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La fábrica de mosaicos y taller de escultura Aresani, un patrimonio histórico de Junín

Fundada en el año 1924, se convirtió en una de las más importantes del rubro, contribuyendo en la construcción de distintos edificios de la ciudad y la región. Su sede estaba situada en Italia 382, en el barrio Pueblo Nuevo.

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En un contexto del siglo XX en el cual se vivían los años de mayor auge del ferrocarril y afloraban diversas empresas de la construcción a partir de distintos materiales y productos, la fábrica de mosaicos y taller de escultura Aresani se erigió como una de las más importantes del rubro en Junín.

Universidad Siglo 21

Surgida en 1924 a partir de un emprendimiento llevado a cabo por dos escultores como Clario Aresani y Ángel Tiranti, fue fundada con el propósito de brindar una variedad de opciones para la edificación de inmuebles, incluyendo numerosos diseños y colores.

La antigua dirección del negocio era Italia 382, entre Alem y España, en el barrio Pueblo Nuevo. Ésta era su única sucursal y contaba con una sala de exposición que daba a la calle, y el taller al fondo del mismo.

Actualmente, su frente se preserva adornado con modelados que hacen una referencia gráfica a su historia. Debido a su importancia a nivel regional en el ámbito cultural y comercial, tras funcionar por cuatro décadas de forma continua, fue declarado bien patrimonial y no puede ser modificado o alterado.

Proyección
Los dueños originales estudiaron y se recibieron en la Escuela Superior de Bellas Artes de la Nación Ernesto de la Cárcova de Buenos Aires como escultores decorativos. Al venir a la ciudad, pudieron conseguir un crédito en el Banco Junín, que promocionaba y apoyaba a los nuevos emprendimientos, lo cual les permitió instalarse y agrandar el local.

Posteriormente al retiro de Tiranti, el establecimiento quedó exclusivamente en manos de la familia Aresani, con Clario, que se mantuvo como propietario hasta el cierre del negocio, y su hermano Dante a cargo. Después de algunos años se separaron y éste último armó su propia fábrica. Ganó medallas de oro en exposiciones industriales de las que participaba, como una distinción que le otorgó el Rotary Club juninense.

Previo a la apertura de la mosaiquería, Aresani se formó y se desempeñó en el taller de un artesano francés (en el que también obró su padre), ayudando en la construcción de esculturas del Banco de Boston de Buenos Aires y en la fachada del antiguo Palacio de Correos y Telecomunicaciones (actual sede del Centro Cultural Kirchner), durante su juventud. Esto le permitió perfeccionarse para posteriores emprendimientos que llevó a cabo. Del mismo modo hizo tareas decorativas en Barato Roma, José Giovannini, Conde Hermanos y Estancia San Juan, entre otros.

Trabajo reconocido
Entre las obras más relevantes de las que tomó parte la entidad en Junín está la edificación del Hospital Ferroviario (ahora predio de la UNNOBA), a la que contribuyó con sus mosaicos. En esa etapa llegó a haber 18 empleados, aunque en general hubo menos a lo largo de la historia del negocio, ya que en principal se dedicaban a trabajar para casas de familias. Colaboraban en la realización de pisos en diferentes viviendas de avenida San Martín, varias de ellas con figuras en sus exteriores, como a su vez en la Sociedad Comercio e Industria (ubicada en 25 de Mayo 65) y en el Sindicato de Luz y Fuerza (Alsina 27), concebidos con forma de escudo. Además aportaron materiales en estancias, como por ejemplo en una capilla de Mariápolis Lía, en O’Higgins.

Algunos de sus modelados y productos como asimismo fotos de la época se encuentran en el Museo Histórico, de calle Jorge Newbery y Quintana, donados por familiares. Para fabricar los mosaicos se usaban elementos como el calcáreo y más tarde el granito (que antes no se explotaba) y escalla, en distintos colores, dibujos y demás diseños artesanales, para moldear prototipos como el marmolado. Las esculturas para el interior de las construcciones se hacían en yeso, y las que iban en las entradas o fachadas se hacían con piezas de frente y cemento para que soportaran la lluvia.

El ferrocarril tuvo mucha influencia a nivel comercial en el establecimiento, sobre todo en el momento de mayor auge, sumado a la cercanía del taller con la estación, ya que tanto el Pacífico como el Central Argentino traían a la ciudad las bolsas de materiales que luego eran transportadas por camiones hacia el local. A su vez, según cuenta Norma Aresani, descendiente de Clario, la fábrica “tenía vías, ya que se manejaban con zorritas” para trasladar el instrumental de trabajo “hacia los galpones”, que aún se preservan en el suelo del antiguo edificio.

El negocio se cerró a fines de los ‘60, totalizando más de cuatro décadas en funciones. Para ese período, Aresani ya no podía atenderlo ni dedicarle el espacio que antes le daba debido a su edad y nadie pudo hacerse cargo. En la actualidad, a 50 años aproximados del cese definitivo de la mosaiquería, prácticamente no hay empresas en este rubro “por el desarrollo de la cerámica, y el crecimiento del uso de la madera y el cemento alisado”, considera la hija del dueño. En cambio disminuyó la utilización del granito, a pesar de ser un elemento duradero que se conserva con el paso del tiempo.

Gobierno Local Tango

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