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Alfajor La Malocha semiartesanal y uno de los más vendidos

Nahuel Franco contó cómo se trabaja en esta fábrica juninense, la receta original que aún mantienen, sus orígenes y la clientela.

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Como marca registrada, «La Malocha» fue creada en el año 1948, pero a diferencia de lo que casi todos pensamos, no fue con el alfajor tan rico que empezó a incursionar en el mercado sino con las mielcitas; aquellas por las que tantos de nosotros nos desesperábamos por comer cuando éramos chicos y que poco nos dejaban nuestros padres.

Eran otros tiempos y las golosinas y otras cosas como, por ejemplo, comprar una coca, era casi exclusivo. Hoy, siguen ofreciéndose en los kioscos y también, la nueva generación muere por ellas.

Esta empresa familiar ciento por ciento juninense fue evolucionando y los resultados están a la vista. Empezó fabricando y comercializando leche, dulce de leche, manteca y miel. Sus pioneros Emilio, «Polo» y Antonio, los hermanos Franco, se dieron cuenta que a los niños también les gustaba este producto y comenzaron a elaborar pequeños sachets de miel; ¡filas y filas en los kioscos para poder probarlos!.

Nahuel Franco, quien en la actualidad junto a su esposa y dos familiares más están al frente de «La Malocha», contó que recién entre los años 78 y 80 cambian de idea y empezaron a producir alfajores en forma muy rudimentaria. «Mi papá Jorge ya ayudaba a mi abuelo Antonio, cortaban la masa con un vaso y bañaban los alfajores uno por uno en una lata de dulce de batata. Con el tiempo, se fueron adquiriendo algunas maquinarias; unas fueron inventadas, otras restauradas», recuerda.

Semiartesanal
La receta actual del alfajor «La Malocha» es la original. Ha cambiado muy, muy poco; además, conserva ese espíritu semiartesanal. De hecho, a los alfajores blancos, los bañan a mano con una espátula. Esta técnica se emplea desde cuando se arrancó y se mantiene inalterable. Están elaborados con merengue italiano. «Si se pretende replicar eso con una máquina es factible, pero no es lo mismo», según remarcó el técnico en producción de alimentos.

Entre los tres hermanos e hijo (padre de Nahuel) empezaron a incursionar y buscaron nuevas recetas. Fueron muchas las pruebas que se hicieron. «Tengo recuerdos de cuando era chico de ver kilos y kilos de masa desperdiciados y tirados porque no salía; se probaba para mejorar hasta llegar al sabor y a la calidad del actual alfajor», narró Nahuel.

En la región y más allá, ¡los favoritos!
Desde hace cuatro años, del 1 al 7 de mayo, se celebra la Semana del Alfajor. Esta idea fue impulsada por un grupo de kiosqueros en 2017 y tiene como objetivo rendirle homenaje a uno de los productos más queridos por los argentinos y que llega al mundo. Según, la Asociación de Distribuidores de Golosinas y Afines, en nuestro país se consumen unas 800.000 toneladas de alfajores por año, lo que se traduce en 70 unidades por segundo.

Según la Asociación, «La Malocha» ha sido uno de los más elegidos, de los favoritos como alfajor regional. Luego de recibir comentarios de más de 300 kioscos, obtuvieron los datos para elaborar un ranking. Los más vendidos son, en su mayoría, triple y de chocolate con un precio accesible que oscila entre los $30 y $60 por unidad. Los alfajores regionales son otro fuerte de la industria alfajorera, como es el caso de Capitán del Espacio en Quilmes, Los T’Puales de Mar del Plata o La Malocha, de Junín (Buenos Aires).

Los hermanos Franco, ¿habrán imaginado alguna vez que estaban impulsando y forjando el futuro de sus hijos, nietos, familia y actuales empleados?, ¿habrán pensado que este producto bien juninense estaría en todos los kioscos y negocios no sólo de nuestra ciudad, de la región y del país?, ¿habrán intuido que, con los años, se posicionaría entre los más buscados y preferidos por los consumidores?. Nahuel expresó: «mi abuelo con sus hermanos arrancó con la fábrica, pasaron por distintos lugares y tuvieron distintos puntos de venta dedicándose primero a otros rubros; el alfajor fue lo último». Es que, en «La Malocha», también se elaboran galletitas siempre frescas y sin conservantes, gomitas, bananitas, entre otros productos.

«Yo, ¡como La Malocha!»
Ahora, tienen en mente probar algo nuevo con el alfajor de membrillo. Quieren observar qué ocurre con otro tipo de baño. Hace tiempo que no lo hacían y ha regresado. También, elaboraron el famoso «Malochín» que constaba de tres capas y era de tamaño más reducido. En la actualidad, «está el simple y es un poco más grande». Franco hijo y nieto reconoce que «la gente se identifica con el alfajor porque le dicen: «Yo, ¡como La Malocha!». Lo eligen antes que a otros con más renombre y quizás, más caros. La verdad que es sumamente gratificante poder escucharlo de las voces de los consumidores locales y de la zona».

Cada vez que las mentes de estas tres generaciones de «Los Franco», piensan «aggionarlo» agregándole un «toque» diferente, al ser una fábrica chica y familiar, organizan una prueba de degustación y le dan a probar a amigos, familiares, clientes, conocidos y se les pide que sean lo más objetivos posibles. «Lo hacemos para ver si pueden ser rentables, si dan los números; pero antes de todo, tienen que ser ricos». Este producto llega muy lejos. Muchas veces se dificulta el tema del transporte, pero los alfajores «La Malocha» arriban a unos 200 kilometros a la redonda. «No nos podemos quejar, se venden muy bien; lo excepcional ha sido la pandemia por Covid».

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