Marisa Lujan es una de las más prestigiosas peluqueras que existen en la ciudad. Con 35 años de trayectoria, esta profesional supo ganarse el reconocimiento de sus clientes a base de esfuerzo y dedicación.
Estudios en Capital Federal, más un sinfín de capacitaciones y actualizaciones permanentes, le permitieron sobresalir por sobre el resto de sus colegas.
Actualmente cuenta con asistentes de gran jerarquía como Jesica Gómez y Lorena Testadiferro y el sector de manicuria está a cargo de Viviana Pérez.
Este medio dialogó con Luján para conocer su trayectoria y las nuevas tendencias en peluquería.
“Comencé el 15 de diciembre de 1985. Mi papá tenía una fábrica de baterías mas una gomería y seccionó sus negocios para hacerme un local a mí. Esto fue en Primera Junta, casi Libertad, muy cerca del Chalet de Mr. York.
En mis comienzos tuve la oportunidad de conocer a grandes estilistas de Buenos Aires para perfeccionarme y empecé a competir representando a la ciudad y a la Provincia en 1989. Gané hasta segundos premios a nivel nacional y si bien no terminé primera, estar en ese lugar dentro de 300 personas creo que es importante.
Viajé a distintos países con UPA, que es la Unión de Peinadores Argentinos. A nivel internacional no competí pero sí acompañé al equipo y recorrí varios continentes. Siempre tuve el salón en Junín, pero sí tuve otras direcciones en ciudades como en 9 de Julio, Chacabuco, Lincoln y Salto”, contó la profesional.
Seguidamente habló sobre las nuevas tendencias y reconoció que “cuando empecé era la época del brushing. Hay muchas variantes. Tenés la mujer que elige el rulo, otra el lacio. No hay una moda específica, se usa una tendencia. Y por la tendencia misma va usando lo que le queda mejor. También hay gente que va a la peluquería todos los meses y otras que no. La que no puede ir, usa un estilo que son los reflejos rubios o de colores, pero de la cúspide para abajo, la cúspide queda de un color natural.
Nosotros creamos el estilo de la persona a través del visagismo. Miramos todos los atributos y las virtudes para destacarlos con la tendencia que existe. Creamos un estilo a través de su estilo personal. Miramos donde trabaja, si le es práctico o si necesita un corte de mucha peluquería”.
“Cuando un alumno se egresa lo primero que le digo -es un comenzar-. Tenemos que perfeccionarnos todos los años. Cambia la tecnología del producto y por ende la técnica de trabajo. A través de una revista la gente pide estilos y no siempre se puede por el tipo de pelo. Pero sabiendo la técnica, los productos se usan como corresponden y se genera el estilo propio poniendo nuestra impronta”, apuntó Luján.

Escuelas de peluquería
“A veces es una profunda tristeza porque hay lugares que enseñan lo que se usa ahora pero no la técnica real de cómo se trabaja. Uno tiene que saber la biología e histología del pelo para poder trabajar. En ciertas escuelas no están enseñando como corresponden. Solo aprenden a pasar la máquina y cuatro o cinco estilos y ya ponen una peluquería.
Hoy la barbería es moda, el marketing que se utiliza para la barbería es hermoso pero no siempre hay profesionalismo. Me gustaría destacar a muchos profesionales, peluqueros desde siempre pero no todos los barberos que están hoy son profesionales. Quizás se ve el negocio y no tanto la vocación”, reflexionó.
Su familia, el gran sostén
“Tuve la oportunidad de tener buena gente como empleados o asistentes. He dejado muchas cosas por seguir mi carrera. Tuve muchísimos logros. Mis padres me ayudaron desde el comienzo y para competir necesitás dedicación. Trabajé para marcas líderes y no estoy arrepentida de haber dejado muchas cosas de mi vida personal porque lo siento así.
Ubicarme atrás de una persona para cortarle el cabello, me siento identificada y orgullosa. Tengo muchísima clientela y no es poca cosa.
La peluquería es mi otra familia. Tengo un hijo que estudió marketing. El otro estudia arquitectura. Tengo tres sobrinos que los formé y están trabajando de esto, gracias a Dios”, explicó.
Perfeccionamiento diario
“Comencé con un primo mío que era peinador de canal 9, Juan Carlos Luján. Lo admiraba por la creatividad frente a las clientas y me di cuenta que era lo mío.
Estudié primero acá y luego me fui a perfeccionar a Buenos Aires. Estuve en A.P.P.Y.A, que es la Asociación Patronos Peinadores y Afines. Competí para ellos. Me fui formando, los peluqueros tenemos dos o tres perfeccionamientos al año y si no lo seguís, perdés el ritmo.
Me dolería si un cliente me pide algo y no lo puedo hacer, nunca dejé de perfeccionarme».
Por último, quiero expresar «mi agradecimiento a mis padres, gracias a ellos pude seguir mi carrera y también a la clientela que me sigue eligiendo durante todos estos años”.
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