La vuelta a clases presenciales es un derecho: No dejemos que los tramposos nos corran el arco
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La vuelta a clases presenciales es un derecho: No dejemos que los tramposos nos corran el arco

Por Vanesa Zuccari (*)

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El Ministerio de Educación de la Nación empezó a diagramar con todas las jurisdicciones el inicio de clases y determinó que sean las provincias las encargadas de fijar la modalidad y fecha de comienzo del ciclo lectivo 2021. Sin embargo, este atisbo de voluntad lamentablemente no se observa en un puñado de dirigentes gremiales, quienes sólo aportan a la confusión de la sociedad con un mensaje ambiguo y hasta malintencionado, al insistir con el discurso de que no están dadas las condiciones para un retorno paulatino a la presencialidad.

A tal punto que una dirigente gremial de CTERA comparó de manera absolutamente desafortunada e irresponsable la situación áulica con una fiesta clandestina. Otra vez NO. No desvíen el eje de debate, que es imperioso para nuestra sociedad: pensar y promover el regreso gradual a la presencialidad escolar después de un año sin clases en las aulas. Prestigiosas entidades e instituciones de la sociedad civil conformadas por especialistas en el tema aseveran que la vuelta a clases presenciales es factible bajo el denominado método de burbuja conforme a la situación epidemiológica.

Pareciera un modus operandi infinito la táctica de poner reparos y acudir a maniobras dilatorias para no trabajar y llevar a cabo la tarea que realmente deberían cumplir. En lugar de estar a disposición para contribuir a la planificación del regreso seguro a clases, arrogándose el derecho de ‘representar a nuestros maestros’ salen una vez más con una vieja práctica que sólo ha provocado deterioro en la calidad educativa. Durante 2020 los docentes trabajaron solos en nuestra provincia haciendo una tarea heroica para intentar garantizar la continuidad pedagógica de los alumnos, mientras la sede de la cartera de Educación exhibía un candado. Como era de suponer, los referentes sindicales miraron para otro lado.

La preocupación de miles de padres frente a la incertidumbre es la consecuencia de las malas decisiones por parte de quienes tuvieron la obligación de trabajar y no lo hicieron. ¿Cuál es el límite? ¿Hasta qué punto vamos a tolerar estos atropellos propios de una patota y no de quienes deben bregar por representar a los maestros y, por consiguiente, la educación de nuestros chicos? Son algunos de los interrogantes que emergen frente a aquellos que siguen hipotecando el futuro de nuestro país. La conversación pública que solicitamos de forma imperiosa el año pasado para abordar el retorno paulatino a clases presenciales nunca se dio. Quedó demostrado que la estrategia oficial de omitir el tema no invisibilizó la problemática. Por el contrario, la deserción escolar se transformó en una amenaza concreta después de un año sin presencialidad.

El Ejecutivo es responsable de evitar el naufragio educativo que fogonean quienes se jactan de asumir la función de representar a los docentes, pero sólo obran movilizados por sus intereses.

(*) Diputada provincial UCR – Juntos por el Cambio
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