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Las bibliotecas populares y la subsistencia “fuera de la ley”

“Comenzamos a dictar cursos y talleres, que deberían ser gratuitos, y nos vemos obligados a cobrar un arancel, porque es imposible subsistir con una cuota societaria de $20 por mes”, explicó Luciano Toledo.

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Las bibliotecas populares sufren la crisis económica que se vive en el país. Hoy, los fondos se han reducido: eso impactó en la compra de nuevos títulos y en la posibilidad también de mantenerlas abiertas y con gente idónea a cargo.

Luciano Toledo es el presidente de la Biblioteca Popular “Florentino Ameghino”, ubicada en Padre Ghio 64, pleno corazón de barrio Belgrano, y trazó un panorama de la situación que se está viviendo.

“Estamos mal y la situación ya es crítica desde hace un tiempo. Todo se acentuó con la asunción del nuevo gobierno, la desarticulación de la Dirección de Bibliotecas y el atraso de los pagos de los subsidios con que se abonan los sueldos. Todo esto está llevando al cierre de muchísimas bibliotecas a nivel país. Nosotros, afortunadamente, no pagamos alquiler y sobrevivimos fuera de ley. La misma Dirección de Bibliotecas te obliga a gestionar, obrar y actuar por fuera de la ley. El ministro de Cultura de la Provincia es Alejandro Gómez y desde allí se reparten los subsidios. Ya desde antes que él asumiera venía atrasado el pago de los subsidios y eso hace muy difícil mantener un bibliotecario, porque no ingresa dinero para el pago de sueldos”, comenzó contando.

Luego, Toledo dijo que “comenzamos a dictar cursos y talleres, que deberían ser gratuitos, y nos vemos obligados a cobrar un arancel, porque es imposible subsistir con una cuota societaria de $20 por mes. Recién el año pasado logramos que nos incluyan dentro de la tarifa social para los servicios. Además, aunque no depositen para pagar los sueldos, mensualmente debemos hacer las presentaciones correspondientes a AFIP y a UTEDYC, porque las empleadas corresponden a una asociación civil”.

Falta de recursos
Al no contar con dinero freso, se trabaja mal, y es imposible mantener un bibliotecario porque no pueden comprometerse a pagarle regularmente un suelo.

“Tuvimos que despedir al que teníamos porque nadie trabaja gratis. Si no depositan el subsidio a tiempo, no podemos pagar. Se nos han acercado muchos políticos para saber del tema y tengo que agradecer a Valeria Arata, que nos dio una mano tan grande que decidimos ponerla de madrina de la biblioteca. También nos dio una mano económica Malena Baro, Rocío Giaccone y Maia Leiva nos ayudaron en tema papeles con la CONABIP (Comisión Nacional de Bibliotecas Populares) para ingresar. Es un tema muy burocrático y nos pusieron una asesora en La Plata para ir resolviendo todos los inconvenientes”, contó.

Toledo siguió hablando y dijo que “el año pasado cumplimos cien años y esperábamos una respuesta más comprometida por parte del municipio. Se acercaron, pero no pudieron resolver las demandas que nos urgían. No es nada personal con la gente de Cultura pero esperábamos algo más del gobierno de turno. Sabemos que lo que nos pasa a nosotros está pasando a muchas bibliotecas en todo el país y creo que este gobierno no tiene interés de proteger y solventar a las bibliotecas populares. Una biblioteca no es solamente un libro, es un lugar de contención, de inclusión”.

Historia de la biblioteca
Los trabajadores ferroviarios concurrían a la sala de lectura de la biblioteca “Juan B. Justo”. Allí se recibían los diarios La Prensa y La Nación. Un día, ven con grandes títulos: ‘Mañana, 6 de agosto, se cumple el sexto aniversario de la muerte del sabio argentino Florentino Ameghino’.
Y en ese mismo instante, y de forma espontánea, se le ocurrió a uno de los trabajadores la idea de fundar una biblioteca con el nombre de Florentino Ameghino, en el barrio Tierra del Fuego (hoy Villa Belgrano).

La primera reunión se hizo en la peluquería de Tisera, en calle Jean Jaures al 20 y en cuyo local se fundó la biblioteca el sábado 8 de agosto de 1917.

Constituida desde entonces en un foco de radiación de la cultura, pasó por varios lugares antes de su sede actual en calle Padre Ghio; primero en una habitación anexa a la peluquería de don Martín Tisera y posteriormente cambió dos veces más de domicilio en la calle Rivadavia.

Otro de los domicilios de la biblioteca fue Ituzaingó y Rivadavia; después a la casa de Freda, media cuadra del lugar anterior avanzando por la vereda de los números pares; tras esto, se trasladó la biblioteca enfrente hasta la década del ’70 en donde pasó a funcionar en un salón cedido por la escuela N° 16 en Siria y Quintana.

En 1979 se comenzó a construir el edificio actual en un terreno propio que había sido adquirido con la idea de que la biblioteca no saliera nunca del barrio.

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