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Los argentinos pierden la cabeza por el álbum del Mundial

La escasez de los cromos de Panini crea filas interminables, un mercado negro y escenas de violencia en Buenos Aires.

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“Llegaron, cerramos a las 16 hs. Saludos”. El mensaje de Julio, el dueño de la juguetería ubicada en una esquina del barrio de Villa Urquiza, no da tiempo a pensar. Son las 15.30 de un sábado y hay que correr. Juan tiene 11 años. “Los dejo chicos, que llegaron las figuritas”, les dice a sus compañeros de videojuegos. Minutos después, previo pago de 900 pesos, unos seis dólares, habrá conseguido seis sobres para agregar al álbum Panini del Mundial. Pero la carrera de Juan no termina allí. Sabe que el distribuidor de Julio también le vende al kiosco de la otra calle y hacia allí sale disparado. El vendedor lo conoce de años y le dará 10 paquetes. Ha sido una buena cosecha: 16 sobres en unos pocos minutos. Pero su alegría será efímera. La escasez de cromos es tan brutal que es posible que Juan tenga que esperar toda una semana para conseguir más. Los argentinos han perdido la cabeza por las figuritas del Mundial.

“Esto no lo vi jamás”, dice Juan Vargas, dueño de un comercio que vende historietas y figuritas, como le dicen en Argentina a los cromos o láminas, en un pequeño comercio de Lavalle y Florida, dos de las calles más comerciales del centro de Buenos Aires. Desde el 24 de agosto, cuando se lanzó al mercado la colección de Panini, no ha parado. Recuerda que la fiebre fue tal que los clientes intentaron romperle los vidrios de la marquesina cuando dijo que ya no tenía más sobres. “Nadie esperaba esto. Los distribuidores repartieron las cajas una semana antes de lanzamiento. Empecé con 2.000 sobres y los vendí en un día. Pero la gente se pone violenta”, se queja.

Escasez
Los motivos de la escasez no están claros. Por un lado, la demanda ha destrozado todas las previsiones. Por el otro circulan todo tipo de versiones conspirativas: no hay papel porque cerraron las importaciones, las figuritas se venden a Brasil porque allí las pagan más o es una estrategia de Panini para acelerar las ventas compulsivas a medida que se acerque el Mundial. Mientras tanto, crece el mercado negro. En internet se ofrece el cromo extra de Messi a 45.000 pesos (el equivalente a 300 paquetes), equipos completos a 8.000 pesos y 100 figuritas “sin repetir” a 14.000 pesos. El álbum completo de tapa dura cuesta 40.000 pesos y 30.000 si es tapa blanda. En el transporte público proliferan los vendedores que ofertan figuritas falsas.

Los grupos de whatsapp de padres y madres de colegio arden: “En el kiosco de Santa Fe y Coronel Díaz tienen figuritas. Acabo de pasar y hay fila”; “Compré el álbum y tienen más. ¿Alguno quiere?”. Los kioscos hacen malabares. Pegan carteles con la leyenda “No tenemos figuritas” hartos de decir que aun no han llegado. En otros son menos amigables. Adrián Palacios tiene cinco comercios y en una cartulina amarilla escribió a mano “Panini traidor”. La escasez inició una guerra entre los comercios minoristas y la empresa, a la que acusan de sumar como puestos de ventas a supermercados y gasolineras. “Nosotros les vendimos todo el año las figuritas, la petrolera no y el supermercado tampoco. Es desleal lo que han hecho”, se queja.

El malestar llegó a la cámara que agrupa a los kiosqueros, que pidió la intervención del Gobierno. Tras una reunión con funcionarios, el gerente de marketing de Panini, Nicolás Salustro, dijo que solo se trató de multiplicar los puntos de venta. Negó además que la falta de oferta sea adrede. “No es una estrategia, a nosotros no nos gusta que se armen estos desfasajes. Queremos entregar lo más posible. Tengan paciencia, porque la confección del álbum lleva varios meses”, dijo Salustro. Con cada aclaración, crece la ansiedad de los hinchas. Los argentinos saben que este será el último mundial de Lionel Messi y hasta sueñan con que el equipo que viene de ganar la Copa América contra Brasil en 2021 repita la historia este año en Qatar. Como Julián Ramírez, un estudiante de enfermería de 22 años que lleva desde las seis de la mañana en la fila frente al comercio de Juan Vargas. “Es el único sitio donde consigo y ya nos dieron número”, dice. Detrás suyo está Luisa Gonzáles, de 64 años. “Dejé temprano a mis nietos en la escuela y vengo a comprar para ellos. No pueden faltar a clase”, explica.

Es miércoles y Juan Vargas repartió solo 48 números, justo para vender 10 sobres por persona. “No tengo ni uno más”, se justifica. “El distribuidor tenía que entregarme el martes, pero lo hará recién el viernes. Me trae cuatro cajas, que son 4.000 paquetes”, dice. Ese día dará 200 números y sabe que la fila frente a su local dará la vuelta a la esquina. Vargas se queja de que dos de sus tres distribuidores le avisaron que cerraban por vacaciones. Julio, el dueño de la juguetería de Villa Urquiza, muestra en su celular el mensaje que recibió de su proveedor habitual de figuritas: “La recepción de mercadería no presenta ninguna mejora. Vamos a recibir de Panini la mitad de lo acordado al principio. Creemos que en algún momento regularizarán la situación”. Vargas confirma que la demanda se ha disparado. “Mi distribuidor vendió en una semana lo que vendió en un mes durante el Mundial 2018″, dice.

Parque Rivadavia
Cuando faltan figuritas, suben los precios. En Parque Rivadavia, un centro tradicional de canje de “repetidas”, piden hasta 300 pesos por sobre, el doble de su valor de mercado. Los kioscos también sufren. “A mi me los venden a 105 pesos, pero me han llegado a pedir 150, que es el valor de venta al público”, dice Julio. Sobre una mesa de escritorio, Vargas tiene unas 1.000 figuritas sueltas. Son las que le quedaron tras completar dos de los álbumes que luego venderá a coleccionistas. “Abrí dos cajas de 1.000 sobres para llenar todas las páginas. Las repetidas las canjeo en el local o las vendo sueltas”, dice. Vargas confirma que las extras, que no tienen numeración y están dedicadas a grandes estrellas como Messi o Cristiano Ronaldo, son especialmente difíciles de conseguir. “En una caja de 1.000 sobres me vinieron cuatro y en otra seis”, dice. La de Messi es un gran tesoro. “Ya vendí 25.000 sobres, a razón de cinco figuritas cada uno, y la extra de Messi salió una sola vez”, revela Vargas, que sigue la trayectoria de los cromos en sus grupos de redes sociales. Conseguir “un Messi extra” puede ser un gran negocio.

Un estudio del sitio Chequeado comparó el valor de los sobres durante los distintos mundiales. En Brasil 2014 se vendían a 5 pesos, 15 pesos en Rusia 2018 y 150 en el actual. La subida, reflejo de la inflación crónica que padece el país sudamericano, es especialmente dura cuando se la compara con el poder adquisitivo del salario mínimo. El ingreso alcanzaba para comprar 720 paquetes hace ocho años, 633 hace cuatro y solo 319 en 2022. Pero ni la crisis económica ha logrado bajar la fiebre Panini en Argentina.

Fuente: El País

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