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La pérdida del trabajo afecta la autoestima y el bienestar personal

“Muchas veces, la persona suele descargar todo el estrés en las relaciones familiares, comienzan los roces y la falta de comunicación”, dijo el psicólogo Andrés Pereyra.

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Debido a la crisis económica que está atravesando el país, las personas reaccionan de diversas maneras. No todos somos iguales pero hay patrones comunes vinculados con la información que recibimos, lo que vivimos internamente y cómo trabajamos para superarlo.

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El psicólogo Andrés Pereyra habló sobre esta situación y cómo influye en la vida cotidiana, manifestando que “creo que la crisis aún no ha impactado en su totalidad. Hay una rememoración de épocas pasadas, donde se fomentaba el consumo interno y ahora, a través de esta política antiinflacionaria, donde hay ajustes, hay menos consumo en la calle, menos capacidad de ocio en la gente, menos divertimento, menos salidas con amigos. Todo esto por supuesto que impacta pero, en mi opinión, no ha llegado en su gravedad. Lo que inicialmente afecta es el temor a la pérdida del trabajo, que va de la mano de la pérdida de autoestima y bienestar personal. Esto repercute, invariablemente, en el interior de la familia y la pareja, que es lo más delicado”.

“Muchas veces, la persona suele descargar todo el estrés en las relaciones familiares, comienzan los roces y la falta de comunicación. Las personas se van retrayendo ante la precariedad económica, pierde la capacidad de ocio y de vincularse. Deja de frecuentar los lugares que le antes le producían placer y bienestar. La crisis se nota mucho más en varón, porque la mujer tiene otra capacidad de resistencia. Por nuestra formación cultural, el varón suele pedir ayuda muy pocas veces en estos casos, ya que tiene un mandato familiar y social de que las tiene que aguantar y ser fuerte, no mostrar debilidad. Esto es algo totalmente falso, cualquiera se quiebra y no está mal pedir ayuda. Esto se ve en los índices de suicidio, donde la muerte de varones es más alto que el de las mujeres. Cuando fue la crisis de 2001, en Junín con el cierre de los talleres, hubo una alta tasa de suicidios en la ciudad”, explicó.

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Luego, el profesional destacó que “en nuestra profesión también se nota que los pacientes comienzan a cancelar los turnos porque consideran que no son actividades necesarias. Primero se retrae el consumo del ocio, lo vemos en la calle, y luego se cortan otras actividades que, si bien son necesarias, se puede prescindir. Ese círculo que se va cerrando es complicado porque la persona se retrae y la angustia y la ansiedad pasan a ser mayores. Estas situaciones hay que hablarlas para encontrar una salida, si uno lo calla la angustia va por dentro y puede desencadenar otros factores”.

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