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Map The Unknown: cómo hacer del viaje un estilo de vida

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Francina Cassaniti, joven juninense de 26 años, es licenciada en Recursos Humanos y Life Coach. Esta última carrera, según ella, la ayudó mucho para dar el salto a un estilo de vida totalmente diferente que la apasiona, y hoy busca ayudar a que otros también puedan hacerlo. Hace un año que se dedica a dar la vuelta al mundo con su novio de Filipinas para hacer de viajar su estilo de vida.
Si bien ya había vivido afuera y viajado mucho, trabajar de 9 a 17 y viajar sólo cuando tenía vacaciones no la llenaba. Por esta razón, luego de un retiro de meditación en Tailandia, Francina tomó la decisión de dejar su vida de rutina en Buenos Aires e ir en busca de su sueño, de hacer del mundo su casa y su realidad.
Ella, junto con su pareja, comparte todas estas experiencias a través de Map The Unknown. Un proyecto que tiene como objetivo inspirar y ayudar a que más personas tomen el coraje y se animen a dar el salto a un estilo de vida lleno de libertad de tiempo y geográfica, en donde no estás atado a una rutina y podés vivir haciendo lo que amás, y al mismo tiempo viajar y trabajar desde cualquier parte del mundo. Podes encontrar más sobre Map The Unknown en Facebook, Instagram y YouTube.
En su paso temporario por Junín, su ciudad natal, charló con Grupo La Verdad sobre las distintas experiencias que le toco vivir en cada punto del mundo que visitó.

-¿Cuándo empezaste con los viajes?
-Yo viajé siempre, pero en 2014 arranqué sola. Antes me iba con mis papás, pero el estilo de viaje era distinto.

-¿Qué te motivó a viajar por el mundo?
-Todo empezó porque estaba buscando mi primer trabajo y una de mis amigas me dice “mirá, hasta que te salga algo porque no te sumás a una ONG que hace intercambios internacionales y capaz te puede gustar”, y bueno, me sumé. Descubrí un mundo muy lindo.
Se me cayeron un montón de juicios y de ideas que tenía de la vida a partir de conocer personas de otras culturas. Al principio conocía por gente que venía a la Argentina, pero después de dos años de trabajar en la ONG y ayudar a que la gente pueda viajar, decidí yo hacer mi intercambio. Buscaba conectarme con otra cultura que me sacara de mi zona de confort, algo que me movilice y ahí me fui tres meses a Rumania a hacer un voluntariado.

-¿Qué fue lo que más te sorprendió de las culturas que conociste?
-Cada vez que viajo, independientemente de la cultura que sea, me doy cuenta que se derriban conceptos que tenemos, todos los juicios que se tienen y que lo único que hacen es cerrarte posibilidades.
Cada cultura, al ser tan distinta la nuestra, me llevó a pensar a que no sólo mi mundo es el correcto y que, que el otro sea distinto a mí, no implica que esté mal. Abrirte a esto te sirve para abrir la mente y poder ver el mundo focalizándote en las oportunidades que se abren.

-¿Cuánto tiempo estás en cada lugar?
-Depende, en Filipinas estuvimos seis meses, entre India y Tailandia un mes. En Hawái estuve dos meses, Alaska un mes. Va variando dependiendo de si siento que el país tiene algo más para mostrarme y me dan ganas de quedarme.
Si hay algo que me parece que está bueno es viajar lento, porque ahí podés apreciar lo que la cultura del lugar tiene para darte. Suceden cosas mágicas porque no estás atado a un plan.

-¿Y los gastos? Porque hay que pagar el traslado y la comida
-Eso depende mucho del tipo de viaje y experiencia que uno haga. Cuando el viaje es más lento, menos gastas porque no te metés en tours. En lugar de ir a un hotel podés vivir con un local que quieren conectar con otras culturas o cuidar la casa y las mascotas de alguien que está de viaje, ahí no pagás alojamiento.
La comida depende mucho del país, en Hawái el costo de vida es muy caro pero podés vivir barato si vas a los mercados de agricultores, que tienen precios más baratos y ayudas a los locales. Tampoco vas a restaurantes ni eso porque no estás de vacaciones, estás viviendo ahí.
Nosotros llevamos un control de lo que gastamos y gasté mucho menos de lo que gastaba cuando vivía en Argentina. En Alaska vivimos un mes gratis, sólo pagamos comida y nos prestaron un auto.

-¿Y cómo te comunicás con la gente de los distintos países?
-Sobre todo en inglés. Mi novio es filipino y entre nosotros nos comunicamos en inglés, entonces tengo un manejo muy fluido. Si la persona no habla inglés, como en Rumania, es lenguaje de señas, mezclado con algunas palabras que pueda aprender.
En India me aprendí las palabras para comprar, a decir hola, gracias,pedirme un taxi o tomarme el colectivo. Esta es una manera de respetar la cultura a la que estoy yendo y te abre posibilidades a la hora de negociar.

-¿Hay algún lugar al que no volverías porque la pasaste mal?
-Me pasó algo feo en India pero volvería a ir. Terminó con un final feliz, por así decirlo. Siempre que me pasaron cosas que me llevaron a momentos de crisis, les terminé buscando el lado positivo. Capaz hay ciudades que no tienen mucha historia o cultura y no iría por eso, no porque me pase algo malo.

-¿Se puede contar lo que te pasó o queda en India?
-Se puede contar. Me pasaron dos cosas. India es el caos total, principalmente en Delhi. Si en Buenos Aires la gente insulta, toca bocina y todo, multiplícalo por cinco. A eso sumale los olores porque hay animales. Te podés cruzar una vaca, un elefante, un perro, lo que sea.
Me dijeron que tipo 17 ya tendría que volver al hostel porque se pone oscuro. Yo me tomé mi tiempo para recorrer con un chico de allá que me llevaba y le pregunté por el templo y me dijo “mirá que ya es tarde”, le dije que igual quería ir, pero él no podía así que tuve que ir sola.
Salgo del subte y estaba negro el día. No se podían ver las calles entre la acumulación de autos, vacas. No podía ni ver el templo ni a las personas. Yo estaba con una musculosa y ellos no están acostumbrados a ver los brazos y los pechos de las mujeres, entonces los ojos van directamente a esa zona. Me agarraron nervios y pensaba para qué fui si todos me avisaron que no lo haga.
Por suerte encontré una joyería en la que pude entrar y me dijeron que ni se me ocurra ir porque la calle era más oscura todavía y no sabía en qué podía terminar. El tema es que tenía que volver a meterme en ese caos para volver. Encima la estación de subte estaba cerrada y tuve que meterme en otra. Logré subirme y me quedaba la aventura de llegar al hostel. Por suerte pude, pero nadie me quita el miedo.
Después me pasó lo mismo en otra parte de India. Me quería tomar el colectivo, se hizo de noche y el mapa del celular me dejó de funcionar. Lo único que había en la ruta eran vacas y yo. En eso apareció un taxi, que era una moto con cabina y me preguntó qué hacía sola siendo extranjera ahí y me dijo “te puede pasar cualquier cosa, yo te llevo a donde tenés que ir”. Yo pensé que a él no lo conocía, pero tampoco tenía muchas opciones. El hombre me empezó a hablar de Maradona, lo que me dio tranquilidad, y me llevó a tiempo a la estación.

¿”Maradona” es lo que más escuchás cuando decís que sos Argentina?
-Sí, Messi también. Yo pasé el mundial en Filipinas y estuvo con un grupo de italianos que nos bancaban. Me preguntan mucho de fútbol y por la carne.
En el mundial 2014 estaba en España y un brasilero me escuchó el acento y me dijo “Ah, sos Argentina” y me empezó a insultar. En México también me escucharon el acento y me insultaron.

-¿Nunca pensaron en dejar de viajar?
-No. Si hay algo que este año nos enseñó es que podemos tener el mismo estilo de vida en cualquier lugar, con el plus de que estás conociendo otra cultura y aprendiendo. Mi día es extraordinario porque tengo todo lo que tenía en Buenos Aires, pero con el plus de estar trabajando y a la noche ir a ver la aurora boreal o estar rodeada de montañas en Alaska.

-¿Cómo manejás la distancia con tu familia y amigos?
-Hago videollamadas por WhatsApp o Facebook, pero básicamente me comunico por audios. Sino, cuando estoy conectada y veo que está algún amigo o familiar lo llamo. Me resulta más efectiva que coordinarla.
También me pasó estar 20 días en una isla remota sin electricidad y estar incomunicada. Ahí nadie sabía nada de mí. Sólo uso mi celular cuando tengo WiFi o datos móviles, comunicarse conmigo es por tiempo limitado. Esto igual ayuda porque cuando estoy conectada y estoy hablando con alguien estoy ahí, y cuando estoy en un lugar estoy disfrutando eso.

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