La historia de Santino: entre ángeles y demonios - La Verdad Online de Junín, Buenos Aires, Argentina
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La historia de Santino: entre ángeles y demonios

El perro fue abandonado sobre calle Lartigau, al rayo del sol sin agua ni comida: tenía bicheras y gusanos que le comieron tres dedos. Pero tuvo la suerte de que Alicia Canzonetta lo encontrara y arrancara una nueva etapa de su vida.

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Es una historia espantosa con final feliz, como casi todas las de los doscientos perros que habitan el refugio de la Asociación Juninense de Protección Animal. Pero el deplorable estado en el que fue hallado de casualidad, su recuperación impecable y esa bondad que lo caracteriza, hacen de Santino un huésped especial.

El animal fue encontrado por Alicia Canzonetta y su esposo sobre Lartigau, cuando se dirigían hacia Junín para hacer un mandado.

Lo habían dejado a la deriva, para que se muera. Estaba lleno de gusanos que le comieron tres deditos de las patas, tenía demodexia avanzada, bicheras en distintas partes del cuerpo, la cara y un ojo, y un dolor insoportable.

Era una tarde de muchísimo calor y además de su cuadro físico, no tenía agua ni comida. Pero la penuria de Santino había llegado a su fin, porque el destino quiso que Alicia lo viera, y ella jamás mira para otro lado cuando se trata de animales y además necesitados.

Por eso, la encargada del refugio de AJPA cuenta que “lo llevamos al veterinario y empezó la larga recuperación. Fue medicado y curado por Alejandro Panet, que siempre está a la par nuestra con cada animal que hallamos y los que tenemos en el refugio”.

“Recién después de varias horas, fue trasladado a la enfermería del refugio: no dejaba de taparse la carita, como teniendo vergüenza o para que nadie lo viera”, recuerda.
Alicia tiene la voz entrecortada cuando rememora todo lo que debió atravesar Santino: “Esta historia no deja de hacerme caer las lágrimas, porque no puede creer que un ser humano llegue a tal extremo con un animal. Ninguno se merece tanto maltrato”.

Otra oportunidad

Por otra parte, Alicia dice que a un mes de su encuentro, Santino “se va recuperando de a poco, ya instalado en el refugio y debajo de la sombra de Alicia en forma permanente, sin despegarse de su lado”.
Ya está muchísimo mejor, luego que la vida le diera la oportunidad de encontrarse con Alicia. “Ya le está creciendo el pelo, descansa en su colchón y aunque todavía no apoya una pata, porque le espera un largo tratamiento con antibióticos y curabichera, pero recorre a la par mía el refugio”, dice, orgullosa.

Por ahora duerme en la enfermería, sale a pasear al sol, y de a poco, día a día, se va poniendo lindo y fuerte.

“Tiene un carácter muy bueno, es muy dócil y compañero. Ya le dimos el primer baño, algo que no podíamos hacer porque se le lastimaba más la piel”, detalla su “mamá” postiza.
Así como otros lo abandonaron y dejaron tirado por ser viejito, Alicia lo recogió con amor aunque “sabía que no iba a ser fácil el tratamiento, ni corto”. Ella fue el ángel que permite que tenga estos días de felicidad y recibe no sólo cuidados para su sanación sino también todo el amor que tal vez jamás haya conocido.

Y nunca estaría de más soñar con una familia que se enamore de él y lo haga partícipe de un hogar donde reciba comida y amor. Tal como se lo merecen sus ahora casi doscientos compañeros del refugio, que aguardan siempre con esperanzas la llegada de alguien que los elija.

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