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Mar del Plata, repleta de gente

Poco lugar en la orilla, ahí donde la arena húmeda vuelve más firme el terreno, como para correr u organizar los distintos juegos de playa.

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Después de un sábado sin desperdicios, el sol volvió a brillar hoy con fuerza sobre la costa marplatense y el resto de las ciudades balnearias.

   El calor no fue tan intenso ni sofocante como en la jornada anterior, pero una vez más, con una temperatura agradable que rondó los 26 grados, el día se hizo ideal para todo tipo de actividades al aire libre.

   Y, como ocurre en cada fin de semana de verano con Superclásico, la ocupación de la ciudad se vio notablemente incrementada, detalle que se pudo advertir más claramente en las playas, donde casi no hubo sectores públicos donde instalarse con holgura.

   Poco lugar en la orilla, ahí donde la arena húmeda vuelve más firme el terreno, como para correr u organizar los distintos juegos de playa.

   Los fanáticos del tejo llegaron bien temprano, calcularon el horario de la marea, marcaron la cancha con la soga que delimita su perímetro y así se aseguraron su religioso espacio de recreación diaria.

   Los que llegaban con la pelota o la paleta, debieron esperar que avanzara la tarde -o que bajara el mar- para encontrar algunos metros libres donde practicar algo de deporte sin molestar a los demás.

   Los aficionados al trote por la orilla ya lo tienen claro: para correr sin inconvenientes hay que ir bien temprano a la playa, cuando todavía no empiezan a desembarcar con sus bártulos las familias y los grupos de amigos.

   Incluso, en ocasiones, se pueden observar personas que llegan en soledad, despliegan una esterilla y se tienden a tomar sol durante un par de horas con gesto de satisfacción.

   Este fue un domingo especial, con mucha gente atraída por las bondades climáticas del día pero con presencia bien marcada de fanáticos que, con camiseta y gorritos de River y Boca, le dieron al día un aspecto bien diferenciado del resto.

   En algunos sectores, los grupos de uno y otro bando se fueron aglutinando y, entonces, lo pintoresco dio lugar a paisajes desagradables, con hinchas arrojando mucha basura, entonando canciones desafiantes y violentas y quitándole armonía y paz al día perfecto que muchas familias habían planeado.

   De hecho, hubo gente que resolvió cambiarse de playa, cuando advirtió que la que había elegido a la mañana para pasar el domingo, poco a poco se fue transformando en territorio de barrabravas.

   Pero fue el único detalle que deslució, y sólo en algunos lugares, una jornada que volvió a ofrecerse con su mejor cara de verano para los recién llegados, para los pasajeros de la segunda quincena y para los llegaron a principio de año y todavía siguen de jarana.

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