básicos para servir café, mate y té, servicio de recepción, salas de reuniones, juegos, descuentos en cursos y salones, afteroffices y hasta impresiones gratuitas, cuesta $3.000 por mes, sin límites de horario. «Los espacios de coworking van a ser las cervecerías del 2022. Cualquiera que tenga un garaje o una casa grande, lo va a hacer. Tenés que invertir en Internet, una linda mesa, un televisor y listo», pronostica el dueño de Weiaut. (DIB) DG

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