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Opinión

Lo que devuelve el espejo no es siempre la realidad

Resulta difícil entender, cómo en una economía prácticamente paralizada por la pandemia, los precios, aún los de aquellos “productos básicos” como alimentos, bebidas e higiene siguen aumentando.

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Por Jorge Pizarro*

Resulta difícil entender, cómo en una economía prácticamente paralizada por la pandemia, los precios, aún los de aquellos “productos básicos” como alimentos, bebidas e higiene siguen aumentando.

Asociacones de consumidores que realizan relevamientos mensuales, sobre los “mismos productos” en las “mismas bocas de expendio” indican que en mayo los alimentos superaron el 5% de aumento.

Cuando señalamos una economía prácticamente paralizada, apuntamos a variables como el dólar, que está contenido, las tarifas y los combustibles que están congelados y los salarios que esperan turno para las paritarias. Nada de esto es “para siempre”.

La inflación interanual abril 2019/abril 2020 está en el orden del 45%, es decir que mientras aguardamos los números de mayo, cualquier persona que conserve su trabajo habrá perdido la mitad de la capacidad de compra de su salario.

Según el Observatorio de la Deuda Social de la UCA, casi 900.000 personas perdieron su empleo durante el encierro social producto de la pandemia de Covid-19.

Los más perjudicados fueron los trabajadores informales, pero el mayor golpe social, se sentirá más adelante, cuando el impacto llegue a quiénes trabajan en el circuito formal.

Aunque existe la disposición que prohíbe despidos injustificados, lo cierto es, que si la empresa o el negocio “bajan la persiana’ quedará un tendal de personas sin trabajo.

Este dato por cruel que sea, termina siendo una triste realidad. A manera de ejemplo, sólo basta decir que en marzo 2020, mes en el que empezó el aislamiento social, se contabilizaron 105.000 trabajadores registrados menos, en relación con el mes anterior.

Una persona sin trabajo es igual a una familia en condiciones socioeconómicas “de peligro”. El problema también afecta al sector previsional, ya que por cada jubilado se necesita del aporte de tres trabajadores en actividad. Si la curva de desempleo sigue en ascenso, esto aumentará la crisis del sistema previsional.

Es cierto que la política social del gobierno pretende atender a los sectores más vulnerables, ayudar a través de los ATP a las pequeñas y medianas empresas y con el IFE a monotributistas y autónomos. Cálculos extraoficiales de consultoras económicas señalan que, más de 1.300.000 personas siguen esperando cobrar estos beneficios desde el mes de abril.

Un termómetro de la situación general es el movimiento económico de los supermercados. Actualmente tienen el 30% del personal sin trabajar y se estima que las ventas anuales bajen entre un 3 y un 4% respecto del 2019, un año que fue calificado por el sector como “muy malo”.

Una de las herramientas utilizadas por el gobierno es la emisión monetaria, que según el Instituto Argentino de Análisis Fiscal supera los 900 mil millones de pesos en lo que va del año, un 165% del valor nominal girado en el 2019. La cifra es astronómica pero la realidad indica que no alcanza, ya que los reclamos son muchos.

¿El plan “para despegar” aparecerá después de que finalice la negociación de la deuda? Para conocer la respuesta a esta pregunta habrá que esperar unos días, y así saber, qué imagen nos “devuelve” el espejo.

* Periodista

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