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Los chicos del barrio La Celeste esperan por manos solidarias

Asisten cada sábado a catequesis y necesitan reponer las garrafas y pantallas que robaron, y también ropa, alimentos y abrigo para llevarse a sus casas.

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María Josefina y Nancy son catequistas de la Capilla Medalla Milagrosa, ubicada en el barrio La Celeste, en calles Arquímedes y Cháves.
Allí conviven a diario con las necesidades no sólo de las familias del barrio, sino también con las propias: el salón donde cada sábado dan catequesis no tiene calefacción, por lo cual salieron a pedir una garrafa y una pantalla a la solidaridad de los vecinos.
Además, luego de las clases de catequesis y participar de la misa que se celebra, los chicos se quedan en el gran salón a compartir la merienda. Para eso, se requiere de leche, masitas, café, té, mate cocido y facturas, que si sobran, son embolsados para que se lleven a sus casas.
Lo mismo sucede con cualquier otra donación que llegue a las manos de la Hermana Francesca, a cargo de este proyecto de llevar la Palabra de Dios a los más chicos: se reparten entre las familias más necesitadas del barrio. Y en esto, todo vale: comida, frazadas, ropa, calzado y cualquier otro elemento que pueda no necesitar una familia.

El trabajo

El Padre Fausto, de la Parroquia Cristo Redentor, está al frente de este proyecto evangelizador para preparar a los chicos a recibir en sus vidas a Jesucristo.
En el trabajo de cada semana, María Josefina cuenta que estuvo en el Grupo misionero de la Parroquia, luego en el Voluntariado del Asilo de Ancianos, pero “quería ser catequista, así que hice dos años del Seminario de Catequesis y Dios me concedió la gracia de llegar a este lugar, en principio para reemplazar a un compañero pero después me quedé”.
Ella tiene a cargo a los nenes de primer año de Comunión, o sea los más chiquitos.
Nancy se ocupa de los adolescentes, desde hace cinco años pero está en la Parroquia desde hace veintisiete. “Nosotros hacemos folletos para repartir y a través de las redes sociales, además del boca a boca que es fundamental”.

El servicio

Además, después de las clases y la misa, se les sirve la merienda a los chicos cada sábado.
El año pasado sufrieron el robo de todas las ollas, garrafas y pantallas, y “a pesar que pudimos ir recuperando, pero las garrafas son muy caras y es lo que usa la gente del barrio”.
“Desde las 14 y hasta las 18 aproximadamente, tenemos los chicos en el salón. Nosotras buscamos las facturas, biscochos o pan, lo que nos brinden en panaderías, y lo que queda se lo llevan a sus casas”, explica Nancy.

Sin calefacción

“Una garrafa completa, con envase y contenido, cuesta alrededor de 1500 pesos y una pantalla cerca de 400, así que no está a nuestro alcance comprar estas cosas que nos son esenciales, porque estamos en un salón muy grande sin ninguna calefacción, con los chicos sentaditos quietos. No pueden aprender en la escuela, acá tampooco”, dice María Josefina.
Las catequistas estuvieron en contacto con el municipio: “La señora Silvia nos dijo que se iba a ocupar, pero era difícil darnos porque no somos una ONG”.
“Estamos a la espera de una respuesta, y también se comunicaron dos personas a través de Facebook, ofreciéndose a donar, algo que también estamos esperando”, detalla, y otras manos anónimas que intenta llevar colchas y frazadas. “Todo es bienvenido, porque lo que recibimos lo trasladamos”, dice.

Trabajo solidario

La hermana Francesca, oriunda de Italia, cuenta que “lo bueno de este trabajo conjunto es que participan también las Cáritas parroquiales, para ayudar a las familias necesitadas con alimentos y en conjunto con la Municipalidad, porque trabajamos en red”.
“El barrio necesita de valores, de contención, y la Capilla es un ambiente familiar y la fe es la respuesta más importante para darle sentido a la vida. Acá aprenden el respeto, a dar vida a su propia comunidad”, agrega.
En este marco, quieren que “la mayoría de los que estamos hoy no somos del barrio, así que queremos que ellos mismos se hagan cargo”.
Además, dice que “tenemos alrededor de 40 familias a buscar semanalmente ayuda, más otras que se suman a pedir comida o ropa. Queremos que haya una construcción en conjunto con el municipio, para que no sea sólo asistencialismo sino que cada uno tenga las herramientas necesarias para forjar su futuro”.

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