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“La espiritualidad de la política y de los políticos”

El obispo auxiliar de Mercedes Lujan Mons. Jorge Eduardo Scheinig dio una conferencia al inicio en la segunda jornada del Encuentro Nacional Repensando la Política en Tanti

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Los principales conceptos de la exposición son los que reproducimos a continuación:
En junio, en la Semana Social en Mar del Plata, reflexionamos sobre los “35 años de democracia y el servicio a los pobres”. En el aire flotó como un sentimiento de deuda y hasta de fracaso, de junio a aquí, ese sentimiento común se ha profundizado.
Vale entonces la pregunta: ¿Es la política la que tiene la palabra orientadora de la vida del país? ¿O la economía y los mercados tienen la última palabra?
La doctrina Social de la Iglesia, el Papa Francisco y los obispos argentinos han dicho de diferentes formas, que la política es “una de las formas más altas de la caridad”. Por eso quiero reflexionar sobre el tema de la espiritualidad de la política y de los políticos porque , si bien son tiempos para encontrar soluciones urgentes que para muchos es desesperante, necesitamos animarnos a generar fuerzas personales y comunitarias re-creativas y re-generadoras.
“cuanto más cristiano más humano y cuanto más humano, más cristiano”.
Una de las causas que genera procesos de deshumanización es una experiencia agravada de vacío y que los argentinos además, dimos el nombre de grieta, es decir, un enorme vacío que nos separa. Se necesita aspirara lo nuevo y que eso nuevo nos haga transpirar, de tal modo que la persona política se entregue con audacia y valentía, sin reservas. Recibir y dar.
Hay una política de transformación de la cultura pero que lejos de generar más y mejor humanidad, nos agrieta, que responde a intereses que están animados por el nuevo paradigma “tecnocrático” y/o “tecno-económico”[1]
La cuestión es: ¿cómo estamos frente a semejante movimiento?
Permítanme decir en éste ámbito y con total claridad y libertad de espíritu, que el Magisterio Social de nuestro Papa Francisco podría ser un aporte genuino y creativo al modelo de desarrollo que la Argentina necesita. Pero lamento enormemente que el Papa no sea escuchado directamente, sino a través de mediaciones de todo tipo que evidentemente, o parcializan, o deforman su mensaje.
El Papa Francisco insiste en que necesitamos crecer en una actitud de discernimiento, para actuar bien, existencialmente bien, moralmente bien, socialmente bien. Bajo Tres ejes, el pueblo, los pobres, la vida auténtica

El pueblo.
El gusto de sentirse pueblo.

Todos los que tenemos vocación de servicio, debemos renovar permanentemente la consciencia de dónde venimos, de nuestras raíces, de nuestros lugares, barrios, calles y pueblos. Inspirarnos en esa condición que compartimos: estamos amalgamados en esa realidad que nos trasciende, envuelve e incluye. Somos pueblo y allí nos sentimos en casa y a gusto.
Francisco en su primera Exhortación Apostólica, Evangelii Gaudium:
No hay posibilidad de políticas que dignifiquen y generen Bien Común sino tenemos “el gusto de integrarnos a fondo en la sociedad, sino compartimos la vida con todos, escuchamos sus inquietudes…”. (EG 269)
“La dignidad de cada persona humana y el bien común son cuestiones que deberían estructurar toda política económica, pero a veces parecen sólo apéndices agregados desde fuera para completar un discurso político sin perspectivas ni programas de verdadero desarrollo integral”. (EG 203)
“Ya no podemos confiar en las fuerzas ciegas y en la mano invisible del mercado. El crecimiento en equidad exige algo más que el crecimiento económico, aunque lo supone, requiere decisiones, programas, mecanismos y procesos específicamente orientados a una mejor distribución del ingreso, a una creación de fuentes de trabajo, a una promoción integral de los pobres que supere el mero asistencialismo. …”. (EG 204)

Los Pobres.

Dejarnos llenar de vida por los pobres.
La Iglesia viene haciendo un camino, no sin dificultades, en cuanto al significado de la opción preferencial por los pobres. Camino que costo literalmente sangre y nos sigue invitando a hacer tanto personalmente como comunitaria e institucionalmente, una verdadera y profunda conversión. Nos seguirán inspirando y acompañando santos y mártires como Óscar Romero y Enrique Angelelli.
El Papa ha dicho con voz profética que desea una Iglesia pobre y para los pobres. Necesitamos dejar atrás una actitud eminentemente asistencialista, de un protagonismo paternalista y mesiánico, y pasar a otra actitud en la que los pobres conserven la dignidad propia de toda persona humana y sean protagonistas de su destino. En este sentido, mucho tenemos que agradecer y aprender de los Movimientos Populares que van logrando organizar muchas veces la vida de los más vulnerados.

El deseo de una vida auténtica.
Aspirar a una vida coherente. No a la corrupción.

La autenticidad existencial reclama una vida coherente, es decir, que la vida se va madurando y plenificando en cosas tan simples como: decir la verdad, callarse si es preciso, pero no decir falsedades, ser honesto, no traicionar, sostener las razones y los valores, no andar de aquí para allá, negarse a delatar, ser leales a las personas pero no cómplices, vivir la justicia en lo pequeño, etc.
Es un desafío fundamental para la actualidad no separar lo político de lo moral, por el contrario, soportar las enormes tensiones que vienen cuando uno mismo, muchas veces se convierte en una persona contra-cultural.
Se puede aspirar a ser un “insumiso”[2], es decir, alguien que no desea ser sumiso o someterse al establishment, a ese conjunto de personas e instituciones influyentes, que procuran mantener y controlar el orden establecido.
No buscamos super-héroes, no se trata de promover un tipo de personas que no tengan conciencia de su propia fragilidad. Cuanto más entregados y generosos, más humildes.
Comparto ahora una palabra mínima pero necesaria sobre la corrupción, porque la Argentina viene sufriendo las consecuencias de una corrupción que mata.
“La corrupción no es un acto, sino un estado, estado personal y social, en el que uno se acostumbra a vivir. Los valores (o desvalores) de la corrupción son integrados en una verdadera cultura, con capacidad doctrinal, lenguaje propio, modo de proceder peculiar…”. [3]
Finalmente, como diría Francisco: ¡No nos dejemos robar el entusiasmo! (EG 80)
¡No nos dejemos robar la esperanza! (EG 86)

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