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Los mojones en el camino

Padre Víctor Roncati – Hace muchos años yo vivía en una Parroquia en Lujan, llamada Sagrado Corazón de Jesús…

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Hace muchos años yo vivía en una Parroquia en Lujan, llamada Sagrado Corazón de Jesús; y además atendía a la Renovación Carismática de la Arquidiócesis, y solía salir unas cinco veces por mes a compartir las bendiciones de Dios en muchos lugares, en otras parroquias que me invitaban a realizar lo que llamamos “Misa para los Enfermos” con la Animación de la Renovación Carismática.

Siempre he tratado de ir con algunos laicos que me acompañan en este ministerio del alivio, y hoy en la actualidad también lo sigo realizando, aunque con menos tiempo, ya que otros trabajos apostólicos llenan mis desvelos.

Una vez, el sacerdote me invito a la Capilla de Villa Moll; a mi particularmente me gusta mucho ir a los lugares de pueblitos…

Villa Moll, es un pueblo del Partido de Navarro (Bs. As) que tiene alrededor de 500 habitantes, un pueblo típico de campo y que todo gira a su alrededor.

Para llegar desde Lujan hay que ir hasta cerca de Navarro y tomar un camino de tierra de más de 40 km. Tenía en ese entonces, un auto Fiat Duna blanco, gasolero, que andaba bastante bien.

Era un jueves, y la misa estaba programada a las 19 hs. Salimos de Lujan a las 17 hs con 4 personas; en la mitad del camino me di cuenta que estaba muy justo con el combustible, ¡pensé! Cuando paso por Navarro lleno el tanque, pero el camino de tierra estaba antes y entre charla y cantos se me olvido; como no conocía el camino le iba diciendo a mis acompañantes que se fijen algún punto de referencia para el regreso: estaban los palos de los alambrados, algunos pintados con cal blanca, algunos árboles especiales, algunos palos de luz… y así llegamos al Pueblo.

Había un par de Combis y autos que venían de los pueblos de los alrededores: Moquehua, Chivilcoy, Navarro, Alberti, Pedernales, Norberto de la Riestra…la Capilla explotaba de gente, hasta afuera en el atrio y por las ventanas, a pesar del frio ya que era invierno… y la música, los cantos y las oraciones envolvía todo el ambiente y calentaba los corazones…

La Celebración había terminado como a las 22 hs. Y fue tan hermosa y profunda la experiencia religiosa que todos los que estábamos allí no nos queríamos ir. El Señor fue muy misericordioso y derramo múltiples bendiciones ese día.

Saludamos y con la promesa de volver comenzamos a regresar a Lujan.

Arrancamos el auto y salimos del Pueblo y allí recordé que tenía muy poco combustible, el guiño del tablero me marcaba “la reserva”.

Nos quedaban pocas posibilidades, creo que podíamos llegar a Navarro, y allí cargar, tal vez, si no alcanzábamos a llegar íbamos a estar muy cerca. Con esa expectativa estábamos, una pequeña oración para que el Señor nos acompañe en el camino y “calle” ¡¡¡adelante!!!

La cuestión era que las señales en el camino que teníamos como referencia, no aparecían, era una noche bastante oscura, los postes de la luz, las plantas, los alambrados, todo nos parecía igual; ninguno de los cinco que íbamos en viaje estábamos seguros que ese era el camino correcto: claro, cuando veníamos para el Pueblo era otro paisaje, las señales la veíamos supuestamente del otro lado, había más luz, estaba el Sol.

Después de unos quince minutos de auto, paramos; y nos preguntamos ¿Qué hacemos?

Si seguimos por aquí y no es el camino, nos vamos a quedar en el medio del campo sin combustible y tendremos que esperar hasta el otro día que pase alguien y nos dé una mano. Era arriesgado.

La otra posibilidad, regresar al Pueblo (donde no hay estación de servicio) y desde allí a Moquehua, ese camino era más fácil de ubicar; pero también bastante más largo para regresar a nuestras casas.

Decidimos hacer esta opción, la más segura, ir a Moquehua: llegamos cerca de las 24 hs. Estaba todo cerrado, la Iglesia (donde estaba el sacerdote que nos había invitado), la plaza, la comisaria… de pronto una luz, risas, humo… el cuartel de bomberos.

Allí paramos, nos presentamos y nos dieron algo de gasoil para llegar hasta Chivilcoy; porque allí sí, hay estación de servicio abierta… ¡¡¡ Gracias, gracias… Dios los bendiga!!!

El “olorcito” a asado que había nos inspiro a seguir el camino, la meta era el surtidor. El tanque del auto, mostro su “hambre” hasta saciarse; y desde allí, ahora sí, pusimos rumbo, por la ruta 5, a Lujan.

Cuando llegamos y cada uno se quedaba en su casa nos dimos cuenta que estábamos en horario para lavarnos, comer algo, y algunos ir a sus trabajos, otros para enviar a los hijos a la escuela y yo para una celebración que ese día me tocaba a las 8 hs. de la mañana.

Durante el viaje, cuando estábamos más tranquilos, meditábamos:

¿Qué difícil se hace el camino cuando no tenemos señales claras?

Y, entonces: ¿Cuáles son las señales en nuestra vida?, esos “mojones” que nos orientan y que son como un “grito” que nos dice: hay que ir por acá.

Permítanme compartir algunos, solo a modo de sugerencia:

a) Somos hombres, creados por Dios, para que vivamos en libertad y nos expresemos en el amor. Con capacidad de diálogo, porque vivimos en comunidades. Nuestra dignidad humana, es que somos “hijos de Dios”.

b) Nuestra vida es para vivir en familia, la familia de origen, con nuestros padres y hermanos y la familia que podemos construir, y amigos alrededor, o tal vez otra opción de vida que podemos elegir.

c) El trabajo, el estudio; merece nuestro esfuerzo y sacrificio, nos debemos preparar para convivir en esta Sociedad moderna que tiene tantos vaivenes.

d) Tener valores éticos y morales claros y que toda nuestra vida pueda transitar por ellos, que nuestro “Si” sea “Si”, no dejarnos llevar por conveniencias personales, egoísmos, mentiras, criticas…

e) Creer en Dios, ya que lo “religioso” no puede estar ausente de nuestra vida; es algo necesario, estamos llamados a transcender, nuestra vida no termina a los 80 años…

¡Ah! Me olvide comentar, que la Capilla de Villa Moll se llama Nuestra Señora del Carmen, cuya fiesta la Iglesia la celebra cada 16 de Julio.

Dios los bendiga.

Padre Víctor Roncati.

Parroquia San Ignacio de Loyola.

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