Las Morochas: Vale la pena sentir en tu piel la sangre siria que puebla sus calles - La Verdad Online de Junín, Buenos Aires, Argentina
Seguinos en
Radio Junin
Radio Junin

Junín

Las Morochas: Vale la pena sentir en tu piel la sangre siria que puebla sus calles

Es un trampolín de sentidos y pasiones, que encallan para siempre, y bañan de sangre azul otros barrios de la ciudad.

Publicado

el

Escribe: Soledad Vignolo Mansur
Para LA VERDAD

Por la pasarela de hierro alada de la calle Chile, Luis B. Negreti parece susurrarte “¡Cómo ha cambiado todo! Cualquiera pensaría que al barrio le robaron el alma que tenía”. Sin embargo, sería erróneo, porque el barrio antiguo se esconde tras el progreso y los cambios, en un intento privado de preservar su esencia.
Las Morochas es pertenencia, tiene en su memoria íntima el tango y el cabaré, no la juega de barrio tímido y se te pega. Si caminás por sus calles, Almafuerte o Ameghino, te pueden hablar al oído. No te asustes si don Luis Acebal te recita de golpe o te asalta la música de Pepe Gutiérrez al doblar en la esquina del almacén de Chemile.
Podés sentir aroma a jabón Schultz mientras pisás sus veredas y Natalio Nigro te va a ir contando en su nube cósmica todo lo que quieras saber. Pero animate. Vale la pena sentir en tu piel la sangre siria que puebla sus calles, imaginar a Mataco Saborido creando sus himnos mientras el Padre Roberto te invita a pasar a la Iglesia San Jorge, que cuida el barrio desde 1930.
Es un barrio de inmigrantes, como todos los de nuestra ciudad, pero tiene aroma a especias. Y se funde en tu alma cuando lo transitás. Tiene una nostalgia que se vuelve rock si Las Morochas vienen al club a tocar. Barrio que recién este siglo se reconoció como Las Morochas, y que nombra mucho más. Te llama a vos, en las tribunas del Club Atlético Argentino, el turco de Junín, y te apoda Bondono, Caliri, Di Marco, Petraglia.
Si te atrevés a pasar, Matrero y el Coco Nigro te ponen a entrenar con Chiche Japez y Santiaguito Scala. Y desde el ángulo izquierdo la clava Beto Vignolo, mientras se mueren de risa los hermanos Quintanal. La vida es un círculo sin espacio ni tiempos si el alma es la llave.
De visita en Las Morochas, es muy probable enamorarte. Porque es un trampolín de sentidos y pasiones, que encallan para siempre, y bañan de sangre azul otros barrios de la ciudad. Cacho Caligiuri y Delio Destéfani te esperan en Almirante Brown, Luis y Angelito Chemile te ceban mate en la esquina, Carlos Barbagallo se ríe a carcajadas en la puerta mientras Toti y Azucena se sientan a conversar en la peluquería. No te preocupes si los ves, viven en el barrio; de las Morochas nadie se va. Todo se transforma y genera nueva bohemia, nuevos empleos, nuevas travesuras, hay tantos apellidos que colman sus calles, tanta historia, tanto futuro.
Las Morochas es un barrio especial, que vuelve una y otra vez a la memoria colectiva en historias pequeñas de personas gigantes. Cientos de héroes anónimos que poblaron sus calles, Malvinas Argentinas los honra sin contarlo, Alsina los gobierna en un arcoíris perfecto en el que se sienta Afo Nigro, con su sonrisa, blanca para saludarte, y entonces te das cuenta de que ya no estás en el barrio. Saliste de sus límites. Pero se quedó para siempre en tu corazón.

Más Leidas