Marisa Luján se considera un “ejemplo” de que “se puede”. En el marco de la semana de la mujer, la estilista contó su experiencia y trayectoria, en un largo camino que hoy la encuentra retirada y viviendo en Córdoba.
“Hoy todo ha cambiado: la mujer ya no se calla, levanta la cabeza, infló el pecho y ya no la para nadie”, asegura. “En mi caso, construí una carrera en la peluquería y estuve a la altura de cualquier hombre, porque también crié a mis hijos sola, siempre con la ayuda emocional de mis padres y otra persona que trabajó muchos años en mi casa. Pero se puede, y soy un ejemplo de eso”.
Sobre su historia personal, remarca que “mis hijos ya son hombres de 33 y 27 años y tienen una mentalidad totalmente abierta, y vemos en chicos de 10 o 15 años cómo va evolucionando todo, y gracias a esto la mujer fue ganando terreno”.
“Tuve la posibilidad de pasar por el gobierno municipal y ejercer un puesto donde trabajé muchísimo para las mujeres”, dijo, aludiendo a su papel como directora de Género en la Municipalidad de Junín durante el primer período de gobierno de Pablo Petrecca. Desde allí “pudimos cambiar muchas cosas y tengo el orgullo de sostener el contacto con mucha gente que en barrios y localidades estaba muy vulnerada”, agrega.
SUS PASOS
Marisa Luján recuerda que “nací en Villa Belgrano, hija de un cordobés maquinista ferroviario y de una enfermera de Baigorrita que ejerció en el Hospital Ferroviario. Fui mamá a los 24 años, y me inicié en la profesión el 15 de diciembre de 1985, cuando instalé mi primera peluquería en Primera Junta casi Libertad. Ahí mi papá Pedro tenía un negocio y redujo su espacio para hacerme lugar a mí”.
“Empecé con dos toilettes solamente, un sillón de espera, pero en 1989 salí subcampeona de un concurso de peluquería y desde ese momento, la clientela tuvo una estampida. Fue tanto que habíamos puesto sillas y banco en la vereda”, remarca.
Para hacerse conocida, una vez que volvió a Junín luego de estudiar, recuerda que empezó a hacer “domicilios”. “Cuando la gente grande por ejemplo quería el servicio, me llamaba, y después me recomendaban a la hija, a la vecina, a la pariente. Así fueron mis inicios, muy desde abajo, pero a los pocos años tenía una clientela de más de 300 personas”.
“En 1993 hice un gran desfile en Junín y ahí surgió la idea de hacer una gran peluquería, algo que fue genial durante ocho años que tuvimos la sociedad”, agrega.
Luego, en el 2001, Marisa Luján retomó su labor en un local sobre calle Pellegrini. “Me fue muy bien, trabajé para varios laboratorios, en los mejores escenarios de la Argentina y también me dio la posibilidad de viajar por distintos lugares del país”.
OTROS AIRES
Por otra parte, Marisa aprovechó la ocasión para contarles a sus clientas “por qué no avisé que iba a dejar y me fui de repente”, ya que hace un tiempo abandonó la profesión y se mudó a Córdoba.
“La salud me puso un freno y tuve que decidir, además que encontré la posibilidad de alquilar la casa y la peluquería todo junto, por eso dejé. Pero extraño mucho a mi segunda familia que son mis clientes”, resalta finalmente.
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