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Mitos del desarrollo

El Desarrollo es el MEDIO para el GRAN FIN: la Integración Nacional y ésta presupone derrotar la pobreza, nunca exacerbarla con la flexibilización laboral

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Escribe Enrique Aschieri*

La falta de inversión se debe a la falta de salario, es decir: a la falta de mercado

La columna de Gustavo Rosas “¿Cómo hacemos el desarrollo?” (07/06/2021), nos interpela en nuestra condición de militantes y/o dirigentes de tiempo completo durante décadas ( 1970/1995) del Comité de la Provincia de Buenos Aires del Movimiento de Integración y Desarrollo (MID), alarmados ante otra muestra más para el asombro, donde aquellos compañeros de militancia de otrora, que formalmente permanecen en el partido que fundaran Arturo Frondizi y Rogelio Frigerio, continúan tirando por la borda la tradición de pertenencia al Movimiento Nacional y a su correlato estratégico en el terreno político, la Alianza de Clases y Sectores Nacionales, proponiendo una renovación doctrinaria que encubre la asunción de posiciones liberales, matizadas con tintes reaccionarios.

Pruebas al canto. Cuando se dice que “La idea del desarrollo, a diferencia del mero crecimiento, supone no sólo el incremento de la producción del país, sino la diversificación y multiplicación de sus funciones productivas”, se cae en un lugar común, inconveniente para la conceptualización de un complejo proceso como el Desarrollo y para dilucidar las diferencias entre el Crecimiento tramposo e ilusorio y el Desarrollo sólido y auténtico.

La distinción entre desarrollo y crecimiento la establecieron los partidarios de la Teoría de la Dependencia, un enfoque cuya aceptación generalizada fue inversamente proporcional a los fundamentos del enfoque desarrollista. El argumento que se utiliza para la operación de diferenciar reside en que la industrialización de la Periferia es estructuralmente diferente de la industrialización precedente del Centro. Se explica que esa diferencia consiste esencialmente en que en el Centro la industrialización estuvo inducida por la difusión de los frutos de la técnica y la creación del mercado masivo, por la universalización del consumo de nuevos productos y por la elevación de los salarios reales.

En cambio, los países periféricos (“dependientes”) de la actualidad se industrializan apoyándose sobre la base angosta del consumo de una élite, mientras que la gran masa de la población vive afuera de ese coto cerrado, haciendo un consumo cualitativamente diferente y estando fuera de los intereses de los sectores avanzados, dado que son un reservorio de mano de obra barata. Sin embargo, si superamos la apariencia y revisamos el fenómeno y la sustancia, vemos que está lejos de ser cierto que el nivel de igualdad en el abanico de los ingresos de las diferentes clases sociales era mucho más cercano en los países desarrollados durante la etapa del “despegue”, de lo que es en la actualidad de la periferia.

Cuando se habla del consumo de la elite y de la marginación de las mayorías populares en los países poco desarrollados de la actualidad, se suele olvidar que en las etapas análogas, lo esencial de la actividad económica de los países actualmente desarrollados giraba casi exclusivamente alrededor de las especias, los metales preciosos, los tapices, la ebanistería, etc., lo cual involucraba a una ínfima minoría de la población. El Subdesarrollo es esencialmente un retardo del Desarrollo, sin sofisticadas explicaciones.

Por otra parte, en tanto y en cuanto falta agregar a la noción de Desarrollo una distribución más equitativa de los ingresos, la alternativa crecimiento / desarrollo es absolutamente estéril, porque históricamente y a largo plazo los niveles de crecimientos más elevados van acompañados siempre de un amplio proceso de igualación. Es esa igualación y la extensión del mercado interno quienes inducen y alimentan el proceso de crecimiento y desarrollo y son los factores que permiten ir traspasando umbrales. Pero si queremos mandar el proceso de desarrollo a seguir estancado como siempre, basta con una serie de silogismos para llegar a la nada original conclusión de que hay que flexibilizar completamente el sector laboral para que florezcan las inversiones.

Y ciertamente, no podemos ignorar cómo funciona la inversión en el capitalismo realmente existente. El Desarrollo presupone la existencia de un excedente de la producción corriente sobre el consumo corriente y la utilización productiva ulterior de ese excedente. Al respecto, uno de los grandes aportes al país de la experiencia desarrollista (1958-1962), es haber demostrado que carece de relevancia práctica la nacionalidad de ese excedente, mientras que es decisivo en un país con atraso relativo, contar con ese excedente en una cuantía que debe superar en mucho lo que se genera localmente, si se quiere acelerar el desarrollo.

En una sociedad de libre empresa, la inversión y, en consecuencia, el desarrollo son directamente proporcionales al consumo improductivo, lo que verdaderamente es el mundo parado sobre su cabeza. Es que bajo el capitalismo el principal problema es vender. No es verdad que no hay inversión porque no somos cuidadosos con los inversores (pobrecitos ellos!). La falta de inversión se debe a la falta de salario, es decir, a la falta de mercado. Cómo decía Rogelio Frigerio (el abuelo, por favor!): “El salario es el mercado”. Nadie se pone a producir sino puede vender.

Muchos prejuicios y mitos tienen que ser abandonados. No está la fuente de las ramas más dinámicas en el sector productor de los medios de producción, en la industria de las máquinas-herramientas y manufacturas de alta tecnología. Es en el otro extremo de la cadena, en las industrias que están lo más cerca posible del consumo más cotidiano, que se encuentran los puntos de crecimiento. Necesitamos acero para hacer autos, monopatines, cocinas y notebooks. Pero si no hay mercado (es decir, salarios con poder de compra) para autos, monopatines, cocinas y notebooks, no tiene sentido invertir. Esta dinámica sufre implicaciones considerables muy perjudiciales cuando se postula romper la legislación laboral para desproteger a los trabajadores, con el fin de institucionalizar a la baja los salarios. Es la receta del subdesarrollo. Además, deberíamos tomar nota de que no competimos con la periferia de bajos salarios por las inversiones externas, sino con el G7!, donde va el grueso de esas inversiones.

Justamente a los países más avanzados y con mayor protección social. Cuando esos países de un tiempo a esta parte bajaron la guardia en materia de protección laboral y social, la amenaza de la desintegración nacional se hizo presente en forma de ultraderecha. El desarrollo es para la integración nacional y ésta presupone derrotar la pobreza, nunca exacerbarla.-

Parece imprescindible que todos aquellos que tuvimos ( y entre ellos Patricio Rosas) en los años 1965/1985 el privilegio de tratar directamente y recibir conocimientos extraordinarios de parte de personalidades tales como Arturo Frondizi, Rogelio Frigerio, Marcos Merchensky, Isidro Ódena, Ramón Prieto, Juan José Real, Oscar Camilión, Héctor Valle, Paulino Pena, Alfredo Allende y muchos más del mismo nivel, hagamos el esfuerzo de recordar lo recibido y honrar su herencia, contribuyendo a recolocar el barco desarrollista en el rumbo de la Integración Nacional a través del Desarrollo de sus Fuerzas Productivas Espirituales y Materiales.-

(*) Economista, docente universitario, columnista por el Desarrollismo en el Portal “El Cohete a la Luna”, editorialista económico del Grupo Integración

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