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La detención de Jorge Fernández:  el ocaso de quien creyó ser omnipotente

La resonancia tuvo repercusión inusual en el mundo político no sólo de la región, sino de la Provincia

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   Los días pasan y la noticia por la detención del ex intendente kirchnerista de Lincoln, Jorge Abel Fernández, el último 25 de enero en su domicilio de las afueras de la ciudad, acusado por los presuntos delitos de asociación ilícita, malversación de fondos públicos, adulteración de documentos y uso de documentos adulterados en 39 hechos, continúa resonando en el mundo político de la provincia de Buenos Aires. Al tratarse de una ciudad tranquila del interior la noticia tomó una trascendencia muy relevante y sigue siendo tema de análisis en los medios que siguen el avance de la causa.

Es que si bien en el escenario nacional en los últimos años hemos visto desfilar por tribunales a “pesos pesados” de la política que tuvieron roles centrales en la administración kirchnerista, por estos pagos no es muy común (claro que ejemplos hay y recientes) y cada episodio queda en la memoria colectiva por un buen rato.

Esta semana, una periodista de esa ciudad relató que dura la sorpresa en las calles por la velocidad con la que la justicia actuó sobre Fernández, más teniendo en cuenta  que se trata de una denuncia por manejos “poco claros” en la administración municipal que el propio intendente actual, Salvador Serenal (UCR), se encargó de llevar adelante y de remarcar que “si se comprueban finalmente los delitos por los que está siendo investigado, queremos que devuelvan lo que se robaron”. 

En ese sentido también se expresó la diputada provincial Vanesa Zuccari, quien lamentó que la justicia haya llegado “a destiempo” para evitar la “fiesta de cuatro o cinco” y el “vaciamiento del erario público”. 

Sin embargo, a través de su abogado (Rodolfo Migliaro) el ex alcalde Jorge Fernández solicitó la excarcelación esta semana que pasó, situación que fue denegada  por la justicia, por lo que deberá continuar detenido en la localidad de General Pinto.

Si miramos hacia atrás, en pleno apogeo del FpV, con Cristina Fernández de Kirchner en el poder nacional, Daniel Scioli en la gobernación y el ex intendente como “patrón” del distrito, era impensado verlo esposado o acusado de los hechos que hoy se le imputan, a pesar que desde la oposición las quejas por procedimientos irregulares fueron constantes en sus doce años de poder.

En el plano político, Fernández sigue una línea. Es uno de los representantes de la clase política “gastada”, a la que la gente le dijo basta en 2015 y volvió a ratificar su rechazo en 2017. Gobernó su pueblo desde 2003, cuando le arrebató en ese entonces la comuna a la UCR, en pleno nacimiento del kirchnerismo, hasta 2015, en pleno ocaso del espacio, o mejor dicho con la retirada del poder de ese espacio político que supo construir el ex presidente Néstor Kirchner y el peronismo acomodaticio que supo ser duhaldista y menemista.

Hace algunos días también, el peronismo de Lincoln emitió un comunicado donde  apunta al oficialismo en manos de Cambiemos de utilizar al Poder Judicial como “ariete de castigo, con el solo objetivo de conseguir un rédito político con esta situación”, en clara alusión a Serenal y su exposición sobre el tema.

En este sentido, advirtió el PJ que un sector de la Justicia es "proclive a favorecer los intereses del partido gobernante de turno, no respetando el debido proceso y trabajando en función de deseos políticos". "Nos solidarizamos con las personas afectadas y en consecuencia con sus familiares y allegados", culmina el escrito.

Un mes atrás no eran pocos los militantes del partido del general que soñaban con un “operativo retorno” de Fernández para competir mano a mano con Serenal en 2019, porque a  pesar de todo sigue siendo la figura más convocante de la oposición y hasta ahora el único que puede plantarse al “dueño” del ejecutivo actual.

Ahora, termine como termine la causa y las responsabilidades penales por los delitos que se imputan al acusado, ese sueño parece haber quedado hecho añicos. Es que las condenas judiciales llegan en algunos casos o no, pero las sociales son más vertiginosas y en esta oportunidad el pueblo de Lincoln parece decidido a mirar hacia adelante.

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