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Las huertas como valoración productiva y social

Por Luis G. Fernández (*)

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Las huertas urbanas y periurbanas presentan una alternativa factible para acceder a alimentos de producción propia. Como consecuencia de esto una familia puede ahorrar dinero al disponer de una fuente nutritiva generada localmente. Un trabajo reciente, enmarcado bajo el programa ProHuerta (PH) del partido de La Matanza, demuestra la capacidad de ahorrar dinero generando un espacio productivo familiar.

Bajo esta consigna, el desarrollo de la Agricultura Urbana (AU) puede aportar numerosos beneficios para quien la desarrolle. Lo económico es una variable importante para la población a quien está dirigido el programa PH (vulnerabilidad social), pero el objetivo central es mejorar su seguridad y soberanía alimentaria, siendo el modelo agroecológico el formato productivo familiar que promueve el programa sin la utilización de agroquímicos convencionales minimizando los riesgos alimenticios para la salud humana.

En nuestra ciudad la Agencia de Extensión Rural INTA lleva adelante el programa PH acompañando a numerosas familias, entidades no gubernamentales, instituciones educativas y de contenido social entre otras.

El enfoque productivo agroecológico combina prácticas culturales agrícolas como rotación de cultivos, conservación de semillas a través de su selección anual, reciclaje de desechos orgánicos y asociaciones de cultivos para dejar de usar insumos externos como fertilizantes y plaguicidas. El conjunto de estas prácticas conlleva un manejo productivo sustentable para quienes desarrollen las huertas. 

El ahorro económico concluido por dicho trabajo se estimó en $3270 promedio mensual, siendo los meses de enero y diciembre los de mayor beneficio, pudiendo sincronizar el manejo de la huerta para disponer de hortalizas a lo largo del año y comercializar los excedentes para generar recursos extras en espacios comunitarios como ferias, encuentros barriales o generando valor agregado a los productos ofreciéndolos como conservas.

El programa hace foco también a los beneficios nutricionales de los alimentos generados bajo esta modalidad. La combinación de hortalizas (hoja, raíz, fruto y legumbres) producidas anualmente aportan vitaminas, minerales,  micronutrientes, lípidos, proteínas, carbohidratos y agua que sirven de complemento nutricional en la dieta de las familias. El uso de plantas aromáticas, flores y medicinales son clave para llevar adelante un manejo agroecológico pero también muy importante para mantener una dieta saludable utilizándolas como variable alimenticia disminuyendo el uso de sal.

Cabe destacar que el trabajo fue desarrollado en un predio compuesto por 4 lotes que sumaban unos 152m2, superficie poco común para una huerta familiar clásica.

Hay razones suficientes para considerar a la Agricultura Urbana como una alternativa productiva para las familias y también como generadora de espacios de participación, identidad, transmisión de conocimientos y experiencias que hacen a una comunidad cada vez más equitativa.

(*) INTA Junín.

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