Los 101 años de Esteban Miquelez
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Junín

Los 101 años de Esteban Miquelez

Nació en Carlos Casares pero por distintos trabajos vivió en General Pinto, Pazos Kanki, Escobar, Blaquier y desde hace 20 años vive en Junín y hoy tiene doble festejo, además de su cumple, celebra el Día del Padre. Una vida particular, ligada generalmente a la quesería.

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Esteban Miquelez hoy tiene doble festejo: además de festejar el Día del Padre con su hija Marta Inés Miquelez, cumple nada menos que 101 años. Y nada le ha resultado fácil pero con responsabilidad y compromiso, supo adaptarse a las diferentes circunstancias de la vida y también a los distintos trabajos que le deparó el destino.

Integrante de una familia de 11 hermanos (8 varones y 3 mujeres), nació en Carlos Casares, el 20 de junio de 1920, pero por distintos tareas vivió en General Pinto, Pazos Kanki, Escobar, Blaquier y desde hace 20 años vive en Junín.
Grupo La Verdad visitó la casa del señor Miquelez quien contó su historia.

“Mi padre era un obrero de campo que vino de España. Cuando llegué a tener 14 años, me dieron un balde para ordeñar las vacas. Después, de más grande, mi papá Esteban uvo un pedazo de campo y tenía tambo, ovejas y cerdos, una chacra mixta. Así llegué hasta que me salvé del servicio militar. En aquel entonces decían que quienes nacían en fecha patria, se salvaban. No sé si era tan así pero la cuestión es que me salvé”.

“Luego nos fuimos a Blaquier (Florentino Ameghino), y trabajamos en el campo al lado de mis padres. Cuando me salvé del servicio, no quería volver a trabajar en el campo porque si llovía, hacía frío o con calor, había que ir igual. En cambio en la fábrica de quesería, siempre estaba bajo techo. De a poquito me fui ganando mi espacio y me fueron aumentando el sueldo. Luego hice de maquinista, estuvo en laboratorio, pasé por todos los sectores y fui aprendiendo”.

Seguidamente dijo que “de Blaquier me fui a Pazos Kanki, que pertenece a Pinto. Ahí tenía 26 años, luego de las elecciones de Perón. En ese momento estaba soltero, cuando me buscaron para ser nuevamente quesero no quería saber nada. Y me decían que querían poner un encargado de familia porque siempre era más tranquilo. Bueno, me tomaron y cuando vuelva el titular, yo me tenía que ir. Así fue que entonces hubo una sequía muy grande por la zona de Villegas, cerraron muchas fábricas, murieron muchos animales y me tuve que ir”.

“Decidí irme a Buenos Aires porque tenía un hermano que trabajaba en GRAFA, una fábrica grande textil. Era muy diferente la vida de Pazos Kanki a lo que era Escobar. Era impresionante la empresa, porque también tenía contratos con una pista de aterrizaje y tenía hangares grandes. Fui con el jefe de máquina y con él aprendí a soldar, y muchas otras cosas más. Cuando terminaron esos contratos, me puse de novia con mi señora, que se llamaba Balbina. En ese momento se formó una Cooperativa de Pinto, y me volví de Buenos Aires. Ahí también hice de quesero, duró 28 años la Cooperativa”.

En la continuidad del relato, dijo que “luego entré a trabajar con un señor que tenía la representación de Fiat y que se dedicaba a los tractores. Contaba con un galpón de mecánica y otro de chapa y pintura, era todo de él y yo me puse a trabajar con los fierros hasta los 80 años que viví en Pinto”.

Balbina,
su compañera

Para llegar a ser quien es, Esteban tuvo una compañera fiel por casi 70 años, Balbina Iglesias, quien falleció el año pasado a los 91 años. Y la recuerda de la siguiente manera:
“Fue una muy buena compañera, siempre trabajó en nuestra casa. Cuando nace mi hija, yo estaba en la cooperativa y el asunto estaba pesado porque estaba por nacer. Tenía un coche y el temor era que si me agarraba en el campo y el coche no me arranca o llovía, se iba a complicar. Mi señora me dijo que le gustaría ir a Buenos Aires así cuando naciera la nena se venían, pero no pudo ser. Yo no podía dejar la fábrica y mi señora una noche se descompuso y la tuve que llevar al Hospital de Pinto”.

Haciendo memoria, recordó que “se preparó un poco, la ayudé y el cascajo me respondió bien. En la noche vino la enfermera y hasta la madrugada me quedé en el Hospital porque tenía que volver a la fábrica. Cuando empezó el día y llegan los primeros obreros, les cuento de la situación y me dejaron volver. Cuando volví, ya había nacido mi hija, fue una alegría inmensa”.

Perón, Perón…
Consultado sobre los distintos políticos que vio a lo largo de sus 101 años, indicó que “hubo muchos políticos, algunos fueron más buenos y otros no tanto. Antes de que entrara Perón nos pagaban 50 pesos en el invierno y 60 en el verano. No se trabajaba 8 horas, se trabajaba mucho más, 15 horas. No había días franco, vacaciones ni aguinaldo. Cuando entra Perón sube el sueldo a 85 pesos y me mandé a hacer un traje enseguida, ni lerdo ni perezoso”.

Su Independiente
En medio de la entrevista, Esteban contó su gusto por el fútbol. Y dijo que “cómo no me va a gustar el fútbol si lo jugué también. Cuando se trabajaba no te daban permiso para ir a jugar, los domingos también se trabajaba. Pude jugar antes de ingresar a las fábricas. Jugué en Blaquier, había dos equipos. Siempre ocupé la posición de defensa. A veces de seis, o a veces de cinco. Era bastante ligero, tenía 25 años. Después de grande siempre miré fútbol”.

En Junín, desde
hace 20 años

Como su única hija vive en Junín, decidieron venir a nuestra ciudad hace 20 años. “Me gustó Junín, es tranquilo. Tengo un hermano que viene seguido a charlar, tiene 95 años”, afirmó finalmente quien hoy está soplando 101 velitas entre tortas y un puñado de familiares que le harán pasar una jornada inolvidable.

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